INTELIGENCIA ESPIRITUAL
EL SENDERO DEL MAGO. LECCIONES Y AUDIOLIBRO
Veinte lecciones espirituales para crear la vida que usted desea
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ÍNDICE:
PRIMERA
PARTE:
La
entrada al mundo del mago
Por
qué necesitamos a los magos
Cómo
aprender del mago
Los
7 pasos de la alquimia
SEGUNDA
PARTE:
El
sendero del mago
Lección
1 a 20
TERCERA
PARTE:
Los
7 pasos de la alquimia
1º
Paso: La inocencia
2º
Paso: El nacimiento del ego
3º
Paso: El nacimiento del realizador
4º
Paso: El nacimiento del dador
5º
Paso: El nacimiento del buscador
6º
Paso: El nacimiento del vidente
7º
Paso: El espíritu
LECCIÓN 11
El
mago es el maestro de la alquimia. La alquimia
es
transformación.
La
búsqueda de la perfección se inicia a través
de
la alquimia.
Somos
el mundo. Cuando nos transformemos,
el
mundo en el cual vivimos también se transformará.
Las
metas de la búsqueda — heroísmo, esperanza,
gracia
y amor — son el legado de lo eterno.
Para
reclutar la ayuda del mago, debemos ser fuertes
en
la verdad, no obstinados en nuestros juicios.
LECCIÓN 12
La
sabiduría vive y, por lo tanto, siempre
es
imprevisible.
El
orden es otra cara del caos, el caos es otra cara
del
orden.
La
incertidumbre interior es la puerta hacia
la
sabiduría.
El
aventurero siempre irá acompañado
de
la inseguridad, pero aunque tropieza, nunca cae.
El
orden humano está hecho de reglas. El orden
del
mago no tiene reglas, fluye con la naturaleza
de
la vida.
LECCIÓN 13
La
realidad que experimentamos es el reflejo
de
nuestras expectativas.
Si
proyectamos las mismas imágenes todos los días,
nuestra
realidad será idéntica día tras día.
Cuando
la atención es perfecta, crea orden y claridad a
partir
del caos y la confusión.
LECCIÓN 14
Los
magos no sufren ante una perdida porque
sólo
lo irreal puede perderse.
Aun
que perdamos todo, lo real seguirá existiendo.
En
medio de los escombros de la devastación
y
el desastre, hay tesoros ocultos.
Cuando
busques entre las cenizas, mira bien.
LECCIÓN 15
En
la medida en que conocemos el amor,
nos
convertimos en amor
El
amor es más que una emoción. Es una fuerza
de
la naturaleza y, por lo tanto, debe contener
la
verdad.
Al
pronunciar la palabra “amor» quizás captamos
la
sensación, pero su esencia no se puede expresar
con
palabras.
El
amor más puro se encuentra donde menos
lo
esperamos: en el desapego.
LECCIÓN 16
Más
allá de la vigilia, el sueño y la ensoñación,
hay
un número infinito de planos de consciencia.
El
mago existe simultáneamente
en
todas las épocas.
El
mago ve versiones infinitas de cada suceso.
Las
líneas rectas del tiempo en realidad son los hilos de
una
red que se extiende hasta el infinito.
LECCIÓN 17
Quienes
buscan jamás se extravían porque el espíritu
los
llama constantemente.
Quienes
buscan reciben pistas de mundo espiritual
permanentemente.
Las personas corrientes
dan
a estas pistas el nombre de coincidencias.
Para
el mago las coincidencias no existen. Cada suceso
existe
para develar otra capa del alma.
El
espíritu desea encontrarnos. Para aceptar
su
invitación, debemos estar desprotegidas.
Al
buscar; comencemos por el corazón.
El
corazón es el hogar de la verdad.
LECCIÓN 18
Podemos
vivir la inmortalidad en medio
de
la mortalidad.
El
tiempo y la eternidad no son opuestos.
Como
la eternidad lo abarca todo, no tiene
Contrario.
A
nivel del ego, luchamos por resolver nuestros
problemas.
Para el espíritu, esa lucha
es
el problema.
El
mago es consciente de la batalla entre el ego
y
el espíritu, pero sabe que los dos son inmortales
y
no pueden morir.
Todos
los aspectos de nuestro yo son inmortales,
hasta
las partes a las cuales juzgamos más
duramente.
LECCIÓN 19
Los
magos jamás condenan el deseo. Fue siguiendo
sus
deseos como se convirtieron en magos.
Todo
deseo nace de un deseo anterior La cadena
del
deseo jamás termina. Es la vida misma.
No
consideres inútil o equivocado ninguno de tus deseos
— algún
día todos se cumplirán.
Los
deseos son semillas a la espera de la estación
propicia
para germinar De una sola semilla
de
deseo nacen bosques completos.
Aprecia
cada uno de los deseos de tu corazón,
por
trivial que parezca. Un día, esos deseos triviales
te
conducirán hasta Dios.
LECCIÓN 20
El
mayor bien que puedes hacerle al mundo es convertirte en mago.
AFINIDADES ESPIRITUALES
Franz Hartmann
AFINIDADES ESPIRITUALES
Correlation of Spiritual Forces
(1897)
ÍNDICE
¿Qué es la Fuerza?
La Ciencia Exacta
La Infinitud del Espacio y la Fuerza
El Conocimiento de la Verdad
El Poder del Conocimiento Espiritual
La Ilusión de la Personalidad
Pureza es Libertad
El Saber y la Sabiduría
Sabiduría, Belleza y Verdad
Dios es la Suprema Ley y la Única Realidad
¿QUÉ ES LA FUERZA?
Antes de procurar ocuparnos racionalmente en la indagación de los efectos recíprocos y afinidades de unas fuerzas cualesquiera, físicas, psíquicas o de otra especie, se presenta ante todo la pregunta: ¿qué es la “fuerza”?.
La observación y la experiencia, tanto externa como interna, enseñan que la “fuerza” es un atributo o función de algo que se llama “substancia” o “materia”, a saber, un movimiento que por su naturaleza, no puede ser más que la expresión de una energía, ya que la substancia inanimada no puede moverse por sí misma. A la verdad, no está demostrada la existencia de cualquiera materia, y contradice a toda filosofía sana, a menos que por “materia” entendamos la “substancia” (de sub-debajo, y sto-estar), es decir, aquel principio que es la base de toda existencia.
Este principio, sin embargo, no puede ser por sí mismo otra cosa que una energía, porque, sin causa eficiente, nada absolutamente puede existir. La “materia” no puede ser su propia causa: ha de tener una causa por la cual existe, y esta causa no podría producir nada, si no fuera una fuerza operativa.
Según este aspecto, lo que llamamos “substancia” o “materia” no ha de ser otra cosa que el fenómeno que existe producido por la acción de una energía convertida en fuerza, cuya energía ha de ser por sí misma de naturaleza substancia, porque un movimiento de nada, sin base alguna para su existencia, es quimérico inimaginable.
Esta fuerza universal que los antiguos llamaban “materia prima”, y que Schopenhauer describe como la “voluntad”, corresponde a lo que en sánscrito se llama “Akâsa”, y que quizá se designará mejor como el “espacio” o “fuerza universal”, por lo cual, sin embargo, no hemos de representarnos al espacio como una “nada vacía” o como una vejiga llena de éter universal, sino como la extensión de la fuerza universal infinita de que se trata, y cuya causa está en ella misma como algo que nos es desconocido, lo cual no podemos abarcar precisamente porque es infinitamente más grande que nosotros mismos, y que designamos como “Dios” o “Voluntad de Dios”, sin aproximarnos por ello a la comprensión intelectual.
Considerado desde el punto de vista espiritual, nos parece el universo como una manifestación del poder y de la gloria del Uno eterno e innominado; “la materia” como energía acumulada y convertida en fenómeno; la “fuerza”, en cualquiera forma que aparezca, como una expresión de esta energía que se puede designar como la voluntad cósmica regida por una ley natural, cuya voluntad en su propia “substancia” o esencia, por sí misma, en todos los planos de existencia, en los planos físico, psíquico y espiritual, puede producir formas corpóreas, ya visibles, ya invisibles para nosotros. Esto concuerda también con las doctrinas religiosas de varios pueblos; pues, por ejemplo, la Biblia enseña que todo se hace por el Verbo (Logos).
El “Verbo” significa la vida que obra de dentro afuera, y la doctrina de los indos concuerda, por tanto, con la de los cristianos, afirmando que todo lo que existe no es otra cosa que una manifestación de la actividad de un principio vital en el universo, cuya fuente es Atma, el Espíritu, es decir, la “Conciencia”. La “materia” es un fenómeno, y como tal, un atributo de este principio universal. Lo que llamamos “forma” no tiene en sí misma ninguna existencia absoluta, sino que es una suma de cualidades; pero el poder trascendente que produce estas formas, es eterno e inmutable, por más que se manifieste en formas y fenómenos innumerables y diversos.
LA CIENCIA EXACTA
¿Es esto “ciencia exacta”?. Depende de que se entienda por esta expresión. Por “ciencia exacta” muchos entienden aquel saber aparente que se obtiene acallando toda emoción y aprehensión superior, rechazando toda percepción espiritual como fantasía, no queriendo saber nada de cosa alguna que no se puede tocar con las manos y percibir con los sentidos corpóreos; aquel pretendido saber que resulta del tener el fenómeno como una cosa esencial, y la esencia misma conceptuarla una casualidad.
Parece que ha pasado el tiempo de esta “ciencia exacta” que se llama ciego materialismo, y no vale la pena hablar más de ella. Por todas partes la necedad es un obstáculo para sí misma; no puede, por tanto, ver nada, y no se le puede probar nada, porque no puede comprender la prueba.
Hay, por el contrario, otra ciencia verdaderamente exacta, la cual consiste en conocer no sólo la apariencia, sino también la verdad, y por cierto, este conocimiento no procede sólo de las impresiones percibidas por medio de los sentidos corpóreos, sino de la capacidad para percibir lo más elevado y lo más noble en la naturaleza, de la posesión de una mirada espiritual libre y de la facultad de juzgar claramente pero especialmente de la observación de las fuerzas que dominan en el alma propia, después de que éstas se han despertado a la vida y han llegado a la conciencia en nosotros. Las observaciones exteriores y superficiales explican tan sólo las cosas externas. El que quiere hallar la perla oculta en el lecho del mar, tiene que sumergirse en la mayor profundidad del agua. Le es preciso obtener su saber de la fuente de la Verdad, y no de las fantasías y teorías humanas.
LA INFINITUD DEL ESPACIO Y DE LA FUERZA
Uno de los astrónomos más famosos de nuestra época, Camilo Flammarión, dice: “¡Infinidad! ¡Eternidad!”.
El estudio de la astronomía nos sumerge en ella. ¿Con qué vara hemos de medirla?”- Si pudiéramos andar con la velocidad del rayo, necesitaríamos millones de años para alcanzar las regiones donde se vislumbran los mundos más lejanos; pero, llegados allí, encontraríamos que no habíamos dado un solo paso hacia el límite del espacio; pues el espacio es ilimitado, lo infinito sin límites, y por todas partes y en todas direcciones hay tantos mundos, tantos soles que se siguen unos a otros, que, si se expusiera bastante tiempo una placa fotográfica, se encontraría finalmente cubierta de tantos puntos brillantes que el todo no presentaría ya sino un solo cielo radiante, porque por todas partes, doquiera miramos, hay innumerables soles los unos tras los otros en interminable serie.
“Y vivimos en uno de estos mundos; y, a la verdad, en uno de los más insignificantes, en algún punto de la infinidad sin límites, el cual es alumbrado por uno de esos innumerables soles, dentro de un horizonte limitado, como orugas en sus capullos. Nada sabemos de todas las causas de estos fenómenos; somos criaturas del momento, que volvemos a desaparecer, cuyo saber no va más allá de la mera apariencia y cuyo horizonte es proporcionalmente lo mismo que nada, pero a pesar de eso, bastante grande para poder imaginarnos que sabemos algo; y aún nos lisonjeamos y nos llenamos de un sentimiento de arrogancia, creyendo que gobernamos la naturaleza; no somos poco presumidos acerca de lo que tenemos por realidad, y que, sin embargo, no es nada sino una apariencia vacía”.
Pero, así como es en lo exterior, así es también en lo interior. Allí también se halla la apariencia en la superficie, y la realidad en lo profundo.
Ningún hombre todavía ha sondeado con su inteligencia terrestre su propia naturaleza. Allí también halla la infinidad, si penetra bastante dentro de sí mismo; allí también hay innumerables mundos en el espacio infinito. Tampoco hay allí fin alguno ¡ningún fin!. En el mundo pequeño que llamamos nuestro, lo mismo que en el mundo grande que nos rodea, hallamos las mismas fuerzas y las mismas cualidades, estados conscientes e inconscientes de nuestro propio yo, y llegamos finalmente a aquella profundidad donde cesa todo concepto de la personalidad y comienza la Omniconciencia de Dios.
Espacio, fuerza, materia, energía y cualidad son palabras que después de todo significan lo mismo, por más que se refieran a diversos aspectos o conceptos que nos formamos de esta Unidad. El “espacio” es la extensión de la energía universal; la “fuerza”, su expresión; la “materia”, su fenómeno; las cualidades son las manifestaciones de fuerzas, energías encadenadas que se convierten en fuerza cuando entran en actividad. Así, por ejemplo, la conciencia es un estado, una cualidad, pero también, una fuerza y un espacio. Puede limitarse en un solo punto, o extenderse en la infinidad.
La pureza del corazón es una cualidad, pero al mismo tiempo, un estado que da al alma la fuerza de tener alejado todo lo que es impuro y contrario a la naturaleza. El saber es una fuerza que da al hombre la capacidad de hacer obras que son tanto más grandes cuanto más grande es este saber. La necedad es una fuerza que domina al mundo y cierra la entrada al conocimiento; la presunción es una fuerza que impide al hombre ver la Verdad; el egoísmo, la superstición, la falsa devoción, la malevolencia, la envidia, la cólera, etc., son cualidades, pero también fuerzas, porque dan al hombre el poder de hacer daño a los demás y a sí mismo. El calor, la luz, son cualidades, pero son también fuerzas, pues el calor calienta los cuerpos y la luz les hace lucir; y si los cuerpos no poseyeran estas fuerzas, no existirían en ellos estas cualidades.
Cuanto más se manifiesta en un cuerpo la cualidad de un principio general, tanto más alcanza este cuerpo al poder de practicar esta cualidad, consciente o inconscientemente. Todas las fuerzas no son finalmente otra cosa que formas de la actividad del Espíritu universal en la Naturaleza, el cual se manifiesta bajo diversas condiciones y da a la individualidad sus cualidades y, por lo tanto, sus fuerzas individuales también. En una bellota se manifiesta la fuerza, por la cual puede crecer un roble, sin que lo sepa la bellota; pero el hombre que se ha despertado a la conciencia de sí, puede emplear de un modo inteligente las fuerzas que la naturaleza le ha prestado, para reponer las condiciones bajo las cuales, fuerzas espirituales, siempre más elevadas, pueden manifestarse en él, y así prestarle cualidades superiores y más nobles.
EL CONOCIMIENTO DE LA VERDAD
La más grande de todas las fuerzas espirituales que eleva al hombre muy por encima de su propia naturaleza animal y de toda ilusión, es el conocimiento de la Verdad. Esto no quiere decir la comprensión de alguna teoría, sino la realización de la Verdad en el hombre mismo, sin ninguna referencia a sus opiniones, teorías, su fantasía y su presunción. Lo que somos nosotros mismos, lo sabemos luego que lo reconocemos realmente, y no necesitamos para ello ninguna “explicación”.
Todas las explicaciones y teorías sirven tan sólo para librarnos de los errores que nos impiden conocer la Verdad; el conocimiento verdadero no puede obtenerse por el mero saber, sino por el llegar a ser.
Nadie puede revelar la verdad a otro hombre; sólo la Verdad misma se revela. Así como en el reino zoológico un animal se alimenta con otro, así también en el plano intelectual se alimenta el hombre de los frutos que otro ha producido en el jardín de sus pensamientos. El Espíritu de Dios es libre, y el hombre en quien ha llegado a la conciencia de la Sabiduría, vive en el Conocimiento de la Verdad, superior a todas las opiniones y teorías transitorias, en su Yo propio infinito e inmortal.
A semejante estado no puede uno llegar por medio de la fantasía, sino que se puede alcanzar tan sólo por la manifestación de esta fuerza espiritual interna. La obscuridad no puede por sí misma producir luz alguna. Si se manifiesta la luz, desaparece la obscuridad. Del mismo modo no puede proceder de la presunción del hombre ninguna sabiduría; si la Sabiduría se manifiesta, desaparecen la presunción y las opiniones necias. Por tanto, la Sabiduría es una fuerza que vence a la necedad.
Una seguridad presuntuosa de que sea verdadera tal o cual cosa, aunque descanse en las mejores bases, no es de ningún modo el conocimiento propio de la Verdad. La Verdad no es conocida del hombre, sino cuando se realiza en él mismo, es decir, cuando se revela en su autoconciencia como fuerza viva, y se ha armonizado con Ella, de modo que puede decir en verdad, no sólo “Yo reconozco lo que es verdadero”, sino también “Yo soy la Verdad misma”.
Esto no quiere decir que no se deba escuchar ninguna teoría ni que sea preciso rechazar ciegamente la opinión de otro. La teoría verdadera es el medio para la práctica acertada, mas no es el Conocimiento mismo.
La primera condición para el conocimiento de la esencia de cualquiera fuerza o calidad, es la posesión de la misma. Reconocemos los efectos de las fuerzas exteriores que nosotros mismos no poseemos, más no su esencia. Para conocer la esencia de una cosa, es preciso que sea una parte de nuestra propia esencia que percibimos; pues una cosa puede reconocer tan sólo aquello que le es semejante; nadie puede tener conciencia propia de cosa alguna sino de sí mismo y de lo que incluye en sí misma. Nadie puede saber qué es el hambre, si no la ha sentido nunca; nadie conoce el amor sino aquel que lo posee; lo inconsciente no comprende a la conciencia, ni la muerte a la vida. Es inútil argüir acerca de la posibilidad de que existe una forma de conciencia superior a la ordinaria, con aquellos que no la conocen, porque no existe para ellos en tanto que no poseen ni perciben cosa alguna superior.
EL PODER DEL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL
Todo lo que hay más allá de nuestra experiencia, es para nosotros misterioso y “oculto”. Considerado como animal intelectual, el hombre no sabe nada de las fuerzas espirituales. Empero, cuando en la conciencia del hombre nace una fuerza espiritual, que le influye poderosamente sin que sea ya una cosa desconocida; no necesita, pues, ninguna otra prueba científica de su existencia, por tratarse de un elemento de su propio ser y es reconocida como tal.
No existe para nosotros ningún dios personal mientras no lo percibimos; más si penetra en nosotros la percepción de la Divinidad en la conciencia, nada nos impide reconocer la revelación de esta fuerza espiritual como una parte de nuestra propia naturaleza. Si, por el contrario, negamos la posibilidad de que se realice el ideal divino en el hombre personal nos impedimos a nosotros mismos llegar a un estado divino. Los ignorantes piden a gritos pruebas de la existencia de Dios; pero no necesita prueba alguna el sabio en quien el fuego del Amor divino reduce a cenizas la ilusión del yo, y en quien se ha revelado la Luz de la Sabiduría que viene de arriba. El mismo es un dios luego que Dios ha dominado y aniquilado a lo animal en él.
El primer paso para alcanzar este fin consiste en obtener la Pureza. El espíritu del hombre reúne y combina ideas y con ellas levanta un edificio artificial de ciencia aparente, “edificado en la arena”, una obra imperfecta compuesta de muchos fragmentos, entre los cuales quizás se encuentre esparcido un vislumbre de verdad; pero el verdadero conocimiento se efectúa, cuando la Luz de la Verdad eterna se refleja en el alma del hombre y la llena completamente, del mismo modo que lo hace el sol en un cristal perfecto. Este conocimiento no es como el saber externo de lo aparente, como producto de la ideación propia; no pertenece de ningún modo al hombre externo, sino al Hombre divino renacido en él, cuya luz puede reflejarse en la conciencia del hombre personal.
El mero “presentimiento” en sí mismo de lo divino es ya poseer la semilla de ello, porque sólo la sensación divina en el hombre puede percibir la presencia de Dios en el universo; mientras que, por otra parte, el poseer las más elevadas capacidades espirituales no nos sirve de nada en tanto que no las conocemos, y no las conocemos mientras no han desarrollado sus fuerzas, ni llegado a nuestra conciencia. Pero si estas cualidades se han convertido en nosotros en fuerzas vivas, podemos observar su naturaleza y su acción tan bien, y aún mejor de lo que sucede con los fenómenos exteriores del calor y de la electricidad. Quizá comprendemos entonces que las fuerzas espirituales no son otra cosa que modificaciones de una Fuerza espiritual única, y que siendo afines entre sí, reaccionan las unas sobre las otras limitándose mutuamente.
La pureza es la libertad. Si estuviéramos puros de toda personalidad y presunción, seríamos libres y reconoceríamos que no somos criaturas limitadas, sino omnipresentes, omnipenetrantes y omniscientes en nuestra naturaleza verdadera. Atma es uno e invisible; está en todas partes. Yo soy Atma, pero no estoy en condición de reconocerlo, debido a estar ligado al “yo” y a lo “material”. Una vez reconozca a Atma, Espíritu, me reconoceré en mi Yo verdadero. Nada impide este conocimiento espiritual sino aquello que no pertenece al Espíritu. En el stratum superficial del espejo del alma se reflejan los fenómenos del mundo de los sentidos y evocan imágenes, del mismo modo que los árboles en la orilla de un lago; pero en la parte más profunda descansa la chispa del Conocimiento de la Verdad, cuya chispa, cuando se convierte en llama, ilumina todo el reino del pensamiento. Cuanto más la mente se llena de conceptos sensuales, cuanto más penetra en su interior las percepciones materiales, tanto menos se revela la Verdad.
Dice el Bhagavad Gitâ: “Cuando se abre el ojo exterior del alma, se cierra el interior”. Pero si el alma se aparta del dominio de la ilusión y, por el vuelo de la voluntad, es llevada hacia la esencia de las cosas, se le abre la puerta del santuario en el cual se revela la Verdad. El cielo, por su naturaleza, es puro; sólo las nubes nos ocultan el sol; el alma, en su propia naturaleza, es pura y libre como el espacio; sólo los errores, “las hermanas malvadas”, tienen presa a la “princesa encantada” de la leyenda; la Voluntad iluminada por la luz de la razón, es el “hijo del rey” que la liberta.
La pureza mora en el amor a la Verdad y no en la atracción del “yo” propio. Pero el amor a la Verdad, es el amor a aquella Fuerza que mora en todas las cosas, y mantiene juntos y agita a todos los mundos, y esta fuerza es el Amor divino mismo. El que ama a la Verdad, no ama en realidad sino a su Yo divino, el cual es el Yo del universo. El amor verdadero es el presentimiento del Conocimiento de sí mismo. El que se sacrifica a este amor, no sacrifica nada, sino que gana todo; él abandona su cautiverio y por este “sacrificio” que no le cuesta nada de verdadero valor, entra en la Pureza y la Libertad.
LA ILUSIÓN DE LA PERSONALIDAD
Por su naturaleza verdadera, el hombre es un espíritu, un habitante del cielo; su forma material limitada es el resultado de sus deseos materiales; él sueña en una existencia material, que toma por realidad hasta que vuelve a despertarse a la conciencia propia de su naturaleza verdadera. Cuando se despierta, está libre su voluntad, pero en el sueño de este mundo está encadenada. La voluntad del hombre que se ha despertado a la verdadera autoconciencia, es la Voluntad de Dios; cuando el hombre se reconoce a sí mismo en la Verdad sabe lo que es la Voluntad del Altísimo. El hombre, como ser espiritual, etéreo, lleva una envoltura material y animal, la cual toma por su “yo”; cuando alcanza el conocimiento de su constitución verdadera, queda libre de esta envoltura su “personalidad” (persona-máscara). Este libramiento de la ilusión del “yo” es el sacrificio que no es tal “sacrificio”, sino una liberación que no puede efectuarse por amor al “yo”, porque no puede dominar el yo al yo, la ilusión a la ilusión.
Esa liberación se efectúa por la fuerza del conocimiento del Yo divino en nosotros, el cual, desde el punto de vista material es nuestro No-Yo, pero, desde el punto de vista espiritual, es el Yo único verdadero de la humanidad entera. Aquí no se trata de ninguna “absorción en la nada”, sino de una elevación en la Divinidad. Un lurte se forma en el Océano; es diferente del agua tan sólo por la forma, pero no en su naturaleza; se derrite y entones es lo que era antes. En la conciencia universal se forma la ilusión de la personal a consecuencia del deseo de existir personalmente. Nada se gana con la desaparición de la forma, porque existe todavía la personalidad con sus consecuencias.
PUREZA ES LIBERTAD
Si se llega a dominarla entonces el hombre vuelve a ser uno con el Hombre divino, así cuando la chispa se convierte en llama, viene a ser una con la luz. La clave del gran misterio es la distinción entre lo eterno y lo transitorio. ¡Procura apoderarte de ella y abre la puerta de la inmortalidad! Puro es lo verdadero, libre de todo error; puro es lo real, libre de lo falso; puro es lo inocente, libre de pecado; puro es el amor, limpio de egoísmo; pura la renuncia, si no la acompaña la esperanza de recompensa. El conocimiento es puro cuando está libre de error; de él procede la Paz, y en la Paz está la satisfacción y la felicidad, pues la felicidad consiste en la ausencia de todos los deseos y esperanzas no cumplidos. La paz es la condición para la manifestación de la Sabiduría, porque sólo en la mente que ninguna pasión perturba, puede la Verdad reflejarse con claridad para que la imagen de Dios tome forma en el hombre.
La pureza es la libertad, porque aquél que es puro de todo deseo, está libre de la ilusión de la personalidad, y así viene a ser señor del yo propio. Donde cesa la personalidad, no hay ya nada que subordinar, nada que gobernar. El que está libre del yo, es uno con la Ley, la cual es superior a todo.
La libertad es la ley hacia la cual la humanidad entera, y la naturaleza por medio de la humanidad, dirige todos sus esfuerzos. La libertad es la vida verdadera, más allá de aquel estado superior en el cual no hay muerte, la cual es sólo patrimonio de la forma cuando cesa la actividad de la vida; mas la vida misma no muere. La libertad verdadera consiste en la obediencia a la Ley de Dios, cuya Ley es Su Voluntad; la Voluntad de Dios es el Amor con la fuerza del Conocimiento.
Dios no quiere otra cosa que manifestarse en sí mismo, y sólo aquel que se esfuerza en obedecer a la Ley, hace posible la manifestación de Dios en su propia persona, pero esto lo puede hacer sólo aquel que ama a Dios y no aquel que le expone sus deseos personales con lamentos o gritos o procura moverle con tambores y pífanos a que le haga su voluntad. La voluntad se vuelve libre por el Conocimiento de la Verdad; la libertad de la voluntad tiene la misma extensión que la del Conocimiento. La Voluntad de Dios es libre. Cuando la voluntad del hombre ha llegado a la verdadera libertad, entonces es una con la Voluntad de Dios y la Voluntad divina misma. No hay diferencia entre dos fuerzas que son idénticas entre sí. La libertad es la consunción del amor, la unión del amor del hombre con su verdadero Yo divino por el Amor de Dios con su manifestación en el hombre. Este Amor es el Conocimiento mismo. El que crece en el poder del conocimiento espiritual, crece en el amor. El conocimiento meramente intelectual no produce ningún amor verdadero, ni la inclinación de los sentidos conocimiento verdadero alguno; pero el amor verdadero procede del conocimiento de la Unidad del Todo, y por medio de este amor se conoce la esencia divina en todas las cosas.
Con las fuerzas espirituales sucede lo que con el pollo y el huevo. Si no existiera la gallina no habría huevo, y sin el huevo no habría pollo. Así como el uno depende del otro, del mismo modo en la eternidad no hay “primero” ni “último”. Si reconozco a mi propio Yo verdadero como Dios, solo sacrifico a mí mismo sacrificado. Trascendiendo las apariencias llego al conocimiento del verdadero Ser; pero para que yo pueda renunciar a ellas, es preciso que exista ya en mí cierto grado de conocimiento.
El que da todo está libre y no está ya ligado a cosa alguna; mas el que lo da a fin de alcanzar la Libertad, no gana nada, porque se halla todavía impulsado por el deseo de obtener algo para sí mismo; solo la percepción de la santidad de la Libertad da al hombre el poder de renuncia y entonces esa libertad se convierte en una fuerza que de otro modo no se podría percibir. El atributo se convierte en fuerza, la cual puede percibirse llegando a la conciencia en nosotros. Un rey que no percibe nada de su reino, no es capaz de gobernar; el hombre que no conoce su dignidad está bestializado. La conciencia del estado en el cual se encuentra uno, da la fuerza para el desarrollo del atributo.
La libertad no está limitada a lugar alguno; el Espíritu libre está en todas partes y puede actuar en cualquier lugar en que transponga su conciencia. El cuerpo no puede participar esta libertad; está ligado a un lugar y a un tiempo; el Espíritu que ha obtenido la libertad, está libre. Por la conciencia de la Libertad se manifiesta la justicia. Mientras el alma es presa de afecciones personales no puede comprender la justicia que reconoce el derecho de todas las criaturas; mas el que es superior a todo, no está ligado a nada individual; reconoce la Realidad en una mosca lo mismo que en un elefante. El alimento de la Libertad es el amor porque éste fortalece al conocimiento.
El símbolo de la libertad se representa con la cruz, la cual significa el sacrificio de sí mismo, la muerte de lo material y el libramiento del espíritu por medio de la unión con la Divinidad.
Encadenada por medio de los sentidos, presa de la ilusión del yo, duerme y sueña el alma que ha olvidado su origen divino, su patria celestial; está sujeta a un cambio constante de vida y de muerte, hasta que, por el dominio de la ilusión, vuelve a despertarse a la conciencia de la Realidad, y deshecha la envoltura que le impedía la liberación.
El presentimiento de esta libertad, aparece cuando empieza a moverse la fuerza del conocimiento, de la cual dimana la Fe, que es como la percepción fija de un rayo de luz que penetra a través de la niebla, y cuyo manantial es el Sol central del universo. No es todavía el Conocimiento perfecto, sino el principio del mismo. Si el alma se eleva en el poder de esta fe, la niebla se desvanece y el sol surge con toda su gloria. La fantasía no tiene nada que ver con la fe; es impotencia y no es fe, aún cuando por ella se deriven las opiniones aceptadas de las autoridades fidedignas. Ningún hombre ha alcanzado jamás al verdadero Conocimiento con poner su “fe” en la respetabilidad y criterio de alguna persona. En semejante base descansa la “Teosofistería”, mas no el Conocimiento divino (Teosofía).
En la aceptación de teorías, sean verdaderas o falsas, no hay ningún conocimiento. La verdadera Fe no se basa en dogmas y opiniones, sino que es el Sendero de la Luz que conduce al Conocimiento, y se puede poseer la verdadera Fe aún sin haber sido educado científicamente y sin estar versado en teología. El principio de este camino es a luz; el medio el verbo, el cual procede de la percepción en el corazón del hombre; su fin es la manifestación perfecta de la existencia divina -no de la existencia de otro, sino de la existencia de Aquél que es la esencia de todas las cosas, y por tanto nuestra esencia propia también. Por la Verdad se alcanza la certeza, y por la certeza la Verdad. Por la obscuridad se alcanza la Luz, y la Luz necesita de la obscuridad para manifestarse.
La Pureza es el camino de la Libertad y la aurora del día de la Libertad es el momento en que el hombre aprende a creer, es decir, a distinguir entre lo eterno y lo transitorio. Quien ha aprendido a conocer lo eterno, posee ya la inmortalidad, porque sólo lo inmortal en el hombre la puede conocer.
La morada de la Libertad está en la Omnipotencia de la Ley, pues la Voluntad libre misma es la Ley, y la naturaleza entera le obedece.
Libertad significa Redención. La libertad del hombre no consiste en dejar a sus elementos animales dueños de sí mismos, sino en dominarlos y obligarlos a obedecerle. La Redención del hombre no se efectúa por medio extraño alguno, sino tan sólo alcanzando el Conocimiento.
El yo material personal no se salva, pero su dios se salva de él por medio de la muerte, y así salva también de su persona todo lo que de ella ha entrado en su naturaleza divina. Por tanto, la Sabiduría es la puerta de la Libertad, y el conocimiento de Sí su trono.
EL SABER Y LA SABIDURÍA
La Luz de la Verdad lanza sus rayos sobre el sendero de la vida; pero la Sabiduría nace en el interior del hombre cuando él reconoce la Luz de la Verdad. El Amor es el asiento de la Fe, y el asiento de la Sabiduría es el Verbo interior que habla la verdad en el corazón. La experiencia es la madre del saber; todo saber que no descansa en la experiencia es sólo aparente. La piedra de toque de la Sabiduría es la justicia, y la vara con la cual se mide la justicia es su acción. La Sabiduría no es un producto de la naturaleza, pero la Sabiduría domina a la naturaleza dondequiera que sea y la sujeta a la obediencia. Por tanto, la Sabiduría es algo sobrenatural; pero su realización se efectúa dentro de la naturaleza y no fuera.
El Conocimiento divino es una fuerza que es superior a todas las fuerzas mecánicas, superior a todos los instintos animales, superior a todas las actividades intelectuales. Lo que nos enseñaron los antiguos sabios indos, y lo que repiten nuestros filósofos modernos, no ha procedido de la sutileza e ingeniosidad de las ideas de los sabios, sino más bien de su Conocimiento divino. La Sabiduría no consiste en la especulación o la lógica, ni se obtiene por medio de éstas; es el conocimiento de Sí, que no descansa en nada sino en sí mismo. La naturaleza es una manifestación de la Verdad, cuya madre es la Sabiduría. Aún cuando se aniquilara la naturaleza entera, y el cielo y la tierra desaparecieran, la Sabiduría de Dios subsistiría, aunque en lo inmanifestado, y su Voluntad y su dirección traería a la existencia un nuevo universo.
Sin embargo, por hábil y erudito que sea un hombre no posee sabiduría mientras no llega a manifestarse en él el verdadero Conocimiento de Sí. La posesión de este Conocimiento de Sí distingue al verdadero sabio del erudito. La verdadera Sabiduría no puede aprenderse en los libros, los cuales sólo pueden enseñar dónde encontrarla, pues no se transfiere por medio de alguna persona, sino por sí misma. Todas las cosas que vemos, son símbolos y representaciones de la realidad, más no la realidad misma. Si interpretamos erróneamente estos símbolos, no es por culpa de la Verdad ni de los símbolos, sino de nuestra propia ofuscación. La verdad es siempre comprensible de sí misma, y no necesita prueba alguna. Ella es una luz, y la percibe aquél a quien ella alumbra; mas aquél quien está ofuscado, no la conocerá jamás a pesar de todas las “pruebas”.
El objeto de la Sabiduría es manifestarse, enseñar, educar y elevar al hombre y ayudarle a alcanzar la conciencia de la Inmortalidad, librándole del error y de la ignorancia, porque le enseña a conocer su propia naturaleza superior como una fuerza inteligente en el universo. La Sabiduría es la Voluntad divina, cuya realización consiste en el llegar a ser. “Hágase tu voluntad”, significa en otros términos, “Déjanos llegar al Conocimiento”; y esto, nadie nos lo impide, sino nosotros mismos. Conocer exactamente las relaciones de las cosas en el mundo externo, es ciencia; pero no es sabiduría. La ciencia o el saber consiste en las apariencias transitorias; la Sabiduría es el conocimiento de la Verdad eterna e inmutable. Sin este conocimiento, la ciencia es un fragmento; no es verdadera sino cuando la base de su saber es el conocimiento de la Realidad una y eterna.
Por la revelación de la Verdad en nosotros, nace la Sabiduría que es la fuerza por la cual el universo es lo que se manifiesta, porque si éste no tuviera un fundamento real, no existiría de ningún modo.
Muchos filósofos afirman que el universo existe tan sólo en su concepción; pero mi concepción no cambia en nada la existencia del universo del cual, no conozco nada, sino lo que entra en mi concepción, aunque la Realidad está allí, sea que yo me forme un concepto de Ella o no.
Lo que percibimos corporalmente, no es por supuesto más que una apariencia; pero detrás de ella está la realidad, de otro modo no existiría. La Verdad es la Luz, y las formas las sombras. La Verdad es la Vida, y las formas un medio de manifestación. Por el conocimiento de la Verdad, el cual es la Sabiduría, nace del hombre animal perecedero un Hombre divino, inmortal. Pero esto no se efectúa por la teoría, sino con el manifestarse en nosotros la Luz del Conocimiento por la acción. El universo es la “concepción” del Espíritu divino, y este Espíritu soy yo. Pero mientras no me lo reconozca en mí y tan sólo me imagino serlo entonces no es mi propio ser, mi “yo” nada, sino una ilusión pasajera.
SABIDURÍA, BELLEZA Y VERDAD
De la Sabiduría procede la Belleza, pues lo que es sabio es bueno, y lo que es bueno es bello. La posesión de la Sabiduría transfigura al alma y por medio del alma embellece al cuerpo, porque éste es la expresión exterior del alma. El amor a la Sabiduría se realiza por medio de la obediencia a lo que manda la Sabiduría. Esta obediencia descansa en la fe en el poder de la Sabiduría, y la fe depende del amor, pues una “fe” sin amor es como un árbol muerto, el cual no produce fruto. La más elevada sagacidad humana no puede producir sabiduría alguna, así como un pedazo de hierro no puede, por sí solo, volverse candente; pero así como el hierro se vuelve candente por medio del calor, así también un entendimiento claro puede iluminarse por medio de la Luz de la Verdad, y llegar al conocimiento cuando el alma se enciende en el fuego del amor divino.
Las teorías varían, pero la Sabiduría es eterna. La Verdad es invariable, si bien sus manifestaciones son diversas según las proporciones bajo las cuales se manifiesta, del mismo modo que la luz del sol está siempre en el espacio y el que sea de día o de noche entre nosotros, depende que nos encontremos en la luz o en la sombra. La Sabiduría es única, pero puede manifestarse en un grado más o menos elevado, así como la luz del sol es tan sólo una, pero brilla con una intensidad que varía según las diferentes circunstancias y densidades dónde se refleja.
Ningún hombre se procura sus fuerzas por sí mismo. Nadie es sabio, bueno, bello, etc., de otra manera que por la manifestación en él de la Sabiduría, la Bondad, la Belleza, etc. El principio es la esencia, la forma es tan sólo el fenómeno. Toda sabiduría, moral, pureza, virtud, etc., que uno se haya hecho por sí mismo, es tan sólo ilusión y engaño. Donde hay presunción no puede crecer nada bueno. El yo personal es una ilusión y no puede producir nada sino ilusiones. El que cree ser mejor que otro se reirá de sí mismo cuando alcance el Conocimiento, porque verá entonces que él no es nada, sino que Dios es todo, y que sólo trascendiendo su propia personalidad, o más bien, comprendiéndola, puede la Divinidad manifestar en él sus atributos divinos. El sabio no procura obtener fuerzas espirituales para su utilidad o provecho personal, sino que se esfuerza en ser un instrumento para la manifestación de dichas fuerzas, porque, así como el martillo no sirve de nada sin el herrero, del mismo modo no sirve de nada el hombre, en sentido espiritual, si sus acciones proceden sólo de su propia volición, y no del espíritu del Conocimiento de la verdad. Para el verdadero teósofo, es decir, para aquel hombre que ha alcanzado el verdadero Conocimiento de Sí, no hay ningún “yo” ni “tú”, ningún “mío” ni “tuyo”, sino tan sólo Lo Unico Eterno con la multiplicidad de sus fenómenos. Empero, esta doctrina no será comprensible para aquellos que se aman a sí mismos por sobre todas las cosas, porque sólo la verdad en el hombre puede reconocer a la Verdad.
Verdad quiere decir Realidad. Sólo aquello que es verdadero existe en realidad; todo lo demás es tan sólo una apariencia. Lo verdadero nos parece insubstancial mientras no lo reconocemos y confundimos la apariencia por realidad. La Verdad es eterna, y para Ella es indiferente el que los hombres la reconozcan o no; pero la existencia autoconsciente real del hombre depende de su conocimiento de la Verdad. Sin este conocimiento, él mismo no es otra cosa que un sueño.
Los necios que no aman la Verdad, cierran los ojos ante ella pidiendo pruebas de su existencia; el poseedor de Sabiduría la ve y no necesita ninguna prueba. El ciego procura alcanzar el Conocimiento de la Verdad por medio de argumentos e inferencias; el sabio abandona el error y se compenetra con lo inmanente. La vida de la Verdad es la muerte del error, y por lo tanto, no quieren saber nada de la Verdad los que se aman a sí mismos y a sus errores. Suelen pedirla a gritos, para rechazarla cuando se aproxima. La manifestación de la Verdad es la aniquilación del yo, que al principio aparece como un horrible fantasma, pero al fin se manifiesta como un ángel resplandeciente, porque cuando la ilusión de la personalidad queda dominada, vemos que aquello que ha sido aniquilado no era nada sino una sombra del reino de la Luz.
El manantial de la Sabiduría es inagotable, alimenta al alma y ésta crece en él, no por la creencia en autoridades, sino que a la Luz de la Sabiduría, se desarrolla el Loto de la verdadera Conciencia como se abre en el sol el cáliz de la rosa. Son los frutos del Conocimiento de uno mismo si maduran a la luz de la Verdad, sin que disminuya por ello. El universo entero es un espejo de la Verdad; vemos en él las imágenes que la luz produce, pero no puede percibirse la Verdad sino con la luz de la misma, que está en nuestro interior. Esta percepción fortalece a la fe, cuya alma es la esperanza, y a la cual el amor penetra.
La esperanza, en el sentido espiritual, no es la expectativa de algún provecho personal, sino que así como la alondra saluda gozosa al sol naciente sin pensar en sí misma, de la misma manera se alegra el alma ante la confianza de que saldrá el Sol de la Sabiduría cuando despunte la aurora espiritual.
La vida de la Fe es la Voluntad que es la base de toda existencia; la voluntad de todas las criaturas para la existencia, ya consciente, ya inconsciente, es la causa de que haya criaturas. De nada sirve cualquiera “negación” científica. Mientras la voluntad del hombre es más fuerte que su conocimiento, no se eleva por encima del círculo de la vida. Una voluntad a la cual la fantasía mueve, es una voluntad quimérica; hasta que el hombre encauza su voluntad por el poder del Conocimiento, es esclavo de los poderes naturales ciegos en él, cuando se imagina ser dueño de su volición y de su acción. La voluntad no es un producto del hombre, sino que el hombre es un producto de su voluntad. El hombre es el resultado de sus acciones en formas de existencia anteriores, y estas acciones son determinadas por su volición más o menos consciente.
La volición del hombre ligado a la tierra, es una ilusión, una nada. Su cuerpo sigue las leyes de la naturaleza material, y sus acciones son determinadas por sus deseos. La volición del hombre no viene a ser suya sino cuando ha venido a ser uno con la ley por el poder del conocimiento. Entonces domina en él la voluntad de la Ley, y esta Ley no es otra que él mismo.
El Espíritu (la conciencia) es el generador, la Voluntad es la productora, la “substancia”. La Voluntad es el terreno en el cual yacen las semillas de las sensaciones y de los deseos; por medio de la influencia del Espíritu se desarrollan en ideas; de éstas procede el pensamiento y del pensamiento la acción. Por tanto, la voluntad del hombre ligado a la tierra, no es nada, porque el hombre sin conocimiento no es nada por sí mismo; él se imagina pensar, querer y obrar, y con todo, es tan sólo la naturaleza la que en él percibe, quiere, obra y piensa. “El se imagina impulsar y es impulsado”. Así como el viento arrastra a las hojas secas y las lleva al azar, del mismo modo el querer y el pensar del hombre que no posee verdadero conocimiento, son movidos por influencias que él no conoce ni puede dominar. Pero el iluminado por la Sabiduría tiene su voluntad libre en su propio poder, y el espíritu que penetra a su libre voluntad, es la Fe que puede “mover las montañas”.
Mientras que el hombre está ligado a una naturaleza sensual y no conoce su propia esencia verdadera, se halla pervertida la voluntad que en él actúa; mas si él se despierta a su verdadera autoconsciencia y se pone en armonía con la Voluntad divina, entonces su voluntad es la Voluntad de Dios y queda libre. La razón por la cual no se efectúa esto, es la ignorancia de lo material en lo cual se halla preso el hombre.
Empero la ignorancia no tiene base alguna, como Sankaracharya lo demostró muchos siglos antes que Kant, lo cual, además, es evidente, porque la ignorancia es la ausencia del saber, y algo que no existe no tiene tampoco razón alguna para existir.
DIOS ES LA SUPREMA LEY Y LA ÚNICA REALIDAD
Ya que la existencia por sí misma es única, no puede haber sino una base única para toda existencia; pero las formas de existencia son innumerables y, por tanto, tiene innumerables causas, todas las cuales, sin embargo, pueden reducirse a una causa original, única de la cual son modificaciones. Esta causa original es la Realidad superior a todo concepto intelectual y no puede describirse, aunque se ha escrito mucho sobre ella, porque es infinitamente más grande que la concepción limitada del hombre. De que se pueda conocer espiritualmente, no hay prueba alguna que satisfaga al escéptico. Esto no lo puede saber sino aquel que ha alcanzado el espiritual Conocimiento de sí mismo.
La ciencia no puede conocer nada superior a la acción de la Ley, y menos a la Ley misma. Sólo Dios puede conocer la Ley: El mismo es la Ley. La Ley de Dios es perfecta, pero su acción no es perfecta en todas partes, porque donde no son armoniosas las condiciones bajo las cuales entra en actividad, no puede dominar la armonía. Lo que se llama “materia” está opuesto al Espíritu; por la voluntad contraria de lo “material”, queda impedida y pervertida la manifestación del Espíritu. La Voluntad de Dios es su ley; pero esta Voluntad no está sujeta a ningún antojo, capricho, deseo o pasión; es divina precisamente porque es una con la Ley, invariable, y la Ley misma. Pero la acción de la Ley es diversa según las proporciones bajo las cuales domina. Lo que es conveniente y justo para el animal, no lo es siempre para el hombre, porque entre los animales impera el egoísmo al cual el hombre tiene que vencer. Si todas las criaturas hubiesen sido, desde el principio, hechas de tal manera que no tuviesen que vencer ningún egoísmo, no tendrían tampoco nada que aprender y no habría ninguna fuerza individual que dominar, ningún conocimiento individual que adquirir.
La Ley de Dios es la Armonía. La Ley del hombre es que él mismo tiene que vencer todo lo inarmonioso en su naturaleza, y así ponerse conscientemente de acuerdo con la Armonía del Universo. La Armonía es el aliento de Dios en el Universo, y la Vida del alma del hombre. La “Ciencia del Aliento” no puede ser practicada por nadie que no conozca la Armonía del Espíritu, porque no se trata en ella del aliento animal, sino del espiritual, pues nadie ha llegado aún al Conocimiento divino con cerrar las ventanas de la nariz.
Por lo que hace a “Dios”, no hay ninguna definición; no podemos atribuirle sino cualidades negativas, tales como la infinidad, la incomprensibilidad. Un dios al cual yo pudiera concebir intelectualmente, sería más pequeño que mi inteligencia; y, por tanto, no sería Dios. Lo limitado no puede abarcar lo ilimitado, lo personal a lo impersonal. Por el contrario, podemos formarnos ciertos conceptos de la Esencia divina, según el modo en que se nos manifiesta su fuerza. Así es que cuando damos diversos nombres a Dios, lo Inefable, no designamos sino tan sólo las formas bajo las cuales nos aparece la Divinidad. Todas las demás especulaciones científicas, filosóficas y teológicas acerca de la esencia de la Divinidad son tentativas necias para sondear lo insondable, y pruebas de la arrogancia del hombre, el que se imagina ser más grande que Dios.
Podemos presentarnos a Dios como la Omniautoconciencia en aquel estado en que no domina ya ninguna discordancia; como la Existencia absoluta, la que no tiene ninguna otra causa más que Ella misma; como el Manantial de todo ser y la Esencia de todas las cosas; como la única Realidad, fuera de la cual no existe nada verdadero; pero todas estas expresiones son insuficientes y distan mucho de darnos un concepto verdadero del Ser divino. Dios es todo, y, por tanto, nada de lo que puede concebir el hombre.
Decir que “Dios es el espacio” es una necedad, porque el “espacio” no es autoconsciente, y un dios inconsciente es muy inferior a una criatura que tiene conciencia aún cuando no fuere más que un gusano. Ya que Dios es Todo, es por supuesto, el “espacio” también, pero es todavía mucho más. No es ni esto ni aquello, sino todas las cosas y, sin embargo, no es cosa alguna.
Podemos representarnos su Aliento en la Vida del todo, su Voluntad como el amor infinito, su Justicia el cumplimiento de la Ley, su Palabra como la entera Creación y su Espíritu la Verdad. Cuando percibimos en El la fuente de todo lo Bueno, nos parece un Padre amante, Fuente de Toda Felicidad, siendo la Santidad misma, la cual no nos sirve de nada mientras no la poseemos. Cuando nos habla por medio de la naturaleza entera, nos parece como Instructor divino y en nuestro corazón como el Redentor. Su Poder en el universo es su volición; su Acción en el interior del hombre, la manifestación de su Sabiduría; su Mansión es todo lo que ha producido; su Asiento en el hombre, el Conocimiento de Sí; El es también la Paz eterna, siendo el único camino que a ella conduce la Paciencia. Su reino es la Sabiduría, su Palabra la Verdad, su Vida la Luz.
Ya que Dios es todo, es también lo Absoluto, pero lo Absoluto aún está más allá todavía. En su aspecto como Absoluto, no se le puede atribuir cualidades positivas a Dios, porque todas las cualidades, aún la existencia misma, son de naturaleza relativa, y lo Absoluto no tiene relación con nada. Sí, en realidad, no hay nada sino Dios, no hay tampoco nada hacia lo cual pueda ser bueno o malo. Por tanto, Dios no es ni ángel ni diablo, ni bueno ni malo, ni moral ni inmoral, ni virtuoso ni vicioso. Todas estas cualidades proceden de las relaciones de las criaturas entre sí, pero Dios no es criatura. El “Bien” es perjudicial si aparece en un lugar inconveniente, y lo “malo” es bueno, cuando es necesario.
Por consiguiente, Dios no tiene ningún atributo divino para nosotros. Sus atributos divinos no llegan a existir sino cuando aprendemos a conocerlos y esto no es posible hasta que se manifiestan en nosotros mismos. Pero llegamos a poseer tales atributos cuando aprendemos a conocer los atributos de Dios como los nuestros propios, después de vencer la ilusión de la personalidad; y sólo se puede responder a la pregunta: “¿qué es Dios?” cuando sabemos lo que nosotros mismos somos según nuestra propia naturaleza. Pero el que ha realizado la divinidad en sí mismo, no puede describirla a nadie, porque sería incomprendido de aquellos que aún no conocen a Dios, cuya acción entera no consiste en nada sino en su manifestación del Universo entero, el que, a pesar de todo, no es comprendido precisamente, porque el divino Conocimiento de Sí no pertenece al hombre moral, sino que sólo pertenece al “Hijo de Dios hecho carne”, cuando el hombre se reconoce a sí mismo como la Divinidad.
INTELIGENCIA ESPIRITUAL
Dan
Millman
Prefacio e Introducción
La Ley del Equilibrio
La Ley de las Elecciones
La Ley del Proceso
La Ley de la Presencia
La Ley de la Compasión
La Ley de la Fe
La Ley de las Expectativas
La Ley de la Integridad
La Ley de las Acciones
La Ley de los Ciclos
La Ley de la Rendición
La Ley de la Unidad
La Ley del Equilibrio
La Ley de las Elecciones
La Ley del Proceso
La Ley de la Presencia
La Ley de la Compasión
La Ley de la Fe
La Ley de las Expectativas
La Ley de la Integridad
La Ley de las Acciones
La Ley de los Ciclos
La Ley de la Rendición
La Ley de la Unidad
Epílogo:
Despedida de la Santa
PREFACIO
No podemos enseñar nada a nadie; Tan sólo podemos ayudarles a que descubran por sí mismos
Galileo
Galilei
¿Cuáles son los
principios de la vida más importantes que has aprendido? Algunos
años atrás me hice esta pregunta. Desde entonces, el tiempo y la
experiencia me han ido dando respuestas e intuiciones que han
desembocado en Inteligencia Espiritual. La Inteligencia Espiritual
pertenece a cada uno de nosotros. Se encuentra en nuestros corazones
y está en el corazón de cada religión, cultura, y sistema moral.
El método que uso para tener acceso a estas Leyes Universales es
preguntarme, "Si me encontrase a solas con mi Yo Superior en las
montañas, en la forma de un ser de sabiduría, ¿qué me enseñaría
tal ser?" La respuesta es el manantial interior de sabiduría
que todos tenemos.
Todos los viajes son
reales, pero no todos son factuales. En Inteligencia Espiritual,
presento las Leyes Espirituales de la vida a través de una serie de
conversaciones y experiencias con una santa ficticia – una mujer de
una comprensión y gracia Divina extraordinaria que me enseña a
través de vivas manifestaciones del mundo natural.
Al contrario que en mis
previas aventuras, este libro se parece más a una parábola que a
una novela. El estereotipo de una santa en las montañas nos ofrece
estas Verdades simples pero poderosas, con sus realidades visuales y
emocionales. Al mismo tiempo que la santa me guía por los caminos de
la montaña, invito al lector a viajar conmigo y explorar las Leyes
más iluminadoras que están destinadas a dominar los revueltos
caminos de la vida. Tales Leyes han expandido mis perspectivas y me
han proveído de un trampolín para cambiar el curso de mi vida.
Confío y espero que podrán hacer lo mismo por ti.
INTRODUCCIÓN:
ENCUENTRO
CON UNA SANTA
Nos sentamos juntos,
la montaña y yo, hasta que sólo está la montaña
Li Po
Durante años, por
razones de salud y placer, con frecuencia he ido de escalada a las
montañas cercanas a mi casa – a través de los estrechos caminos
repletos de cervatillos y hacia las vertientes forestales pobladas de
robles, pinos y frutales – merodeando por donde el impulso me
llevase entre de las montañas, dirección a la costa.
En una de aquellas
ocasiones, hace algunos años, cuando mi familia había salido
durante un largo fin de semana, me levanté antes del amanecer y
partí sin plan alguno exceptuando escalar a mis anchas y explorar
nuevos territorios. Las montañas, con no más de dos mil pies de
altura, tenían suficientes subidas y bajadas para perder de vista la
civilización, dando una sensación de misterio y soledad cuando me
imaginaba a mí mismo a cien millas de cualquier parte.
Las sinuosas colinas eran
un reflejo de los picos y los valles de mi propia vida interior. Por
aquel entonces, me sentía perdido en un valle repleto de sombras de
duda. Mi vida se había convertido en una mera rutina ordinaria. Por
esta razón, aquella mañana me había llevado a las montañas un
indescriptible deseo de emoción, de perspicacia, de cambio. Pronto
iba a descubrir por mí mismo la verdad del dicho: "Ten cuidado
con lo que deseas; te podría ser concedido."
Aquella mañana las nubes
bajas de la costa se habían desplazado hacía las montañas, y
después de haber escalado cierta distancia me encontré en un
pliegue entre laderas, rodeado por una niebla tan espesa que no podía
ver más allá de unos pocos metros. El aire se volvió frío y
quieto, y de repente perdí todo tipo de orientación. Al escuchar un
riachuelo atrás, por debajo de mí, lo procuré ir manteniendo
detrás, confiando así poder escapar del territorio de aquel valle.
Pronto llegué a una
llanura acompañada de viejos robles justo por encima de un
vertiginoso barranco. Me había, por accidente, aproximado a aquella
llanura desde el único ángulo posible – un camino estrecho entre
unas paredes rocosas. Mientras escalaba una de aquellas rocas
enormes, la niebla desapareció para mostrarme una pequeña cabaña
justo delante de mí. Me aproximé y llamé suavemente a la puerta.
Para mi sorpresa, una voz
potente y de inesperada calidez contestó, como si fuera un invitado
largamente esperado: "Adelante viajero, pasa!" Así que
zafándome del castigado camino de la vida, abrí la puerta y
encontré a la santa, sentada tranquilamente, sonriéndome. Sin
motivo alguno los pelos de los brazos se me erizaron.
Ella estaba sentada con
una gracia felina, erecta pero relajada, balanceada sobre un cojín
de hojas sobre el suelo. Estaba revestida con una túnica verde.
Quizás se cree que está en Sherwood Forest, pensé.
Sus ojos cautivaron mi
atención – ojos almendrados, de color avellana, que iluminados por
los rayos del sol brillaban a través de una pequeña grieta en la
pared – ojos puestos como joyas en una cara de brillante piel color
oliva, coronada por un corto cabello marrón que no dejaba ningún
claro signo de su edad, raza o cultura. Ella parecía estar envuelta
por un brillante campo de energía, el cual yo supuse ser un mero
reflejo de luz.
Comencé a sentirme
extrañamente perdido, desorientado. De alguna forma perdí mi noción
espacio-tiempo: ¿Estaba en una selva primitiva, una vertiente en la
Inglaterra de Shakespeare, las tierras altas Escocesas, o una montaña
por encima de los Inmortales Chinos?
"Hacía mucho tiempo
que no tenía una visita," dijo. "Estoy contenta de que
hayas venido pues tengo mucho que compartir. Y necesito tu ayuda en
una misión de suma importancia."
¿Estaría perdida?
¿Necesitaría un guía? Confundido pero intrigado simplemente dije,
"De acuerdo, esto parece interesante."
"Eso mismo creo yo,"
contestó. "Pero primero necesitarás un poco de entrenamiento –
para prepararte."
"¿Prepararme? Um, si va a llevarme más de un par de horas, no estoy seguro de tener tiempo."
"¿Prepararme? Um, si va a llevarme más de un par de horas, no estoy seguro de tener tiempo."
"Tienes menos y más
tiempo de lo que te imaginas," dijo – una respuesta extraña.
Juzgando por su comportamiento extraño pero inocente, decidí
seguirle el juego para ver donde conducía todo esto. Me hizo un
gesto para que me sentara. "Ponte cómodo, viajero; sé porqué
has venido y sé que has viajado lejos."
Estaba a punto de decirle
que estábamos a una hora de mi casa; entonces sentí que no se
refería a mi paseo matutino sino al tortuoso camino de mi vida.
De repente mi mente se
vio abordada por una serie de innumerables imágenes e impresiones de
muchos tiempos y culturas diferentes. Tenía la extraña sensación
que de alguna manera estaban conectadas a ella. Entonces las dudas
comenzaron a invadir mi mente: Seguro, pensé, que esta es una mujer
solitaria y estoy buscando aquí una aventura donde no la hay.
"¿Quién eres?"
pregunté
"Un reflejo en un
estanque tranquilo," dijo. "Un reflejo de la luna en una
noche oscura, tan joven como el rocío de la mañana y tan vieja como
la tierra. Todas las cosas están en mí, y yo estoy en todas las
cosas. Más allá de aquí, viajero, no te lo puedo decir, ya que mi
vida es tan misteriosa como la tuya. La única diferencia entre
nosotros es que yo vivo en los brazos del Espíritu Santo, al cual tu
te estás despertando."
Sin palabras al
principio, finalmente pregunté, "¿Cómo te debería de llamar?
¿Tienes un nombre?"
"¿Un nombre?"
Parecía sorprendida. "He tenido tantos nombres que casi ni me
acuerdo."
"Bueno, ¿cómo te
llamas a ti misma?"
"¡Rara vez me he
llamado a mi misma!," respondió con una sonrisa. Y ahí quedó
todo.
"Bueno, ¿y de dónde
vienes?"
"Me he aventurado
entre el pasado y el futuro. Vivo en la eternidad del presente. Nos
hemos encontrado el uno al otro una y otra vez. Yo he trabajado
contigo en una vieja gasolinera y he caminado junto a ti través de
la selva Hawaiana. He vivido en grandes ciudades. Me he sentado en
altas cortes bajo arqueadas cúpulas lineadas de plata y oro. He
conocido las comodidades de un hogar y la soledad de un monasterio en
las montañas. He trabajado en sucios campos, he conocido el riesgo,
la fortuna de las grandes compañías, y he sentido el frío latigazo
de la pobreza. He caminado por debajo de constelaciones de estrellas
como joyas, a través de sombras formadas por el reflejo de la luna.
He recorrido los mares, he ganado y perdido fortunas, he conocido la
salud y la enfermedad, el placer y el dolor. Y he encontrado tesoros
que deslumbrarían tus ojos – piezas de seda luminosas, esmeraldas
grandes como puños, y brillantes joyas de todos los colores – pero
yo compartiría contigo el mayor tesoro de todos, un regalo que crece
cuanto más se da y nunca pierde su lustro."
Mientras continuaba, su
voz se fue convirtiendo en la voz de todos los habitantes del
Planeta, cambiando como el viento, soplando a través de sucios
pasillos de historia y a través de lugares de luz radiante. "La
Magia está viva en el mundo, viajero. Yo voy a transmitirte los
secretos de la alquimia."
"¿Cómo convertir
el plomo en oro?"
Sonrió. "Jugar con
minerales es un simple juego de químicos. La alquimia de la que yo
te hablo puede transmutar los elementos básicos de tu vida – los
temores, la confusión, las preocupaciones, y las dificultades que
encuentres – en el oro de la libertad y la claridad, el tesoro de
la serenidad y la felicidad. Las leyes de la Espiritualidad, la
Inteligencia Espiritual, eso compartiría."
"¿Te refieres a la
Espiritualidad – crees en Dios? ¿Tienes una religión?"
pregunté.
Ella sonrió. "No es
necesario que creas en el sol para deleitarte al calor de su luz
matinal. Simplemente es obvio. Así es como yo conozco a Dios. Y
referente a mi religión," prosiguió, mirando en la distancia
como si estuviera recordando tiempos pasados, "me he sentado en
los resplandecientes templos de los Israelitas y debajo de las
gloriosas cúspides de las mezquitas del Islam; me he postrado en
preciosas Catedrales y me he bañado en la luz del Cristianismo; me
he sentado en los dulces vestíbulos y orado, he vivido como una
shaman en las grandes llanuras Africanas, he meditado en los templos
Budistas, y he inhalado el dulce aroma de incienso en los bancos del
Ganges. Y en todos los lugares, en todas las religiones he encontrado
el mismo Espíritu Santo – una Divina Voluntad que transciende el
tiempo, las creencias, y la cultura – revelando las Leyes
universales que forman parte del tesoro de Dios."
"¿Me podrías decir
algo más sobre estas leyes?" pregunté.
"Eso me propongo,"
contestó. "Dentro del misterio de la vida, el Universo se rige
acorde a unas Leyes tan reales como la ley de la gravedad. Conectadas
a la fábrica de la existencia, reflejando la inteligencia primitiva
del Universo, la Inteligencia Espiritual, estas Leyes Espirituales
dirigen la mecánica del Universo – los movimientos de las flores
orientándose hacia el sol y las olas rompiendo en la costa. Ellas
gobiernan el movimiento de la tierra, los ciclos, las estaciones, y
las fuerzas de la naturaleza. Bajo su canción, incluso las Galaxias
danzan."
Con un poco de polvera y
un extraño sonido, una pequeña pila de ramas y hojas en un círculo
de piedras prendió fuego, como si las llamas se hubieran encendido
por sí mismas. "Merlín me enseñó esto," dijo, con ojos
brillantes. Incluso en mi estado actual de fascinación, una parte
escéptica de mí pensó, bueno, quizás sea Merlín, ¡o quizás un
fluido muy inflamable!
Entonces, mientras
veíamos una fina capa de humo elevarse entre las paredes y atravesar
el techo, ella continuó hablando:
"La Inteligencia
Espiritual rige el orden innato e inteligente del universo.
Trasciende conceptos, costumbres y creencias. Forma la base de la
moralidad humana. Constante como el movimiento de los planetas, la
Inteligencia Espiritual es aplicable no sólo a la mecánica de la
Naturaleza, sino a todos los aspectos de la existencia. Te puede
guiar a través de las profundidades y los problemas de tu vida de la
misma manera que las estrellas y las brújulas guiaban a los antiguos
marineros en sus cruzadas.
"Algunas de sus
Leyes," añadió, "tienen especial relevancia en asuntos
prácticos de la vida humana. Los libros y las enseñanzas religiosas
tratan estas grandes verdades – principios simples y poderosos para
encontrar nuestra paz interior en un mundo difícil. Aquellos que
siguen las Leyes prosperan y encuentran plenitud; aquellos que las
ignoran o las resisten se enfrentan a las consecuencias, que les
instruirán en el camino hacia su despertar, para así un día poder
encontrar paz a la luz del entendimiento supremo."
"¿Dónde aprendiste
estas leyes?" pregunté.
"Residen dentro de
cada uno de nosotros como una gran recámara de sabiduría intuitiva.
Y también son reveladas en todos los lugares del mundo natural."
Entonces, levántandose rápida y grácilmente, caminó hacia la
puerta y me invitó a seguirla.
"Ven viajero; deja
que las montañas sean tu aula de clase."
Me propuse aprender
cualesquiera que fuesen las Leyes de lo que llamaba Inteligencia
Espiritual – esos "tesoros" a los que se refería –
para poder compartirlos con mis hijos, y quizás con otras personas
que estuviesen interesadas. Pero aún no me había comenzado a
percatar de su completo impacto, poder, y magia. A pesar de eso, supe
que algo inusual se aproximaba cuando salí de la cabaña y me
encontré a cuatro pasos de un plácido lago que no había visto
antes.
LA
LEY DEL EQUILIBRIO
ENCONTRANDO
EL CAMINO INTERMEDIO
Si la gravedad es la
cola que cimienta el Universo, el equilibrio es la llave que abre Sus
secretos.
El equilibrio es aplicable a nuestro cuerpo, mente y emociones, a todos los niveles de nuestro ser.
Nos recuerda que todo lo que hacemos, lo podemos rehacer y deshacer, y que si el péndulo
en nuestras vidas o hábitos oscila demasiado hacia un lado, inevitablemente va a oscilar al otro.
Sé humilde puesto que estás hecho de tierra sé noble puesto que estás hecho de estrellas
El equilibrio es aplicable a nuestro cuerpo, mente y emociones, a todos los niveles de nuestro ser.
Nos recuerda que todo lo que hacemos, lo podemos rehacer y deshacer, y que si el péndulo
en nuestras vidas o hábitos oscila demasiado hacia un lado, inevitablemente va a oscilar al otro.
Sé humilde puesto que estás hecho de tierra sé noble puesto que estás hecho de estrellas
Proverbio Servio
"Vamos a favor del
viento, y por eso él todavía no ha percibido nuestra presencia,"
dijo la santa suavemente, dirigiendo mi mirada hacia el final del
lago, donde un pájaro blanco estaba en perfecto equilibrio sobre una
pierna. "¿Puedes tú mantener el equilibrio como ese pelícano?"
me preguntó.
"¿Qué..., te
refieres a sostenerme sobre una pierna?"
"Me refiero a sentir
lo que ese pelícano está sintiendo dentro. ¿Puedes permanecer tan
calmado a lo largo de tu vida cotidiana?"
"Sí ... Quizá ...
No sé. Todavía estoy intentando descubrir cómo hemos llegado hasta
aquí."
Ella repitió su
pregunta: "Tú no sientes frecuentemente esta serenidad,
¿verdad?"
"Bien, no, supongo
que no."
"Una respuesta
honesta y un buen punto de partida," dijo la santa mientras se
sentaba a la luz en la soleada montaña y contemplaba el lago.
"Considera, por un momento, la importancia del equilibrio en el
orden natural de la vida humana. Somos criaturas de moderación: No
podemos nadar igual que un pez, correr tan rápido como los
leopardos, o levantar tanto peso como los gorilas, pero tenemos todas
estas habilidades con cierta moderación, en equilibrio."
La santa volvió a
señalar al blanquecino pájaro, todavía parado al final del lago.
"Cada cuerpo humano suspira en busca de un estado de equilibrio
interior, de paz interior. ¿Puedes sentir tú esto dentro de ti
ahora?"
En el instante que ella
puso su palma de la mano sobre mi pecho, sentí invadir mi cuerpo una
gran paz y tranquilizó mi mente. "Lo sientes," susurró.
"Sí." Miré
con placer.
"Este sentimiento de
serenidad te proporcionará un punto de referencia; aumentará tu
consciencia real, y disminuirá tu tolerancia al desequilibrio, a los
desequilibrios que normalmente experimentas."
"¿En qué sentido?"
"Bueno, supongo que
entenderás que sirve de bien poco aconsejar a las personas tensas
que se relajen si no conocen lo que se siente cuando se está
relajado. Pero una vez que experimentan un estado de profunda
relajación, tienen un punto de referencia; pueden notar la tensión
con mayor facilidad y pueden seguir unos pasos para desprenderse de
ella. Y ahora que conoces lo que se siente cuando estás en verdadero
equilibrio, comenzarás a notar lo que es estar fuera de equilibrio
en cualquier faceta de tu vida; funciona como una señal automática
para que puedas volver a ese lugar de equilibrio en tu interior. La
Ley del equilibrio se puede aplicar a partir de notar tus faltas de
equilibrio."
"¿Tan simple como
eso?"
Ella rió. " Muy
simple, pero no siempre fácil, porque cualquiera que sea el estado
físico o emocional al que estés acostumbrado – incluso si es un
estado de tensión o desequilibrio extremo – parecerá normal para
ti. Lo que mucha gente llama neurosis es de hecho un desequilibrio o
exageración de un pensamiento, impulso, o emoción que todos
sentimos de vez en cuando. Por ello cambiar a un estado de equilibrio
verdadero puede causar una sensación extraña al principio."
"Entonces, ¿cómo
puedo hacer este cambio hacia el verdadero equilibrio?"
Un pez saltó sobre la
superficie del lago, provocando un pequeño oleaje que radiaba
alrededor de su superficie cristalina mientras la santa se disponía
a responder: "Ve a ese lugar tranquilo, a ese lago dentro de ti.
Mira. Escucha. Presta atención a cualquier oleaje dentro de tu
cuerpo o de tu vida provocado por hacer demasiado o demasiado poco en
las áreas de la alimentación, la bebida, el ejercicio, el trabajo o
la comunicación."
Mientras lo consideraba,
otro pensamiento surgió. "Con todo lo que está ocurriendo en
el mundo hoy, emplear toda esta energía en mirar en el interior y
encontrar equilibrio y serenidad parece bastante egocéntrico."
Sonriendo, la santa me
invitó a que caminara con ella alrededor del lago. "Mucha gente
confunde egocentrista con egoísta. Pero una vez tú encuentras tu
propio equilibrio, también encuentras paz interior y poder interior
para realmente marcar una diferencia en el mundo."
Se agachó y cogió una
rama fina y delgada, de algunos pies de longitud, y se preparó para
ponerla en equilibrio sobre un dedo. La rama se mantuvo perfectamente
recta al principio; entonces comenzó a balancearse para delante y
para detrás. "Los deseos y las ataduras te empujan hacia
delante. El miedo, la resistencia y el esquivo te detienen. En muchas
ocasiones los extremos de cualquier tipo, incluso tomar una postura
rígida en cualquier cosa, te puede conducir fuera de ese punto de
equilibrio que valora todas las partes. ¿Lo entiendes?"
"Eso creo pero no
estoy seguro," respondí.
"¡Estupendo! Eso
quiere decir que estás preparado para aprender."
Mientras continuábamos a
través del camino, me di cuenta que la santa pisaba con tanta
suavidad las ramas caídas que prácticamente no podía oírla; su
propio estado de equilibrio era exquisito. "Como todas las Leyes
que intento compartir contigo," continuó, "la Ley del
Equilibrio no es sólo una filosofía sino una forma de vida, con
aplicaciones muy prácticas." Viendo mi mirada confusa, recogió
una piedra, me la dio, y señaló un pino a unos diez metros. "¿Ves
el tronco del árbol de allá? A ver si lo puedes tocar con la
piedra."
Cogí aire, me concentré,
y lancé. Fallé por unos centímetros a la izquierda. Ella me pasó
otra piedra. Volví a lanzar y me acerqué mas, pero todavía a la
izquierda del centro. Entonces me dio cuatro piedras más, me miró a
los ojos, y habló despacio. "Es importante que toques el tronco
con una de estas piedras." No entendí porqué era tan
importante, pero sabía que lo decía en serio; noté mi corazón
acelerarse.
"¡Aplica la Ley del
equilibrio!" me recordó.
"¿Cómo?"
"Ya te he dicho que cuando estás en desequilibrio, parece normal para ti. Por esta razón, sigues inclinándote hacia el lado más familiar. Por tanto la manera más fácil de encontrar el centro es sobrecorregirte – practicar deliberadamente lo opuesto de lo que estás acostumbrado a hacer. Por ejemplo, si hablas demasiado rápido o demasiado flojo, para que la gente te entienda, entonces deberías deliberadamente hablar de una manera que a ti te parezca demasiado lenta o demasiado alta."
"Ya te he dicho que cuando estás en desequilibrio, parece normal para ti. Por esta razón, sigues inclinándote hacia el lado más familiar. Por tanto la manera más fácil de encontrar el centro es sobrecorregirte – practicar deliberadamente lo opuesto de lo que estás acostumbrado a hacer. Por ejemplo, si hablas demasiado rápido o demasiado flojo, para que la gente te entienda, entonces deberías deliberadamente hablar de una manera que a ti te parezca demasiado lenta o demasiado alta."
"Y ya que he lanzado
demasiado hacia la izquierda," dije, "debería intentar
lanzar muy a la derecha. ¿Verdad?"
"Correcto,"
dijo ella.
"El problema es que
sólo me quedan cuatro intentos; no quiero errar el centro ni por la
izquierda ni por la derecha. Quiero darle."
"Estoy segura de
ello. Pero una vez hayas trabajado con los dos lados, es mucho más
fácil encontrar el centro, sea el de un árbol o cualquier otra
cosa."
"Entiendo,"
dije.
"Hacer es entender,"
contestó, señalando el árbol.
Dubitativamente, pero con
ganas de probar la Ley, deliberadamente lancé hacia la derecha; para
mi sorpresa, volví a errar hacia la izquierda de nuevo.
"Lo ves," dijo
la santa. "Acostumbrado a lo que haces normalmente – a lo que
sientes como normal – no has corregido lo suficiente. Esta es la
razón por la que modificar cualquier hábito es difícil, y es por
eso que la gente aprende tan despacio. ¡Esta vez sé audaz!
¡Asegúrate que los dos próximos lanzamientos son a la derecha del
árbol!"
Me aseguré del todo: La
primera piedra fue dos metros a la derecha; y lo mismo con la
segunda. "Mi último intento," dije nervioso.
"La ley del
equilibrio te ayudará," dijo ella, "y yo también."
Me dirigió hasta el árbol hasta que me encontré a sólo dos
metros. "Nadie dijo que tenías que complicarte tanto la vida,"
añadió con una sonrisa. "Si te fijas, estás demasiado lejos,
¡acércate más!"
Riendo, toqué el árbol
de pleno.
Mientras continuábamos
el camino alrededor del lago, la santa habló sobre otro aspecto de
esta ley: "El equilibrio comienza con la respiración,"
dijo. "Inspirar y expirar son los ritmos primitivos de la vida
misma. Inspirando encuentras inspiración; expirando encuentras
desahogo. Inspirar y expirar – nacimiento y muerte con cada
respiración.
"Siente tu
respiración ahora," dijo ella. "Date cuenta de qué manera
los ritmos de tu respiración están desequilibrados, al igual que
tus emociones. Cuando sientas furia, acéptala completamente, y lleva
tu respiración al punto de equilibrio. Cuando sientas lástima,
abrázala con cariño, y lleva tu respiración al punto de
equilibrio. Cuando sientas miedo, hónralo, respira profundamente y
encuentra tu equilibrio.
"Cuando exhalas,
das; cuando inhalas, recibes. Si recibes más de lo que das, sientes
ese desequilibrio como una necesidad de reciprocar y completar el
círculo de relaciones. Si das más de lo que recibes, sientes
cansancio, y eventualmente te quedas sin nada más para dar."
"He leído sobre
santos que dieron mucho y recibieron muy poco."
"Eso es lo que puede
parecer, pero tales seres viven en un estado de abundante felicidad,
y gratitud," contestó. "La ley del Equilibrio nos asegura
que aquellos que dan libremente, en nombre de Dios y con generosidad,
reciben en abundancia."
Mientras escalábamos
camino a la cima a través de un sendero repleto de ciervos, me
acordé de algo que me había dicho cuando nos conocimos.
"Anteriormente me has dicho que necesitabas mi ayuda,"
dije, "para algún tipo de misión."
"Esto es tu
preparación," me recordó. "Primero aprende la lección
del pelícano. Encuentra equilibrio en tu vida y en todas las cosas.
Honra la Ley y sigue los pasos a la sabiduría. Explora el abanico de
la experiencia humana, pero, ya que los extremos habituales crean
estrés, siempre vuelve a la base, al camino del medio. Deja que tus
acciones y palabras salgan con suavidad, como el cambio de las
estaciones. A partir del estado de equilibrio en tu interior,
encontrarás la claridad y la paz en el mundo exterior."
Mientras las palabras de
la santa se convertían en silencio, y continuábamos hacia los
picos, me giré por última vez hacia el pelícano. Todavía yacía
tranquilamente en el borde del lago.
LA
LEY DE LAS ELECCIONES
RECLAMANDO
NUESTRO PODER
Somos a la vez
condicionados y dichosos debido a la gran responsabilidad de la libre
voluntad, de poder elegir.
Nuestro futuro estará determinado, en gran parte, por las decisiones que tomemos ahora.
No siempre podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí podemos y realmente escogemos nuestra respuesta a todo aquello que sale al paso.
Reclamando nuestro poder de elección, encontramos el coraje para vivir plenamente en el mundo.
A pie y con corazón ligero parto a carretera abierta, saludable, libre, el mundo ante mí.
El largo camino marrón dirigiose hacia donde yo escojo.
Nuestro futuro estará determinado, en gran parte, por las decisiones que tomemos ahora.
No siempre podemos controlar nuestras circunstancias, pero sí podemos y realmente escogemos nuestra respuesta a todo aquello que sale al paso.
Reclamando nuestro poder de elección, encontramos el coraje para vivir plenamente en el mundo.
A pie y con corazón ligero parto a carretera abierta, saludable, libre, el mundo ante mí.
El largo camino marrón dirigiose hacia donde yo escojo.
Walt Whitman
La superficie cristalina
del lago, brillando como un cristal pulido, se empequeñecía
finalmente desapareciendo mientras escalábamos una pequeña cuesta.
Poco después, el camino se ensanchó y se dividió en tres sendas.
"Dirige tú por un rato," dijo la santa.
"Pero no sé hacia
donde vamos."
Me miró y sonrió. "Una
creencia interesante, viajero, pero creo que siempre has sabido hacia
donde te dirigías, fueras o no consciente de ello. Por tanto, ¿qué
camino vas a escoger?"
"¿Hay alguna
diferencia?"
"¿En el fondo del
fondo? De ninguna manera," contestó. "Al final, todos los
caminos conducen al mismo Destino. Pero uno de estos senderos podría
llevarte a un verde valle, otro a un pico rocoso, y el tercero a las
entrañas de unos obscuros bosques. No puedes estar seguro de dónde
lleva cada camino; a pesar de ello, tienes que escoger."
Sonreí hacia ella.
"Tengo la sensación que estás intentando decirme algo."
"Escoge tu camino;
después hablaremos."
"De acuerdo. Vamos
por ahí," dije señalando.
"¿Bien?" dijo
ella como si no me hubiera oído. "¿Vas a escoger?"
"Ya lo he hecho. He
escogido el camino del centro."
De nuevo volvió a hablar
como si fuera sorda a mis palabras. "Nuestro tiempo juntos es
limitado, viajero. Sugiero que escojas para que podamos proseguir."
"Pero yo ..."
De repente entendí, y comencé a dirigirme hacia el camino del
centro.
"¡Justo eso! La Ley
de las Alternativas nos dice que las decisiones no son tomadas con
palabras, sino con acciones." Señalando el cielo, la santa
luego preguntó, "¿Ves ese pájaro planeando por encima de
nosotros?" Mientras asentí, ella se arrodilló y señaló una
araña cercana, en su red. "Como ese pájaro en las alturas y la
pequeña araña, la mayor parte de las criaturas del Planeta tienen
un abanico de alternativas muy pequeño; actúan por instinto y a la
llamada de su naturaleza. Pero tú tienes libre elección – el
poder de la alternativa. Tu vida representa un ejercicio de este
poder, y tu destino está determinado, en gran parte, por las
decisiones que tomes ahora.
"Libre elección,"
continuó ella, "quiere decir que puedes escoger abrazar las
Leyes que están en lo más profundo de tu intuición, o puedes dejar
que tus impulsos, miedos, y hábitos lleven el show. Si alguna vez
resistes o ignoras la sabiduría superior en favor de la
gratificación inmediata, las consecuencias de tus elecciones
eventualmente te guían de vuelta al equilibrio con las Leyes de la
Espiritualidad, con la Inteligencia Espiritual; una decisión lleva a
un camino de rosas y otra a obstáculos y tests que te instruyen y
fortalecen. Por tanto todos los acontecimientos te sirven de alguna
manera."
"No siempre me da la
impresión de haber escogido mis direcciones en la vida; algunas
veces parece más cosa del destino."
"La mayoría de
decisiones son dirigidas por la sabiduría del subconsciente. Tu
interior tiene más información de la que tu mente consciente puede
acceder, por lo tanto hay veces que, sin saber porqué, atraes a
gente o a experiencias a tu vida que conscientemente no quieres, pero
que sirven para un bien mayor, para tu aprendizaje."
"¿Qué hay sobre
los pobres, la gente abusada, el hambre? ¿Me estás sugiriendo que
ellos de alguna manera escogen sufrir?"
"La santa se detuvo
y miró hacia los obscuros bosques que acechaban. "El dolor
tiene muchas caras; las personas ricas conocen muy bien el
sufrimiento. Todo lo que uno puede hacer es tomar las mejores
elecciones posibles dentro de su grupo particular de circunstancias –
elecciones hacia la vida, hacia el amor, hacia el servicio, hacia la
conexión. Pero no importa lo que la vida presente, siempre puedes
escoger cómo responderás interiormente: puedes resistirte y
maldecir tu destino, o puedes hacerte cargo y abrazarlo,
expandiéndote a vivir cada momento."
"¿Qué hay sobre
aquellos que muestran disconfort o dificultades porque se preocupan
por otras personas?"
"Si tú
voluntariamente decides apartar tus deseos personales por el bien de
los niños, queridos, u otros, esto puede representar un acto
espiritual de sacrificio propio. Pero si te sientes como un mártir,
será mejor que te lo hagas mirar. Asumir demasiada responsabilidad
por los demás acaba por privarles de lecciones que surgen de sus
propias elecciones. Aquellos que sufren necesitan nuestra compasión
y ayuda, pero si llevamos el peso por ellos, les estamos robando
parte de su fuerza y respeto propio."
Medité sus palabras
mientras escalábamos el camino en silencio. Entonces se me ocurrió
otra pregunta: "Hay veces que me pregunto por las elecciones que
he hecho, sobre mis relaciones, mi trabajo -"
La santa interrumpió.
"Cuando vuelvas a casa te sugiero que le pidas el divorcio a tu
mujer."
"¿Qué? ¿De qué
estás hablando?"
"¿Por qué no
divorciarse? Tienes el poder de hacerlo en cualquier momento.
Simplemente llama a un abogado -"
Era mi momento de
interrumpir. "¡No puedo hacer esto!"
"¿Por qué?"
"Por que causaría
mucho dolor. Por mi mujer. Por mis hijos. Y por mí. Las finanzas se
convertirían en un caos. Y además, hice una promesa cuando me casé.
Hice un compromiso. Y ¿qué tipo de ejemplo daría a mis hijos?"
"Por lo tanto estás
atrapado," dijo ella.
"¡No estoy
atrapado!"
"Desde luego suena
como si lo estuvieses," dijo suavemente. "Has dado una
serie de razones – muy buenas, estoy segura – por las cuales no
deberías divorciarte. Pero sólo cuando reclames el poder para poder
finalizar tu relación puedes comprometerte totalmente a ella. Sólo
entonces puedes escoger pasionalmente continuar casado en vez de
tener que hacerlo por una razón u otra. ¿Lo entiendes?"
"Sí," dije
sonriendo. "Creo que sí."
"Y no estoy sólo
hablando de tus relaciones," dijo ella. "Esto vale para tu
trabajo, tus amigos, tu localización, y tu vida."
"No entiendo."
"Como otras
personas, habiendo olvidado el poder de la elección, te sientes
atrapado en una relación, otros se sienten atrapados en su vida o
por ciertas circunstancias, y las cosas se han de poner muy mal hasta
que encuentran el deseo, el coraje, y el respeto personal para tomar
nuevas decisiones.
"A no ser que seas
consciente de que tienes el poder de decir no," continuó,
"nunca puedes verdaderamente decir sí. A tus relaciones. A tu
trabajo. A tu vida. A cualquier cosa. No tienes que esperar para
hacer cambios positivos y poderosos. No tienes que ir a la escuela;
no tienes que ir al trabajo; no tienes que ir a la guerra; no tienes
que estar casado o tener hijos, o actuar como otra gente espera o
desea. No tienes que hacer nada. Simplemente reconocer que cada
acción o inacción tiene consecuencias, y tu voluntad para aceptar
esas consecuencias te da el poder y la libertad para escoger quien
eres, dónde estás, y que harás. Es entonces cuando la vida pasa de
ser una obligación a una oportunidad bendita. Es entonces cuando los
Milagros ocurren."
El camino que había
escogido nos condujo bien entrado el bosque, debajo de una gruesa
capa de agradables árboles. En aquel lugar protegido, mientras el
viento susurraba a través de las ramas más altas, la santa
compartió sus últimas palabras sobre la Ley de las Elecciones:
"Darse cuenta del poder de escoger y cambiar las direcciones en
cualquier momento, sin tener en cuenta presiones externas o ideales,
es como subir a la superficie del mar después de una larga
inmersión. De todos modos, este poder te podría intoxicar mientras
ves posibilidades atractivas a tu situación actual. Puedes sentirte
tentado a cambiar una relación, un trabajo, o cualquier faceta de la
vida que sientes difícil o frustrante. Algunas nuevas alternativas
pueden ser apropiadas o fuera de lugar pero la alternativa heroica a
menudo comporta ser responsable donde estás ahora y participar
completa e intencionadamente, con más presencia y pasión que nunca
antes.
"Y cuanto más
honres la Ley de las Elecciones," continuó la santa, "más
vivirás con una clara intención – creando tu vida – en vez de
preguntarte si estás en el camino adecuado, con la persona correcta,
o haciendo el trabajo adecuado; vivirás cada día por elección, y
al máximo."
Mientras consideraba las
elecciones de mi vida, y cómo me habían traído hasta aquí,
también pensé en el trabajo y en mi familia, acordándome de la
casa que había dejado hacía unas ocho horas. Me encontré a mi
mismo diciendo, "Estoy muy agradecido por lo que me has
enseñado, pero debería de volver a casa pronto. Hay cosas que
debería de hacer por la casa."
Ella murmuró "Escoger
significa dejar alguna cosa que quieres por otra que quieres más. Es
tu vida; vete cuando lo escojas."
Había medio esperado que
ella intentaría convencerme para que me quedara más tiempo, y su
indiferencia me cogió desprevenido. Tenía una extraña sensación
que si me iba no habría vuelta atrás. "Yo – supongo que
puedo quedarme un rato más," contesté.
"No pareces muy
convencido."
"No, lo estoy, de
verdad. Quiero quedarme; simplemente no había esperado estar fuera
tanto tiempo, y tenía algunos planes."
La santa sonrió como si
me conociese mejor que yo mismo, lo cual era del todo posible.
Mientras los árboles
daban paso a una extensión de praderas, me fui abriendo a un extenso
panorama, que iba a la par con mi creciente consciencia. Me
sorprendió, era extraño que no viese ninguna de las conocidas casas
o la ciudad más allá, pero aquí, con esta mujer, este ser, me
sentía como si estuviera en otro reino, y por todo lo visto, el paso
del tiempo aquí representaba un abrir y cerrar de ojos en mi mundo
ordinario. "Continuemos nuestro viaje," dijo la santa,
encarando un camino que se empinaba.
LA
LEY DE LOS PROCESOS
TOMANDO
LA VIDA PASO A PASO
El proceso transforma
cualquier viaje en una serie de pequeños pasos intermedios, que son
necesarios
para alcanzar cualquier meta.
El proceso transciende el tiempo, muestra la paciencia, descansando sobre unos sólidos cimientos de cuidadosa preparación, e implica confianza a nuestro potencial que se está desarrollando.
Subimos a grandes alturas con una escalera de caracol
para alcanzar cualquier meta.
El proceso transciende el tiempo, muestra la paciencia, descansando sobre unos sólidos cimientos de cuidadosa preparación, e implica confianza a nuestro potencial que se está desarrollando.
Subimos a grandes alturas con una escalera de caracol
Francis Bacon
El camino estaba
inclinado con tal precisión que me sentía como si estuviera
subiendo una escalera, directamente hacia arriba de la montaña. A
pesar de estar acostumbrado a escalar, a ese nivel sentí mi corazón
más acelerado y mi respiración más trabajada. La santa, de todas
formas, no parecía afectada, y hablaba sin esfuerzo. "¿Te has
percatado de que el camino de esta montaña refleja los caminos de la
vida – como cada día caminamos hacia nuestras metas?"
"No había notado
ningún camino," contesté, de cuclillas, mientras miraba la
cima. "Pero sí que me he dado cuenta de que el pico no parece
estar más cerca."
"Si uno sólo se
centra en el final del viaje, la meta siempre aparece en la
distancia. Esto lleva a muchos a abandonar sus objetivos cuando
surgen obstáculos o el camino se inclina. Ya sabes que cada viaje
empieza con el primer paso, pero también has de dar un segundo paso,
y un tercero, y tantos como hagan falta hasta alcanzar el destino. La
Ley del Proceso," dijo la santa, "es la garantía de la
Naturaleza de que podemos conseguir casi cualquier objetivo, sin
importar como de grande, dividiéndolo en pasos pequeños y seguros."
"Esto parece
bastante obvio."
"Obvio del todo,"
afirmó. "Es por eso que tanta gente lo pasa por alto."
"¿Has dicho que
dando pequeños pasos se puede alcanzar casi cualquier objetivo?"
"Bueno," dijo
sonriendo, "No puedes cruzar de un lado de un barranco al otro
en dos saltos. Pero sí que puedes aplicar un proceso paso a paso
para prepararte. Y ya que no tenemos ningún barranco a mano ... "La
santa cogió una piedra, me la dio, y señaló un almendro a unos
quince metros de distancia. "¿Crees que puedes dar a ese
tronco?"
"¡Qué! ¿Desde
quince metros? Sinceramente lo dudo. Incluso lanzando hacia la
izquierda, y luego hacia la derecha, está demasiado lejos."
"De acuerdo,
entonces" contestó ella, dirigiéndome directamente hacia el
árbol hasta que lo tuvimos a un paso. "¿Y ahora qué?"
"Claro que puedo
darle ahora."
"Entonces hazlo."
Y así lo hice, y después
ella me retrasó un metro, me dio otra roca, y dijo, "otra vez."
De esta manera, retrasándome un metro cada vez, acerté en cada
lanzamiento hasta que estuve a unos diez metros, cuando fallé.
"Acércate un metro y vuelve a lanzar," dijo ella. Mi
piedra volvió a dar de pleno en el centro. Continuamos hacia detrás,
hasta que erré dos veces a trece metros, me adelanté un metro, y le
volví a dar. Finalmente, después de varios fallos, toqué el árbol
desde quince metros.
Mientras volvíamos de
nuevo al empinado sendero, ella continuó hablando. "¿Ves cómo
funciona esta Ley en cualquier faceta de la vida? Dividiendo cada
tarea en pasos manejables, no tienes que esperar al final del viaje
para tener éxito; creas una serie de muchos pequeños éxitos por el
camino."
Llegamos a un riachuelo,
crecido por las lluvias primaverales. La santa cruzó primero,
caminando con soltura a través de un camino de salientes piedras. Yo
la seguí, saltando de una piedra a la siguiente. Viendo dos piedras
cerca, tomé una rápida decisión y traté de alcanzar la más
lejana, me quedé un poco corto, resbalé sobre un poco de musgo, y
caí al agua. Sin hacer ningún esfuerzo por reprimir una carcajada,
la santa se acercó para echarme una mano. "Como ves, en
cualquier proceso, incluso cruzando un riachuelo, si te saltas pasos,
antes o después te vas a mojar."
El camino comenzó a
ensancharse, así que podíamos andar el uno al lado del otro. En
poco tiempo, antes de que mi ropa se hubiese secado, llegamos a un
terreno embarrado. Miré hacia la derecha y la izquierda para
cruzarlo por los laterales, pero los lados del pequeño cañón
tenían demasiada pendiente. La santa movió su cabeza hacia atrás y
se puso a reír.
"¡La Naturaleza es
una aula tan maravillosa! Sus lecciones aparecen en el momento más
apropiado."
"¿Qué quieres
decir?"
"¡Abre los ojos!"
dijo ella. "¿Cómo refleja tu vida este camino de barro?"
"¡En estos momentos
no tengo ni idea!"
"Deja que lo
deletree. Por el camino, entre tú y tus objetivos, ¿encuentras
frecuentemente una senda de rosas?"
"No, suelo encontrar
con más frecuencia un camino de zarzas."
"Sí, los objetivos
que valen la pena requieren esfuerzo, riesgo y sacrificio. Tienes que
persistir a través del miedo y de la duda; tienes que utilizar
recursos interiores y convertirte en más de lo que eras antes. Cada
nuevo reto te sirve de iniciación: conoces el desánimo; te
sobrepones a las incomodidades, al aburrimiento, y a la frustración;
y descubres de que estás hecho."
Mientras nos hundíamos
hasta los tobillos en el barro, ella añadió, "Lo que te empuja
a través de los caminos embarrados de la vida es la visión que te
inspiró a iniciar la búsqueda. Te puede conducir como un imán a
través de las tempestades. Por tanto, el primer paso en cualquier
proceso es crear una dirección, escoger un objetivo que brille para
ti."
"Esto es a veces una
pregunta dura para mí – decidir qué objetivo seguir."
"Bueno, no siempre
vas a descubrirlo esperando una revelación Divina, seguridad
absoluta, una visión mística, o la voz de Dios. Por lo tanto no
sopeses ideas o dudes; no dudes tu dirección o dependas de otros
para que te digan que es lo que debes o no debes hacer. Ves hacia lo
que te atrae o te excita o te inspira – hacia lo que toca tu
corazón. Pregúntate a ti mismo desde lo más profundo qué es lo
que realmente te vale la pena el esfuerzo y los sacrificios que
comporta perseguir un objetivo."
Mientras nos lavábamos
los pies y los zapatos en un riachuelo, la santa me ofreció otro
consejo: "Recuerda, viajero, que grandes sueños en el futuro
distante son una carga difícil de llevar. Los mejores objetivos
podrían ser aquellos que puedes tratar la siguiente semana, el
siguiente día, la siguiente hora, o el siguiente paso; crea un
proceso que conlleve muchos pequeños éxitos."
"Muchos pequeños
éxitos," repetí hacia mí mismo mientras continuábamos hacia
arriba a un barranco. "Pero ¿qué hay sobre las personas que
parecen obtener la fama de un día para otro? ¿Dónde estuvo su
proceso?" pregunté a la santa.
"Cualquier empresa
de éxito real," respondió ella, "es como construir una
casa; comienza con unos fuertes cimientos y continúa con paciencia
hasta finalizar. Algunas casas se construyen con rapidez, pero sin
unos cimientos estables; parecen muy bonitas, pero no duran mucho
tiempo. Si miras cuidadosamente a los éxitos aparentemente
meteóricos, te darás cuenta que han necesitado unos diez años de
preparación."
"Diez años ... "
dije, mayoritariamente a mí mismo.
"¡Piénsalo!"
dijo ella. "En diez anos puedes conseguir casi todo. Puedes
convertirte en un médico o un científico. Puedes desarrollar
habilidades de alto nivel en un deporte, juego, o arte marcial.
Puedes convertirte en un experto en cualquier tema. Puedes crear una
fortuna o transformar tu cuerpo."
"¡De todas formas,
diez años todavía me sigue pareciendo mucho tiempo!"
"Mirando hacia
delante, sí; pero mirando hacia detrás, los siglos pasan como un
chasquido de dedos, el pestañeo de un ojo."
De repente, ella señaló
hacia el cielo. "¡Mira! Allá arriba en la cima." Miré;
todavía parecía muy lejana. "Ahora mira hacia atrás,"
dijo ella. Me giré para ver las colinas de debajo. "Hemos hecho
un largo camino, paso a paso. "Hemos tardado un buen rato desde
que comenzamos. Pero mirando hacia atrás -"
Yo acabé su frase. "No
parece nada largo."
Nos dirigimos a través
de los árboles a una zona oscura y sombría, perdiendo de vista el
cielo. La santa se sentó, recogió una semilla y me explicó, "de
la misma manera que esta pequeña semilla crece y se convierte en un
almendro gigante, de la misma manera que un río forma un cañón de
piedras pacientemente, de la misma manera que tú has crecido desde
que eras un bebé a un hombre maduro, tú puedes y vas a cumplir todo
lo que desees, paso a paso."
"Haces que parezca
tan cierto. ¿Cómo puedes estar segura? Después de todo, yendo paso
a paso uno también puede fracasar."
"Pocas cosas son
seguras en este mundo," dijo ella, "pero la gente raramente
fracasa; simplemente dejan de intentarlo." Mientras salíamos de
bajo la cúspide de árboles a un enorme cielo descubierto, nos
giramos y miramos hacia las colinas por debajo de nosotros mientras
la santa ofrecía unas últimas palabras sobre la ley del proceso.
"El progreso
duradero no ocurre en unos pocos momentos dramáticos, sino hora a
hora, día a día. Y mientras el tiempo va pasando, cada proceso
requiere reparaciones: el camino a la felicidad siempre está en
construcción. Concéntrate en tomar la vida paso a paso hasta que lo
hagas bien; aparca lo que puedas hacer después. Cuando la disciplina
y la paciencia unen fuerzas, se convierten en persistencia, que dura
más allá de los picos y los valles, hasta completar las
intenciones. El entusiasmo marca el ritmo, pero la persistencia logra
el objetivo. Proceso, paciencia, y persistencia son las llaves que
abren las puertas de cualquier destino. El tesoro no sólo está al
final del viaje, fíjate; el proceso mismo es su propia recompensa."
Nos encontramos, casi por
sorpresa, de pie en el pico de la montaña. Secándome las cejas,
recorrí toda la magnífica vista de debajo, muy dulce por habérnosla
ganado. Miré a la santa que señalaba hacia otro pico más alto a lo
lejos, y otro más allá. "Consigue una meta, y creas otra; el
viaje nunca finaliza," dijo ella mientras nos girábamos para
descender la montaña.
LA
LEY DE LA PRESENCIA
VIVIENDO
EL MOMENTO
El Tiempo es una
paradoja, que viaja de un "pasado" a un "futuro"
sin existencia alguna excepto en nuestras propias mentes.
La idea del tiempo es un convenio del pensamiento y del lenguaje, un acuerdo social.
Aquí va la Verdad más profunda: Sólo tenemos este momento.
Sólo es posible vivir feliz para siempre un momento detrás de otro.
La idea del tiempo es un convenio del pensamiento y del lenguaje, un acuerdo social.
Aquí va la Verdad más profunda: Sólo tenemos este momento.
Sólo es posible vivir feliz para siempre un momento detrás de otro.
Margaret Bonnano
Nuestro regreso fue más
rápido que la escalada, pero estaba tan perdido en mis pensamientos
que casi no me di ni cuenta. ¿Hacia dónde íbamos? ¿Qué es lo que
vamos a hacer ahora? ¿Seré capaz de recordar todo lo que me está
explicando? ¿Cuándo voy a llegar a casa? ¿La veré mañana?
Como si en respuesta a
mis pensamientos internos, ella dijo, "Pareces preocupado.
Quizás ahora sea un buen momento para describirte la Ley de la
Presencia. "Sí," reflejó, " ahora es siempre un buen
momento." La santa señaló hacia las colinas de debajo,
entonces preguntó, "¿Ves el sol iluminar aquel campo de
calabazas – allá, contra el césped de esmeraldas? Para mí son
tan bonitas como cualquier obra de arte de cualquier museo del
mundo." Caminamos en silencio mientras los colores caían sobre
un cielo enrojecido.
Unos minutos después,
mientras rodeábamos una pared de rocas familiares, su cabaña
apareció. La santa abrió la puerta de paja y de nuevo me invitó a
entrar. Rápidamente encendió el fuego. Entonces se levantó y se
excusó para ir fuera – supuse que para hacer sus necesidades
físicas como yo había hecho anteriormente.
Los minutos pasaban y
ella no volvía. Comencé a sentirme inquieto, preguntándome cuándo
volvería a casa y cómo encontraría mi camino en la oscuridad –
si, de hecho iba a volver a casa esa noche. Supuse que siempre podría
dormir en las colinas; la temperatura era fresca pero no hacía frío
y mi familia no volvería hasta el lunes por la tarde, en dos días.
Lo que pasó después fue
tan increíble que comencé a dudar de mis sentidos. En vez de la
santa, una gata grande entró en la cabaña. Ella comenzó a andar
deliberadamente, como si supiera exactamente a donde iba. Tenía una
piel negra, brillante, parte siamés, quizás, y parte – bien,
parte santa. Digo esto porque la siguiente cosa que supe fue que ella
me habló – no con su boca, si no con su mente. Su voz era como la
de la santa, pero más lenta. Se sentó alta, como hacen los gatos,
me miró fijamente, y fue directamente al grano. "¿Has
considerado alguna vez que el tiempo es una paradoja?" me
preguntó antes de empezar a lamer la piel sobre su lomo.
Sintiéndome muy extraño,
contesté en alto, "No puedo decir que lo haya hecho. No desde
que leí mi última novela de viajes por el tiempo."
Su voz de nuevo resonó
en mis oídos o mente: "El tiempo se comprende entre un pasado y
un futuro que no tienen ninguna realidad objetiva. El Tiempo es una
convención de pensamiento y lenguaje, un acuerdo social."
"En otras palabras,
¿el tiempo sólo existe porque decimos que existe?"
"Exactamente,"
susurró. "El tiempo es como una película de la vida que consta
de diferentes montajes que pasan ante una lente. Cada montaje es
donde tú existes, en un momento actual, pero los montajes parecen
moverse. Puedes proyectar tu mente en lo que llamamos el pasado o el
futuro, pero no puedes vivir en ningún otro momento que en el
presente. Yo y los de mi especie somos maestros del presente."
Habiendo dicho esto se estiró grácilmente y atendió a su piel.
Consideré lo que había
dicho. Siempre me habían gustado los gatos, a pesar de su aire de
superioridad fría. Y tan excéntrico como parecía aprender la Ley
de la Presencia de una gata, también sentí que en ciero modo era
totalmente apropiado. No había conocido ningún gato que le diera
tanta importancia al pasado o al futuro. Como los santos más sabios,
los gatos viven cada momento como si fuese todo nuevo.
La gata me miró con
total atención. "Yo, y los de mi especie, tenemos presencia
porque estamos completamente presentes. Aquí y ahora. ¿Puedes tú
decir lo mismo?"
"¿Yo? Bueno, sí.
Yo – yo algunas veces me siento como si estuviera aquí. Eso es
..." Mientras me había estado intentando explicar, ella se
había girado hacia otras cosa más importantes, como observar a una
mariposa nocturna sobre la luz del fuego.
Como si no hubiera dicho
nada relevante, ella continuó. "Lo que has hecho esta mañana o
ayer o el año pasado se ha desvanecido ahora, no existe excepto en
tu mente. Lo que ha de venir es sólo un sueño. Sólo tenemos este
momento, ¿lo ves?"
"¡Lo veo!"
dije, no seguro del todo de lo que veía.
"Todavía no he
acabado. ¿Te das cuenta que tus sensaciones sobre el pasado son sólo
un rayo de impresiones y memorias ocurriendo en el presente? Los
arrepentimiento del pasado son impresiones presentes ocurriendo
ahora. Las ansiedades sobre el futuro no tienen ninguna realidad
excepto en tu mente, en este momento, como imágenes, sonidos y
sentimientos. En otras palabras, el pasado y el futuro están pasando
ahora mientras tú los creas."
En un intento de
conseguir algo de dignidad, dije, "Sí, esta Ley de la Presencia
parece bastante abstracta."
"El tiempo es
abstracto," replicó. " De todas formas, puedes practicar
la Ley de la Presencia de diferentes formas para despejar
arrepentimientos, preocupaciones, o confusión. Tu habilidad para
volver a enfocar tu atención de nuevo en el presente va aumentando
con la práctica. Algún día, quizás seas capaz de vivir en el
presente como yo lo hago, con naturalidad."
Demasiado, pensé. Esta
gata tenía razón. Y claramente practicaba lo que predicaba.
Entonces mi mente divagó por un momento, y miré hacia la puerta.
¿Dónde estaba la santa? Tendría que haber vuelto hacía ya un buen
rato.
"¡Hollaaa!" oí
a la gata, devolviéndome al presente. "¿Entiendes que la Ley
del presencia puede cambia tu vida para siempre? Para siempre, por
supuesto, siendo ahora mismo."
"Ya conozco el valor
de vivir en el presente," contesté, intentando salvar algo de
dignidad personal.
"Saber y hacer no
son necesariamente la misma cosa, especialmente en tu caso,"
dijo alegremente. "Cuando tienes un problema, implica algo
pasado o futuro. Tú mantienes los problemas vivos en tu mente en el
presente poniendo tu atención y energía, dejándolos vivir sin
alquiler en tu cabeza. Yo, en cambio, no les doy mi tiempo. La vida
es demasiado corta," dijo con finalidad.
"Bueno, bien, su
excelencia, ¿ha acabado?"
"Ni mucho menos. No
hasta que verdaderamente hayas entendido que el pasado y el futuro no
son mas que un mal hábito de tu mente – de tu mente. Las
preocupaciones sobre el pasado y el futuro son como las ilusiones de
un hombre loco que oye voces o ve criaturas, que en realidad existen
sólo en su imaginación."
La ironía de oír esto de una gata no se me escapó.
"Pero,"
continuó, "cuando te vas dando cuenta de lo que haces contigo
mismo más y más, puedes corregir este hábito como cualquier otro,
recordando y aplicando la Ley de la Presencia." Paró de lamer
su piel y me dio su completa atención. "Sinceramente espero que
aprecies la Ley de la Presencia y el tiempo que me he pasado
explicándotela." Sin esperar mi respuesta, ella continuó: "La
presencia es como una máquina del tiempo que se enciende en la
mente, liberándote de la ansiedad, y dando vía a una nueva forma de
vivir. En otras palabras, te pareces más a mí."
"Casi no puedo ni
esperar," dije sonriendo.
"Como he dicho para
poder tener presencia, has de estar presente y ser consciente de
dónde estás y en qué momento estás. La presencia te enseña que
lo que haces hoy es importante, porque estás intercambiando un día
de tu vida a cambio. Por tanto, deja que esta ley deje tu mente clara
de ruinas innecesarias y te devuelva a un estado de claridad,
simplicidad y paz interior."
"Como tú," me
ofrecí.
"Y no olvides que no
importa como de reales y convincentes sean tus pensamientos, siempre
puedes llamar a las puertas de la Ley de la Presencia, recordándote
a ti mismo que sólo ahora existe, que sólo el ahora es real. Si lo
haces como un acto de reverencia, haciendo cada momento sagrado,
vuelves a aquel lugar de paz interior del que realmente provienes y
donde todo está bien."
"¿Es así de
sencillo volverse gata?"
"Podría representar
un tramo considerable, en tu caso," dijo, arqueando su espalda,
bostezando y caminando alrededor del fuego hacia la puerta. "Acoge
con amor este momento, pon un pie delante del otro, y aguanta todo lo
que está ante ti. Porque no importa por dónde divague tu mente, tu
cuerpo siempre permanece aquí y ahora. Cuando sientas ansiedad, pon
tu mente a descansar en el presente. Respira profundamente, y vuelve
aquí y ahora." La gata se volvió a estirar lujosamente, y sin
decir más palabras se fue por la puerta.
Casi tan pronto como la
gata se hubo ido, la santa reapareció y se sentó, sin dar ninguna
explicación. "¿Por dónde iba?" dijo ella. "Ah, sí,
estábamos discutiendo la Ley de la Presencia."
"Creo que ya ha
estado suficientemente cubierta" dije. Detecté algo, como
diversión en sus ojos. "¿Y dónde has estado tú?"
pregunté.
"Oh, fuera,
disfrutando el aire de la noche – apoyada a la cabaña allá,
detrás de ti."
"Pero – espera un
momento, ¿estabas tú ...?" Ni me molesté en acabar.
Simplemente miré mientras la santa, con gran presencia, puso una
pequeña olla suspendida en un palo verde sobre el fuego, y dejó
caer dentro unas hojas de té. Me preguntaba si nos pasaríamos la
noche hablando, pero entonces lo dejé ir y disfruté del momento –
y del té, el cuál resultó ser magnífico.
LA
LEY DE LA COMPASIÓN
EL
DESPERTAR DE NUESTRA HUMANIDAD
El Universo no nos
juzga; sólo nos provee de consecuencias y de lecciones y de
oportunidades para equilibrarnos y aprender a través de la Ley de la
causa y el efecto.
La Compasión nace del reconocimiento que cada uno de nosotros lo estamos haciendo tan bien como podemos dentro de los límites de nuestras creencias y capacidades actuales.
Que yo alimente a los hambrientos, perdone un insulto, y ame al enemigo – Estas son grandes virtudes.
Pero si tuviera que descubrir que los más pobres entre los mendigos y el más imprudente entre los ofensores
están todos dentro de mí, y que yo sobrevivo necesitando de las limosnas de mi propia caridad; que yo mismo soy el enemigo que tiene que ser amado – ¿Entonces qué?
La Compasión nace del reconocimiento que cada uno de nosotros lo estamos haciendo tan bien como podemos dentro de los límites de nuestras creencias y capacidades actuales.
Que yo alimente a los hambrientos, perdone un insulto, y ame al enemigo – Estas son grandes virtudes.
Pero si tuviera que descubrir que los más pobres entre los mendigos y el más imprudente entre los ofensores
están todos dentro de mí, y que yo sobrevivo necesitando de las limosnas de mi propia caridad; que yo mismo soy el enemigo que tiene que ser amado – ¿Entonces qué?
C.G.Jung
Mirando a través del
pequeño fuego, podía ver las llamas reflejadas en los ojos de la
santa. Su cara, ahora iluminada por la luz del fuego, aparentaba no
tener edad, excepto por unas líneas alrededor de los ojos – de
reír, supuse. Sonreía con frecuencia, de tal manera que cuando
parecía profundamente seria, podía detectar un subrayado sentido
del humor y de la perspectiva.
Después de pasar un rato
en silencio, mirando hacia los troncos que quemaban, me invitó a ir
fuera para aprender la Ley de la Compasión. Nos levantamos juntos y
anduvimos a través de la puerta.
Miré alrededor
desconcertado. ¿Había cambiado el terreno otra vez, o era un
espejismo al reflejo de la luna? Ante nosotros había un terreno
nivelado con suficientes árboles para ofrecer refugio de una
tormenta, que omitía la polución y traía un agradable olor de
tierra y de hojas mezcladas con hierbas.
"Todo se siente tan
vivo," remarqué.
"Y lo está,"
contestó ella, mientras acariciaba el áspero tronco de un árbol
cercano. Bajo la luz de la luna creciente, las redondeadas colinas se
convertían en curvas del cuerpo de la Tierra. "Extiende tu
mente mucho más allá de estas colinas," continuó ella.
"Alcanza y atraviesa los océanos, los glaciares, los volcanes,
los arrecifes, las grandes montañas por encima y por debajo de los
océanos, todo lleno de vida, todo – la carne y los huesos, la
sangre y el Espíritu de la Tierra, nuestra madre."
Ella acercó su dedo para
mostrarme una pequeña pulga, la cual saltó y desapareció. "Si
fueras una pulga," dijo ella, "y estuvieras en la espalda
de un elefante, sólo verías un bosque de pelos grises creciendo
alrededor de ti, sin ninguna idea de donde estabas. Pero si saltaras
muy arriba en el aire y miraras atrás, verías que de hecho vives en
la piel de una criatura viviente. Esto es lo que les pasó a los
primeros astronautas en el espacio: partieron de la tierra como
científicos y pilotos y regresaron como místicos, porque vieron un
único, glorioso, sagrado, azul y verde planeta vivo respirando. La
visión trae humildad, y con ella, un sentido de extrañeza y
compasión que es trasladado a los problemas de la vida ordinaria.
"Así como puedes
aprender equilibrio de una cigüeña y presencia de un gato, puedes
aprender la Ley de la Compasión de la Tierra, sobre la piel de la
cual vivimos, los árboles de la cual talamos y quemamos, la riqueza
de la cual explotamos, haciendo nuestros negocios sin pensar o pedir
permiso o agradecer."
La santa miró hacia el
oscuro cielo. "Durante muchos siglos he hablado con la Tierra.
Conozco su corazón, y te digo que ella comprende de una forma tan
profunda que te caerían lágrimas de los ojos si pudieras acercarte
a lo más superficial de su compasión. La tierra nos perdona porque
sabe que somos carne de su carne – somos una parte de ella que
todavía está aprendiendo y creciendo.
"Y por tanto yo te
pido esto," ella continuó, agachándose, cogiendo un poco de
rica tierra en sus manos, y dejándola caer entre sus dedos, "si
la Tierra puede perdonar tus errores, ¿no puedes perdonar tú, y
ofrecer a los demás compasión?"
Me estiré y miré al
cielo estrellado. "No creo que sea tan bueno teniendo
compasión."
"¿No te das mucha a
ti mismo, verdad?" preguntó ella gentilmente.
"No, supongo que
no."
"Entonces este es el
lugar para comenzar; cuanto más amor – y gentileza te des a ti
mismo, más podrás dar a los demás." Se levantó y volvió a
la cabaña. Yo la seguí. Mirándome por encima del fuego, con luz en
sus ojos, la santa reveló el corazón de esta Ley. "El tiempo
ha llegado, viajero, para que te veas a ti mismo y a los demás de
una nueva forma, libre de juicios y expectativas que aparecen entre
ti y el mundo. El tiempo ha llegado para entender que todos nosotros
– amigos y adversarios – hacemos lo mejor que podemos dentro de
nuestras capacidades, límites y creencias.
"Rumi, la poeta, una
vez escribió, 'Mucho más allá de las ideas de lo que está mal y
de lo que está bien, hay un lugar. Te conoceré allí. Cuando el
Alma esté estirada en esa hierba, el mundo estará demasiado lleno
para hablar sobre él.' Rumi pudo escribir esas palabras porque
entendió que los juicios son una invención humana – que Dios no
está aquí para juzgarnos, sino para proporcionarnos los medios para
aprender de nuestros errores para crecer y evolucionar." La
santa se giró hacia mi y me preguntó, "Si puedes aceptar que
Dios no te juzga, ¿porque deberías juzgar tú a los demás?"
"Procuro no juzgar a
los demás," dije, "pero, ¿qué hay sobre la gente
violenta o cruel?"
"La Ley de la
Compasión no es arbitraria o condicional," dijo ella. "Sabemos
que gente profundamente problemática y destructiva existe en este
mundo, y que las personas molestadas tienden a molestar a otros. La
compasión no significa dejar que esa gente te pise o que continúe
con ese comportamiento destructivo; algunos individuos necesitan ser
separados de la sociedad. Pero uno puede tener compasión a lo
diabólico sin sucumbir a ello. En una lucha puedes sentir compasión
por tus adversarios, incluso cuando la lucha es a muerte."
"Pero, ¿por qué
sentir compasión de la gente cruel o despiadada? ¿Por qué no
simplemente odiar lo que es odioso?"
"Esta es una
pregunta importante, y se merece una respuesta clara – una
respuesta que has de encontrar por ti mismo. Pero considera esto: El
odio y la compasión son diferentes tipos de energía; ¿con cuál
quieres llenar tu mundo?"
"No puedo discutir
tu buena voluntad," respondí, "pero todavía encuentro muy
difícil ser amable con los obstinados o aquellos que atacan a los
niños."
"¡Nunca dije que la
compasión fuera fácil!" dijo ella. "Pero fácil o no, la
Ley te dirige a actuar con amor y entendimiento en vez de odio o
ignorancia. Para hacerlo se requiere un gran salto de perspectiva –
al entendimiento de que vives en un universo tan justo como
misterioso. Esta profundidad de entendimiento fluye de la intuición
perspicaz a la inteligencia innata del Universo, la Inteligencia
Espiritual. Que tú obtengas ese entendimiento a través de la
observación, la razón, o creencia religiosa, revela, finalmente,
que en el mundo natural no tienes amigos, no tienes enemigos. Sólo
tienes profesores."
"Parece que uno
tiene que ser un santo para practicar esta Ley."
Sonriendo, ella contestó,
"La Ley de la Compasión presenta una demanda de amor que
trasciende nuestras limitadas perspectivas. Esto puede parecer
demasiado difícil a veces. Por tanto recuerda que la compasión
comienza contigo mismo. Sé gentil y ten paciencia. Todos nosotros
tenemos muchos pensamientos y sentimientos, positivos y negativos,
que salen de la mente y del corazón. No tienes que ser un santo,
pero en vez de creer o resistir los pensamientos negativos, deja que
la compasión los lave, en una ola de amor y entendimiento."
"Todavía me parece
muy santurrón."
La santa se levantó y
descansó unos momentos antes de girarse para encararme. "¿Puedes
recordar un momento en tu vida donde estabas metido en medio de una
discusión calurosa – cuando te sentiste ofendido, envidioso, o
engañado?"
"Sí," dije.
"Vuelve a uno de
esos momentos," dijo ella, "y siente el dolor y el enfado."
"De acuerdo, los
siento."
"Ahora imagina, en
medio de esta calurosa discusión, que la persona con la que estás
discutiendo de repente se agarra a su corazón, da un grito, y cae
muerta en tus pies."
"Dios mío,"
dije, visualizando lo que me había pedido.
"¿Dónde está tu
enfado ahora? ¿Dónde está tu envidia o celos, tu ofensa y tu
dolor?"
"Esos sentimientos
han desaparecido," contesté. "Pero – pero ¿qué
ocurriría si estuviera contento de que hubiera muerto? ¿Si no lo
pudiera perdonar?"
"Entonces puedes
perdonarte a ti mismo por no perdonarle a él. Y en ese perdón
encontrarás la compasión que cura el dolor de ser humano en este
mundo. Para pedir ese perdón cuando lo necesitas," añadió,
"imagina a tu mejor amigo, amor, o adversario, muerto en tus
pies como un día lo estarás tú a los pies del Espíritu Santo.
Entonces verás a través de unos ojos diferentes, porque la muerte
es el gran igualador. Todos vamos a dejar este mundo y dejar a
aquellos que queremos. Todos sentimos esperanza y desesperación;
todos compartimos sueños y pérdidas. Todos estamos unidos sin saber
porqué, en el misterio de la vida, haciéndolo lo mejor que
podemos."
"Quizás esto es a
lo que Platón se refería cuando escribió, 'Sé amable, puesto que
a todo el que conoces está luchando una dura batalla.'"
"Sí," dijo la
santa. "Ahora lo entiendes." Con eso, se dirigió a una
cama de hojas y se estiró. La miré durante unos instantes, en la
caída llama del fuego, mientras se quemaban los últimos tronquitos
y morían.
LA
LEY DE LA FE
CONFIANDO
EN EL ESPÍRITU SANTO
La Fe es nuestra conexión
directa a la sabiduría Universal, recordándonos que sabemos más de
lo que hemos oído, leído o estudiado – que sólo tenemos que
mirar, escuchar, y confiar en el Amor y la sabiduría del Espíritu
Universal que opera a través de todos nosotros.
La Fe le pide al Alma que vaya más lejos de lo que puede ver
La Fe le pide al Alma que vaya más lejos de lo que puede ver
William Clarke
Cuando me desperté ella
ya no estaba, y no tenía idea de si volvería. Me levanté
rápidamente, fui afuera, y la busqué, pero no encontré ningún
signo, ni una huella. Mientras los minutos pasaban, las dudas
vinieron, como nubes negras a través de mi mente. ¿Existía ella
realmente, o había sido todo un excéntrico sueño? No, por supuesto
que había sido real, y bueno, y cierto.
Entonces mientras miraba
hacia los bosques, la vi, de pie bajo las tranquilas sombras
matinales al lado de tres ciervos. En ese instante ella parecía uno
de ellos, un ciervo en forma humana, y me sentí como un forastero.
Se giraron al mismo tiempo y me vieron. Los ciervos se metieron en el
bosque y desaparecieron mientras la santa se me acercó.
"Hay algo que me
gustaría enseñarte," dijo ella, dándome unas cuantas fresitas
silvestres. "A los ciervos les gustan, pero quizás tú las
encuentres un poco ácidas." Ella tenía razón; de todas formas
satisfacieron mi hambre y me llenaron de una sensación de ligereza y
vitalidad. Entonces, fuimos de escalada. Parando sólo para beber con
las manos de una pequeña cascada, la seguí, paso a paso, a un
pequeño prado de hierba, donde crecía un colorido campo de flores –
rojas, amarillas, y espléndidas azules.
"Mirar cómo se
abren las flores bajo la luz de la mañana me recuerda a la Ley de la
Fe," dijo la santa.
"¿Trata esta Ley
sobre alguna religión?" pregunté.
"La fe no requiere
una creencia en un Dios exterior – sólo una creencia en flores,"
dijo ella, riendo. "Pero si uno aprecia las flores, ciertamente
está apreciando a Dios – no como una mera creencia mental, sino
como un sentimiento de admiración y misterio. La Ley de la Fe
consiste en creer en el amor inherente y en la Inteligencia que
trabaja a través de ti y en toda la creación."
"Bueno,
honestamente, no puedo decir que confíe en todo el mundo."
La santa rió. "La
fe no es ciega. Todos conocemos a gente que es deshonesta o
peligrosa, y por lo tanto debemos ser fuertes y cautelosos en este
mundo. Esta es la razón por la que una santa árabe ofreció el
recordatorio: Cree en Alá, pero ata a tu camello.
"Practicar la Ley de
la Fe no significa confiar en todas las personas para hacer la cosa
más adecuada. Tiene un significado más trascendente y superior. La
Fe es el reconocimiento de que el Espíritu Santo trabaja, a través
de cada uno de nosotros – a través de cada persona y cada
circunstancia. La Fe implica también una actitud de que cualquier
cosa que suceda sirve un bien superior, a pesar de las apariencias
contrarias.
"Esto es como una
moraleja, ¿no? Especialmente difícil si uno padece una tragedia."
"La fe es una de las
más grandes moralejas, uno de los más grandes saltos de consciencia
que un ser humano puede hacer. Porque todo lo que tienes que hacer
es, bien, tener fe."
"¿Y cómo hago ese salto?"
La santa se sentó,
acomodándose como una hoja en la cuesta de césped, y me preguntó,
"¿Qué pasaría si supieras con certeza que una inteligencia
superior estuviera trabajando a través de ti y a través de todo el
mundo por el mejor bien de la humanidad – que de hecho hay un
propósito para cada placer y dolor?"
"Si supiera eso,
marcaría una gran diferencia."
"La Ley de la Fe no
necesariamente requiere que creas esto, viajero, pero te guía para
que vivas tu vida como si esto fuera cierto; en otras palabras, con
fe. Y mientras vives en la Luz de esta Ley, ésta transformará tu
percepción y experiencia del mundo. Comenzarás a ver cada
dificultad como una prueba para instruirte; encontrarás lecciones y
oportunidades en cada reto."
"¿Estás sugiriendo
que valore la fe por encima de la razón?"
Ella rió, aparentemente
encontrando mi comentario divertido. "La fe no es lo opuesto de
la razón. Aplicar la Ley de la Fe es una de las cosas más
prácticas, razonables, y constructivas que puedes hacer para vivir
una vida inspirada."
Estirándose para tocar
uno de los pétalos de las flores, ella añadió, "Como una de
las formas de la naturaleza más delicadas y vulnerables, la vida de
una flor es corta y sutil. Una pelota descuidada, un invierno seco,
una fuerte lluvia puede marcar una diferencia de vida – muerte a
una delicada flor. Y aún así, cada mañana se abre completamente.
Las flores tienen muchas cosas que enseñarnos sobre la fe. Cuando
cultivas el jardín de la fe en tu propia vida, tú, como esta flor,
cobrarás vida de una forma diferente."
Miré hacia abajo y toqué
la delicada flor, tan frágil y vulnerable. Por primera vez, me di
cuenta de que yo no tenía ni la fe de una flor. Las siguientes
palabras de la santa respondieron con precisión mis sentimientos más
interiores. "La fe es el orden Divino que propagan todas las
cosas, la luz bajo tus ojos, la inteligencia del Amor y de los
misterios que se emanan del corazón de la creación."
"¿Cómo puedo
experimentar esa calidad de fe en mi vida diaria?" pregunté.
"Para comenzar
escucha a la sabiduría intuitiva de tu corazón, tu Inteligencia
Espiritual, donde habla el Espíritu Santo dentro de ti. Hay tanta
gente que sólo se apoya en los libros, los profesores, científicos,
físicos, oráculos, u otros para pedir consejo o para que les
dirijan, o para validar sus puntos de vista..."
"¿Pero no estoy yo
apoyándome en tu consejo y dirección?"
Una pequeña llovizna
comenzó a caer, convirtiéndose en una fuerte lluvia. La santa me
condujo bajo unas ramas que sobresalían mientras respondía. "Los
profesores y los libros tienen su valor, y fuentes de guía e
inspiración podrían entrar en tu vida de diferentes formas. Pero
nunca olvides que el tesoro ya está dentro de ti; los otros no te
pueden dar nada que tú no tengas ya; sólo pueden darte llaves para
que accedas a tu propia riqueza interior. Escucha bien a aquellos que
hablan desde la experiencia y abraza la sabiduría allí donde la
encuentres, pero siempre compara la guía externa con la sabiduría
de tu propio corazón."
"Ha habido veces que
he confiado en mí mismo, he tomado una decisión, y me he
equivocado."
"Puedes escoger un
camino por encima de otro, después encontrarte con un gran dolor y
dificultad como resultado de esa decisión. ¿Quiere eso
necesariamente decir que has tomado la decisión equivocada en
términos de tu mayor bien y aprendizaje?"
"Bien, no, supongo
que no."
"Fe es asumir que
siempre tomas la decisión acertada."
"Me encantaría
tener tanta Fe en mí mismo."
"La confianza en uno
mismo," ella me ofreció, "se desarrolla naturalmente, a
partir de tu propia experiencia; aprendes a desarrollar, equilibrar e
integrar la confianza en tus instintos corporales, las intuiciones de
tu corazón, y las habilidades de tu mente, accediendo de esta manera
a tu propia Inteligencia Espiritual."
En el mismo momento que
una pequeña gota de agua enfriaba mi frente, la santa señaló a una
piedra de la cual caía agua por una grieta, formando una cascada que
rompía en las rocas de debajo. "¿Puedes ver cómo al parecer
el agua salga de las rocas?" preguntó ella. "De todas
formas, tú sabes que el agua no viene de las rocas, si no que fluye
a través de ellas – que la fuente del agua está encima. Como el
agua, la sabiduría superior no proviene de tu cerebro si no que
fluye a través de él. Tú eres como una garrafa para ser llenada
con hechos; tú eres mas bien un receptor que una emisora de radio,
conectado a la Inteligencia Espiritual que opera a través de la
creación. Todo lo que tienes que hacer es escuchar y confiar."
"Ojalá estuviera
tan seguro de eso como tú," dije.
La santa volvió a
sonreír. "Fe significa vivir con incertidumbre, viajero, -
sentir tu camino a través de la vida, dejando que tu corazón te
guíe como una linterna en la oscuridad. No hay seguridad absoluta
excepto en la fe absoluta. Esto no significa que todas las
circunstancias irán a favor de ti o que la justicia Divina siempre
opere para herir o curarte. Todo tipo de eventos, maravillosos y
terribles, pueden suceder en este mundo. Nuestra pequeña mente no
siempre puede ver el marco completo de los acontecimientos o saber lo
que es para nuestro bien mayor. Por tanto, a pesar de la inseguridad
y confusión de la vida, cuando puedas aprender a vivir con fe, como
una flor, confiando en el Espíritu Santo trabajando acorde a un
deseo más allá del alcance de nuestra mente, verás el Espíritu
Santo operando en todas partes, en cada uno y en todos.
Durante muchos minutos,
mientras subíamos y bajábamos un camino serpenteante, mi mente se
mantuvo en silencio, hasta que finalmente, otra pregunta surgió.
"¿Cuando sea capaz de acceder a tal sabiduría interior, seré
guiado, como tú, y evitaré cometer tantos errores?"
Ella rió. "Hace
unas semanas tropecé y me caí rodando media montaña abajo."
"¿De veras?"
"Sí, pero mientras
permanecía estirada en el suelo, encontré una piedra maravillosa,
que me la hubiera perdido si no me hubiera caído. Por tanto, ya ves,
tener fe no significa ser infalible y que todas las cosas vayan a
favor tuyo. La fe incluye la voluntad de ampliar tu abanico, cometer
errores, y aprender de ellos – en otras palabras, confiar en el
proceso de los acontecimientos, en el proceso de tu vida. Cuánto más
confíes de esta manera en tu Inteligencia Espiritual, más
trabajarás junto a Ella directamente como una fuerza viviente de tu
vida."
Cuando la santa acabó de
hablar, la lluvia paró. Saliendo de debajo de algunos árboles hacia
el calor solar, sentí un extraordinario sentimiento de calma y
bienestar. En ese momento, supe que a pesar de los retos y tests a
los que se enfrenta la humanidad, nuestro mundo estaba en las manos
del Espíritu Santo, inclinándose, como una flor, hacia la luz.
LA
LEY DE LAS EXPECTATIVAS
LA
EXPANSIÓN DE NUESTRA REALIDAD
La Energía sigue al
pensamiento; nos movemos hacia, pero no más allá, de lo que podemos
imaginar.
Aquello que asumimos, esperamos, o creemos crea y da color a nuestra experiencia.
Expandiendo nuestras más profundas creencias sobre lo que es posible, cambiamos nuestra experiencia de la vida.
Nuestras vidas están moldeadas no tanto por nuestras experiencias, sino por nuestras expectativas.
Aquello que asumimos, esperamos, o creemos crea y da color a nuestra experiencia.
Expandiendo nuestras más profundas creencias sobre lo que es posible, cambiamos nuestra experiencia de la vida.
Nuestras vidas están moldeadas no tanto por nuestras experiencias, sino por nuestras expectativas.
George Bernard Shaw
Continuamos en silencio a
través del serpenteante camino de ciervos, hasta que llegamos a una
llanura, donde la santa se detuvo bruscamente. Me volvió a dar una
piedra y señaló hacia el tronco de un árbol a unos seis metros de
distancia. "Tengo un reto para ti," anunció.
"¿Otro árbol?"
pregunté.
"Sí. Pero esta vez
sólo tienes una piedra – un intento para dar al centro del
tronco."
"¿Y si no lo hago?"
"Tengo más tesoros
para compartir, pero si fallas, nuestro tiempo juntos se habrá
acabado," dijo ella.
"¿Hablas en serio?"
"Todo lo que digo va
en serio."
"¿Por qué es tan
importante que le dé al árbol en un sólo intento?" pregunté,
señalándolo.
"No ese árbol,"
me corrigió. "El otro, allá." Señaló a un almendro muy
grande, a unos treinta metros.
"¡Es imposible que
le dé en un solo intento! ¿Qué hay sobre la Ley del Proceso? ¿No
debería comenzar más cerca?"
"Esto no trata sobre
la Ley del Proceso. Esto va sobre la Ley de las Expectativas –
sobre cómo tus creencias y todas las ideas que asumes moldean tu
experiencia."
"Bueno, entonces lo
admito. No creo que pueda dar a ese árbol."
"Yo creo que lo
harás," dijo ella sonriendo.
"¡Si tú lo crees,
entonces dale tú!" respondí, sosteniendo la roca con
nerviosismo.
Ignorando mi comentario,
la santa se sentó y me invitó a hacer lo mismo, pero yo lo decliné.
"Preferiría estar de pié si no te importa. Estoy un poco
tenso."
"Céntrate en el
presente", me recordó. "Siempre tendrás tiempo de
preocuparte después si quieres."
Entonces me senté y
escuché. "Antes de que algo se manifieste en este mundo,"
comenzó ella, "primero aparece como un pensamiento o imagen en
la mente de alguien. Tus pensamientos colorean las ventanas de tu
mundo; tus creencias se convierten en los cimientos de tus
experiencias. En otras palabras, cada pensamiento positivo es una
oración, y cada oración es contestada."
"¿Tú realmente
crees eso?" pregunté.
"Lo que yo crea
ahora mismo es menos importante que lo que tú crees," contestó
ella. "No lo que tú piensas que crees; tales creencias
superficiales tienen un impacto pequeño. Sólo los más profundos
conceptos que tienes asumidos tienen el poder de moldear tu
realidad."
"Esto me recuerda un
viejo poema," dije. "Dos hombres miraron a través de los
barrotes de una prisión; uno vio polvo, el otro vio estrellas."
"Sí," dijo
ella. "Lo que ves depende de donde escoges mirar, y dónde miras
de lo que esperas ver: Si crees, por ejemplo, que no se puede confiar
en la gente, verás el mundo a través del filtro de estas
expectativas y subconscientemente irás en busca de evidencias que
apoyen tu expectativa. Tus creencias influencian las alternativas que
escoges, las direcciones que tomas, incluso los amigos, adversarios,
y destino que encuentras. Tus creencias ponen en movimiento procesos
interiores y comportamientos que influyen cómo te mueves, actúas, y
sientes. A unos niveles más sutiles, tus pensamientos incluso
afectan el color de tu campo de energía, al cual otra gente
responde. Si, por ejemplo, percibes a la gente de alrededor de ti
como amigos a los que gustas, estás relajado y expansivo; tu energía
y comportamiento los acerca a ti. Esta es una de las maneras de cómo
tus expectativas moldean tu realidad."
"Todo esto tiene
sentido, y no puedo esperar a aprender cómo me va a ayudar todo esto
a dar a ese tronco en mi primer intento."
"Tu único intento,"
me corrigió ella, haciéndome un gesto para que me levantara.
"Ahora, enfoca toda tu atención en el árbol, prepárate para
lanzar la piedra, y grita, ´Puedo tocar el tronco con facilidad´."
Sintiéndome estúpido,
dije, "De acuerdo. Puedo tocar ese árbol con facilidad."
No me lo creí ni por un segundo, por supuesto. De hecho, estaba
lleno de dudas: No había forma de que diera a ese árbol que estaba
a treinta metros en mi primer intento o probablemente en ninguno –
no si lanzaba a la izquierda y luego a la derecha, no si me acercaba,
lo cual ella no me dejaría hacer de ninguna manera, no si fuera un
jugador de béisbol profesional. A nadie se le puede exigir una cosa
así; ¡estaba demasiado lejos!
"Darle al árbol es
fácil," dijo la santa, respondiendo otra vez a mis
pensamientos. "El reto es superar los pensamientos negativos que
te paran."
Cogió una piedra. Me
quedé completamente boquiabierto mientras ella lanzaba la piedra al
aire, y golpeaba al centro del tronco. "Esto sólo era para
conseguir tu atención," dijo ella sonriendo, mientras yo miraba
con los ojos completamente abiertos. "No es suficiente con que
te repitas una y otra vez que puedes hacerlo," me explicó ella,
"no mientras tus dudas más profundas te estén robando la
manifestación de tu Inteligencia Espiritual, quitándote el enfoque
y la fuerza. Quiero que saques estas expectativas negativas al
descubierto –a la luz de tu consciencia ordinaria donde las puedas
ver tal y como son. Adelante, ¡sácalas de un grito con todas tus
fuerzas!"
Me sentí muy estúpido,
pero hice lo que me pidió; grité todas las razones por las cuales
no podría golpear aquel árbol. Voceé todas mis dudas, tal y como
me iban surgiendo, una y otra vez, con fuerza.
"Ahora," dijo
ella, "mira al árbol otra vez, y crea esta expectativa: Puedo
golpear el árbol con facilidad."
Por tanto, lo dije otra vez - "Puedo golpear al árbol con facilidad" y la cosa más extraña ocurrió: No apareció ni una sombra de duda. Era simplemente cierto. Lo sentía; ¡lo creía completamente! Sonó auténtico y real. Mientras miraba el árbol, sentí una línea de energía que me unía al árbol, y sabía que la piedra seguiría esa línea hasta el objetivo. Me puse de pie, en equilibrio. No existía nada mas que yo, la piedra, y el árbol. Por un instante, desapareció mi identidad. Es entonces respiré profundamente y lancé la piedra. En el momento que la dejé ir, sabía que daría a su objetivo. La vi volar, atraída al árbol como un imán. La piedra dio al árbol en el centro, y mientras le daba, algo cambió dentro de mi. Entendí la Ley de las Expectativas: antes de poder hacer algo, debía creerlo; tenía que realmente esperarlo.
Por tanto, lo dije otra vez - "Puedo golpear al árbol con facilidad" y la cosa más extraña ocurrió: No apareció ni una sombra de duda. Era simplemente cierto. Lo sentía; ¡lo creía completamente! Sonó auténtico y real. Mientras miraba el árbol, sentí una línea de energía que me unía al árbol, y sabía que la piedra seguiría esa línea hasta el objetivo. Me puse de pie, en equilibrio. No existía nada mas que yo, la piedra, y el árbol. Por un instante, desapareció mi identidad. Es entonces respiré profundamente y lancé la piedra. En el momento que la dejé ir, sabía que daría a su objetivo. La vi volar, atraída al árbol como un imán. La piedra dio al árbol en el centro, y mientras le daba, algo cambió dentro de mi. Entendí la Ley de las Expectativas: antes de poder hacer algo, debía creerlo; tenía que realmente esperarlo.
Moviendo la cabeza en
afirmación la santa dijo, "Antes de hacerlo, lo viste ocurrir
en tu mente. Y en tu vida diaria, si creas imágenes positivas,
circunstancias felices, y resultados exitosos, estos se vuelven
reales para tu mente más profunda, la cual a partir de tales
experiencias construye para atraer otras similares. La Ley de las
Expectativas te recuerda tu poder intrínseco para moldear tu vida a
través de imágenes y expectativas que tú creas. A base de airear
todas tus dudas, las arrancas de las profundidades de tu mente para
que se disuelvan a la luz de la consciencia."
"¿Qué pasaría si
me creara la expectativa de que puedo volar? ¿Podría utilizar el
mismo proceso?"
"No me gustaría
disipar tu entusiasmo, viajero, pero las Leyes Espirituales que se
manifiestan en este plano de realidad, son muy antiguas para nuestras
creencias humanas; la gravedad existe, creas o no en ella."
"Por tanto, incluso
dispersando todas mis dudas, sería incapaz de volar."
"¡Claro que sí que
puedes volar!" dijo ella. "¡Puedes flotar en el aire,
volar hacia el espacio, y aterrizar en la luna! Grandes dudas e
investigaciones científicas tuvieron que ser superadas antes de que
la humanidad pudiera hacer lo imposible y volar. Al igual que en ti,
dentro de las Leyes Espirituales no hay límites excepto en nuestras
creencias. Nuestro futuro como individuos y especie reflejará
nuestra habilidad para entender y aplicar la Ley de las
Expectativas."
Mientras bajábamos hacia
el valle, la santa continuó. "La Ley de las Expectativas
subraya la importancia de examinar tus viejas creencias e ideas fijas
que asumes, reemplazando dudas auto-destructivas por imágenes vivas,
y creando nuevas creencias basadas en claras intenciones."
"¿Qué pasa si no
hay ninguna evidencia para apoyar esa creencia?" pregunté.
"Esto es lo que he
tratado de transmitirte," dijo ella. "¡Créelo de todas
formas! Las expectativas atraerán la evidencia."
"Lo haré lo mejor
que pueda," respondí. "Pero hablando de dudas
auto-destructivas," dije, "leer los periódicos a veces me
deprime; es fácil perder las esperanzas en la humanidad, con todos
nuestros problemas medioambientales, niños abandonados, crimen, y
avaricia."
"Yo estoy repleta de
esperanzas," dijo la santa. "Estoy llena de Fe. Existen
problemas reales. Pero incluso cuando nos centramos en los temas que
más ayuda necesitan, es más sabio enfocar nuestra atención en
resultados positivos y en nuestro potencial humano. La Ley de las
Expectativas nos enseña que lo que enfocamos se expande; forcejear y
recrearnos en los problemas sólo los fortalece dándoles energía.
Por lo tanto céntrate en las soluciones, no en los problemas."
La santa miró hacia un
halcón que estaba por encima de nuestras cabezas, flotando como una
cometa al viento, y compartió un último recordatorio sobre la Ley
de las Expectativas. "Como los antiguos alquimistas, viajero, tú
puedes transmutar la duda en confianza, y el miedo en coraje. Nuevas
expectativas traen nuevas alternativas. No esperes que las
experiencias te lo confirmen. Crea una visión positiva de qué te
gustaría y seguro que lo conseguirás."
LA
LEY DE LA INTEGRIDAD
LA
VIDA EN NUESTRA VERDAD
Integridad significa
vivir y actuar alineado con las Leyes Espirituales y con nuestra más
alta conciencia,
a pesar de impulsos a hacer lo contrario.
Del corazón de la integridad, reconocemos, aceptamos, y expresamos nuestra auténtica realidad interior, inspirando a los demás no con palabras, sino con nuestro ejemplo.
No estoy seguro de ganar pero estoy seguro de ser verdadero.
No estoy seguro de tener éxito pero estoy seguro de vivir de acuerdo a la luz que tengo.
a pesar de impulsos a hacer lo contrario.
Del corazón de la integridad, reconocemos, aceptamos, y expresamos nuestra auténtica realidad interior, inspirando a los demás no con palabras, sino con nuestro ejemplo.
No estoy seguro de ganar pero estoy seguro de ser verdadero.
No estoy seguro de tener éxito pero estoy seguro de vivir de acuerdo a la luz que tengo.
Abraham Lincoln
Después de ver el halcón
girar con las corrientes de aire, nos dirigimos hacia un valle
profundo donde los árboles llevaban un lazo de musgo de esmeralda.
Mientras descendíamos reflexioné sobre las Leyes que había
aprendido hasta el momento, pero apenas pude recordar algún detalle.
Refiriéndose a mis
preocupaciones, la santa dijo, "no tienes que recordar todas las
palabras, viajero. Las palabras son sólo sonidos. Algunas voces
tienen el poder de penetrar el corazón y tocar el alma. Esta
autoridad espiritual sólo la adquieres viviendo acorde a las Leyes
de la Espiritualidad."
Deteniéndose, ella miró
en la lejanía y señaló un pico ante nosotros. "¿Puedes ver
la cima de esa colina?"
"No querrás que le
de con una piedra, ¿verdad?"
Ella sonrió. "No,
nada de eso. Sólo quiero que vayas hasta arriba del todo y vuelvas
aquí en treinta minutos."
Miré hacia la cima.
"¿Treinta minutos? Pero si hasta corriendo a tope todo el
camino de ida y vuelta, dudo que – quiero decir, supongo que podría
trabajar con mis creencias -"
"Te quedan
veintinueve minutos," dijo ella.
Me callé y salí.
La carrera fue difícil y
dolorosa. A mitad de camino para arriba, mis pulmones quemaban de tal
manera que consideré la posibilidad de dar media vuelta antes de
alcanzar la cima. Sentí que no podía continuar, pero tenía que
hacerlo, y por tanto lo hice; llegué a mis límites y los superé.
Cuando volví casi caí a
sus pies. Llegué diez minutos tarde. Estaba respirando con fuerza y
me estaba planteando que significaba ese fracaso, cuando la santa
preguntó, "¿por qué no te has vuelto antes de llegar a la
cima? De esa manera habrías podido llegar a tiempo. ¿Quién hubiera
sabido la diferencia? Yo no lo hubiera sabido."
"Yo sí," dije
recuperando la respiración. "Yo lo hubiera sabido."
Ella sonrió. "Ahí
la tienes: la Ley de la Integridad consiste en vivir en consonancia
con tu mayor conciencia a pesar de los impulsos a hacer lo contrario
– sobre cómo te comportas cuando nadie te está mirando."
La santa me guió,
todavía jadeando, hacia una cuesta que nos llevó a un lago
estacional, todavía lleno de las lluvias del invierno. Sin rastro
alguno de conciencia de identidad, se quitó sus ropas exteriores y
se metió en el lago. Yo hice lo mismo. No era una experiencia diaria
estar a solas en las montañas, casi desnudo con otra mujer que no
fuera mi esposa. La santa era suficientemente atractiva; me encontré
preguntándome si tenía una vida amorosa. Sentí un poco de
culpabilidad. No es que tuviera ningunas intenciones sexuales – yo
tenía mis reglas – pero no puedo negar que el pensamiento no
cruzara mi mente.
Justo entonces, ella se
giró hacia mí y respondió a mis pensamientos: "Romper los
códigos de la sociedad es como nadar hacia arriba por un río,
contra la corriente de los valores contemporáneos. Puede ser hecho
si es el deseo más profundo de tu corazón, pero hace la vida más
difícil – exhausta – y tiene consecuencias."
"¿Cómo cuales?"
"Tales como agitar
las creencias y emociones de otros que se toman esas creencias muy en
serio," dijo ella.
"Por tanto,
¿significa tener integridad seguir los estándares sociales?"
"Seguir los
estándares de vuestra sociedad y evitar lo que no está considerado
ético, legal, o moral, no es cosa de integridad; eso es tener
sentido común."
"Por tanto
¿recomiendas conformidad porque es más fácil?"
"Yo no recomiendo
que aceptes algo ciegamente o te rebeles ciegamente. Simplemente
mantén los ojos bien abiertos, y pon más atención a la
Inteligencia Espiritual de tu corazón en vez de complacer o negar
impulsos o deseos aleatorios. Sigue la guía en integridad de Martin
Luther: Ama a Dios y haz lo que te apetezca."
Haz lo que te apetezca,
pensé, preguntándome por un momento si esto era algún tipo de
invitación, y qué haría si lo fuera. Mis reflexiones fueron pronto
interrumpidas por las palabras de la santa mientras se ponía la ropa
y me indicaba que yo también debería hacer lo propio. "Como
decía, viajero, la Ley de la Integridad pide una genuina expresión
de nuestra realidad interior. También reconoce que si la envidia, la
avaricia, y la manipulación influencian nuestras acciones y
expresiones, las consecuencias son inevitables, están construidas en
la mecánica del universo. Al romper las Leyes Espirituales, el
propio acto es el castigo, poniendo en movimiento fuerzas sutiles las
consecuencias de las cuales no nos podemos escapar más de lo que nos
podemos escapar de la ley de la gravedad."
En ese instante ya nos
habíamos adentrado más en el valle, donde empinadas vertientes y
gruesos matorrales componían los sonidos de nuestro paso. Perdido en
el pensamiento sobre lo convencional, los deseos, y la integridad,
casi choqué con la santa, que se había parado para señalar un
lagarto que había salido de la grieta de una roca. "Ese lagarto
no intenta ser algo diferente," dijo ella. Entonces comenzó a
señalar un objeto detrás de otro, diciendo, "Esto es un árbol.
Allí hay una riera -"
"Sí,"
interrumpí. "Ya los veo."
"¿Pero puedes
sentirlos?"
"No estoy muy seguro
de qué quieres decir."
"A diferencia de las
criaturas del mundo natural, los humanos están rodeados por el
artificio social, apartándose de su propia verdadera naturaleza."
Entonces, casi hablando
en un susurro, ella dijo, "Los shamans – los curanderos de los
nativos – practican el arte del cambio de forma. Este arte no
consiste en cambiar tu cuerpo sino en propagar tu conciencia a los
animales, árboles, o riachuelos para poder sentirlos – aprender
sus lecciones – identificándose con cada uno de ellos para poder
sentir sus cualidades interiores y convertirte interiormente en
ellos. Esto es posible porque el Yo auténtico contiene todas estas
cosas."
"¿Qué tiene todo
esto que ver con la Ley de la Integridad?"
"Supuse que lo
preguntarías," dijo ella sonriendo. "Mi amigo Lao-tzu una
vez dijo, ´El oso polar no tiene que bañarse para ponerse blanco; y
tú tampoco tienes que hacer nada excepto ser tú mismo´. El mundo
natural está repleto de tal autenticidad; el caudaloso río, el
movido viento, y los ruidosos grillos están contentos de ser ellos
mismos. ¿Estás tú completamente contento con quién eres – no
ser nada más, ni nada menos?"
"¿Qué pasa si
quiero convertirme en algo más?" pregunté.
"¿Más?" la
santa sonrió. "¿Cómo podrías ser más? ¡Tú ya no tienes
límites! Cuando dejes el cuerpo, viajero, nadie en las puertas del
cielo te preguntará si fuiste un santo; te preguntarán si fuiste tú
mismo, si hiciste el papel para el que has venido a la Tierra.
"La sabiduría de
los años," continuó ella, "de Platón a Shakespeare, nos
recuerda, ´Conócete a ti mismo,´ y ´sé verdadero.´ Integridad
significa ser íntegro, conociéndonos a nosotros mismos y siendo
nosotros mismos, para que nuestras acciones sean auténticas,
consistentes con nuestras intenciones supremas – para que nuestro
cuerpo, mente, emociones, y actitudes se complementen entre sí,
formando un todo mucho mayor que la suma de las partes.
"No tiene sentido
hablar de integridad hasta que entendamos nuestros más profundos
incentivos, valores, y motivos – hasta que aceptemos quienes Somos,
nuestra Luz, en vez de quienes esperamos ser o pretendemos ser. Una
persona puede donar a los pobres por amor y compasión; otro puede
hacerlo por culpabilidad, o por la necesidad de impresionar a los
demás; cada uno de los dos demuestra caridad; sólo uno muestra
integridad. Motivos e intenciones marcan una gran diferencia en las
vidas de los que dan y en los que los que reciben, porque damos mucho
más que monedas; damos la moneda de nuestro ser."
"Me está dando la
impresión que es mucho más difícil conseguir vivir la integridad
de lo que pensaba."
"Todo es difícil
hasta que se convierte en fácil," contestó la santa. "Se
necesita coraje y ser abierto para conseguir autenticidad – ser
capaz de decirte a ti mismo y al mundo, ´Te guste o no, este soy
yo,´ y después vivir esa verdad. Pero una vez que aceptas tu
humanidad, la integridad no es nada difícil. No se trata de ser
perfecto o infalible; todos hemos cometido errores. Sólo podemos
hacerlo lo mejor posible y aprender de nuestros fallos, para que
podamos hacerlo mejor la próxima vez. Estar unido a la Ley de la
Integridad significa aceptar nuestras flaquezas y aferrarnos a
nuestra fuerza interior, y así convertirnos en ejemplos vivientes
que enseñan el camino a otros."
"Quizás esto es a
lo que se refería Mahatma Gandhi cuando decía, ´Mi vida son mis
enseñanzas´."
"Sí,"
respondió ella. "Los niños nunca han sido muy buenos
escuchando a sus padres, pero nunca fallan a la hora de imitarlos."
"No creo que sólo
te estés refiriendo a los niños."
"De hecho no,"
replicó la santa. "Todos nos influenciamos los unos a los otros
por medio de nuestro ejemplo, y todos aprendemos imitando, seamos o
no conscientes de ello. Influimos a los demás no tanto por lo que
decimos, sino por cómo vivimos.
"Una vez caminé por
una carretera junto a una señora que se hacia llamar a sí misma
Peregrina De La Paz," continuó la santa. "Ella viajaba por
fe, caminando hasta que era ofrecida refugio y ayunando hasta que era
ofrecida comida, recordándonos, ´Vivid acorde con vuestra Luz
suprema y más Luz os será otorgada.´ Esto resume la esencia de lo
que es integridad, viajero, y tú eres llamado a practicarla."
LA
LEY DE LA ACCIÓN
DAR
MOVIMIENTO A NUESTRA VIDA
No importa lo que
sintamos o sepamos, no importan nuestras dotes potenciales o
talentos, sólo la acción les da vida.
Muchos de nosotros entendemos conceptos como el compromiso, el coraje, y el amor, pero en realidad saber es hacer.
Hacer trae la comprensión, y las acciones convierten conocimientos en sabiduría.
No puedes atravesar el mar simplemente mirando al agua.
Muchos de nosotros entendemos conceptos como el compromiso, el coraje, y el amor, pero en realidad saber es hacer.
Hacer trae la comprensión, y las acciones convierten conocimientos en sabiduría.
No puedes atravesar el mar simplemente mirando al agua.
Rabindranath Tagore
Emergiendo del valle,
escalamos una pequeña, pero pronunciada pendiente y desembocamos en
una cuesta justo por encima de la cabaña de la santa. Mi estómago
no dejaba de rugir. Exceptuando aquellas fresitas, no había comido
en dos días. Justo entonces la santa anunció, "Es hora de
comer." "¡Que bueno!,"
dije yo. "Justamente lo que estaba pensando"
"Lo sé," dijo
ella. "Puedo oír a tu estómago rugir." Sonriendo me llevó
a un jardín que ella misma había cultivado. Un riachuelo fluía a
través de él, y era usado para irrigar las coloridas hierbas,
frutas, y verduras que crecían allí.
"Coge cualquier cosa
que te apetezca."
Cocinamos un potaje con
patatas, salpicado con pimiento y algunas hierbas que no reconocí,
servidas junto a una ensalada fresca. Mientras nos sentábamos a
comer, la santa habló de la Ley de la Acción. "No puedes vivir
de buenas intenciones," comenzó. "Para preparar esta
comida, he despejado el terreno, cavado el suelo, y sembrado las
semillas, antes de recoger la cosecha. Hacen falta más que sueños y
buenas intenciones para vivir en este mundo; se necesita acción."
Mientras comíamos, me
explicó un incidente – de una vida anterior, supuse. "Yo no
siempre aprecié la diferencia entre las ideas y la acción,"
dijo la santa. "Cuando era una joven estudiante en la India,
aprendí una importante lección. En aquellos tiempos, yo procedía
de una familia privilegiada, y pasaba la mayoría de mi tiempo
leyendo. Un día, durante un viaje, mientras un barquero me llevaba a
través de un ancho río, le describí todos mis conocimientos y cómo
los había conseguido. El barquero me escuchó atentamente; entonces,
después de un rato, me preguntó: ¿sabes nadar? ´No,´ contesté,
´no puedo.´ ´Entonces me temo que todos tus conocimientos son una
pérdida,´ dijo el barquero. ´El barco se hunde."
Los dos nos reímos
mucho.
"Entonces, ¿qué
pasó?" le pregunté.
"Oh, me ahogué,"
contestó ella. "Fue una lección que nunca olvidaré. Este
mundo es un reino de energía y acción; no importa lo que sepas o
quién seas – tampoco importa la cantidad de libros que hayas leído
o los talentos que tengas – sólo la acción tiene el potencial de
darles sentido en la vida. Las filosofías impresionan y las ideas
abundan, pero las palabras, no importa como sean de elegantes, son
baratas. Es fácil hablar de compromisos, coraje, y amor, pero hacer
es entender, y la sabiduría nace a partir de la práctica."
La seguí mientras se
acercaba al final del jardín. Escalamos algunas rocas, y observamos
el bosque que se extendía a nuestros pies.
"Mucha gente
disfrutaría con una vista como esta," dijo la santa. "A lo
mejor aspiran a escalar hasta aquí, y quizás estén deseando tener
la satisfacción de estar aquí de pie. Pero mientras muchos de ellos
no han alcanzado la cima y disfrutado de la vista, nosotros lo hemos
hecho – no porque seamos más inteligentes o más fuertes o lo
merezcamos más, sino simplemente porque hemos hecho la escalada.
Sólo aquellos que hacen la escalada disfrutan de la cima."
Después, mientras
volvíamos a nuestra comida, la santa observó, "Emprender
acciones nunca ha sido fácil en este mundo; fuerzas de duda e
inercia están por todos los lados, hasta entre nuestra mente y
cuerpo. Convertir las ideas en acciones requiere energía,
sacrificio, coraje, y corazón, porque actuar es arriesgar. Tenemos
que superar todas las buenas razones que nos invitan a apartarlo, a
dejar que lo haga otra persona, a permanecer en la sencilla silla de
las buenas intenciones. Pero la Ley de la Acción envía el mismo
mensaje una y otra vez: es mejor hacer lo que es mejor que no hacerlo
y tener una buena excusa."
"Yo pienso que se
necesita coraje para levantarse cada día de la cama, y por tanto
todo el mundo aplica la Ley de la Acción."
"Todos los seres
vivos actúan, pero la mayoría de las personas no actúan sino que
reaccionan - y sólo reaccionan como consecuencia de sufrir dolor o
miedo, cuando las relaciones se convierten en un infierno o cuando
los cuerpos físicos caen enfermos del estrés. La Ley de la Acción
nos enseña a superar las inercias a la vez que las impaciencias,
actuando con coraje, claras intenciones, y compromiso."
"¿Cómo podemos
superar la inercia?"
"Aceptando tres
realidades fundamentales," contestó ella. "Primero,
aceptando nuestra humanidad y nuestra presencia física en el mundo;
segundo, dándonos cuenta que nadie va a vivir por nosotros y que
sólo nos hacemos más fuertes a partir de nuestros propios
esfuerzos; y tercero, aceptando que la acción puede inicialmente
comportar cierta incomodidad – y después ¡a continuar con ello!
"Ya no nos podemos
permitir el lujo de esperar hasta que nos sintamos a salvo y seguros,
inspirados o motivados – hasta que el miedo o la duda miren en la
otra dirección. Ya no podemos esperar a que alguien nos dé permiso
para actuar. Siento una gran urgencia. Es por eso que he vuelto a
aparecer, en este tiempo y lugar – para cumplir lo que estoy
hablando contigo ahora. Ha llegado el momento de actuar de acuerdo
con nuestros ideales supremos, a pesar de temores, dudas, o
incertidumbres que surjan. Sólo podemos mostrar coraje en la cara
del miedo. Cada día necesitamos coraje, porque cada día nos
enfrentamos a miedos – no necesariamente en situaciones dramáticas
como atrapar a un ladrón o salvar a una persona que se ahoga, si no
de formas diversas como expresando nuestros sentimientos, rompiendo
un viejo hábito, o tomando el riesgo de ser diferente."
Nos levantamos y
comenzamos a repelar lo poco que quedaba de nuestra comida. "Me
gusta guardar las sobras como una ofrenda para los animales, pero no
demasiado cerca de la cabaña." Me dirigió a través de algunos
árboles hasta el final de una vertiente tan inclinada que casi era
un barranco.
De pie en el borde del
precipicio, la santa comenzó a tirar algunas sobras a los ciervos
que merodeaban por abajo. De repente, la vertiente en la que
estábamos, ablandada debido a las lluvias torrenciales, cedió.
Antes de que mis ojos se percataran, ella desapareció de mi vista.
Me incliné adelante y la vi despeñándose por la pendiente. Me
encontré a mi mismo saltando por encima del precipicio, intentando
mantener mi equilibrio mientras me deslizaba tras ella. Los dos nos
deslizábamos en una caída vertical.
Ella estaba consciente,
pues la vi agarrándose a las raíces de los árboles, intentando
frenarse. Todo sucedió a cámara lenta, con todo lujo de detalles.
Sabía que me estaba llenando de morados y rascadas, pero no sentía
ningún dolor.
Quería ayudarla, pero
primero tenía que ayudarme a mí mismo; comencé a agarrarme a
raíces y hierbas. La suerte estuvo conmigo, y, mientras la superaba
en la caída abajo, nos cogimos de la mano. Esto debió ser cuando
una piedra me golpeó en la cabeza, porque no recuerdo nada más.
Me desperté estirado
junto a un lago. Mi cabeza estaba mojada con sangre. Abrí los ojos y
vi a la santa, con la cara sucia pero sonriente mientras limpiaba mi
cabeza con un trapo mojado. "La cabeza ha dejado de sangrar,"
dijo ella. "Parece ser que vas a sobrevivir."
"Tú, también,"
dije intentando devolverle la sonrisa.
Más tarde, en el
fresquito de la noche, mientras nos refugiábamos al lado del fuego
en la cabaña, hice una reflexión sobre lo que había pasado, y
finalmente el miedo me sacudió: "¡Nos podíamos haber matado!
O me podría haber matado – no sé que te hubiera pasado a ti."
"Hubiera sido más
sabio y mucho más seguro si te hubieras quedado donde estabas,"
respondió ella. "Pero mostraste coraje al venir tras mí."
"No intentaba ser un
héroe; no me lo pensé. Simplemente te vi caer y salté."
"Bueno, una perfecta
demostración de la Ley de la Acción."
"Si en el futuro
necesitas más demostraciones, preferiría lanzar piedras a un
árbol."
Ella sonrió. "Algunas
veces estas cosas ocurren."
"Bueno, debe ser tu
año de despeñarte montañas abajo," dije refiriéndome a la
caída que me había explicado anteriormente.
"¿Crees que es un
signo claro de que debería vivir cerca del nivel del mar?" me
preguntó ella. Entonces, más seria, añadió, "Podía haber
sido diferente. Te podías haber matado. Tu impulso por ayudar ha
sido admirable pero con poca vista."
"¿Qué?"
"Tu asumiste que no me podía ayudar a mí misma."
"Tu asumiste que no me podía ayudar a mí misma."
"Bueno, sí que
parecías necesitar un poco de ayuda."
"Y la necesitaba.
Pero, ten en cuenta que cada ley contiene las semillas de su opuesto.
A veces la compasión requiere acción, pero esta Ley también
contiene la sabiduría de estar tranquilo y quieto, la acción de la
inacción."
"Como la
meditación," dije.
"Sí. Hay un momento
para la acción y otro para estar quieto. Algunas veces puedes
mostrar el coraje más grande, la paciencia, y la sabiduría
permaneciendo tranquilo incluso cuando deseos o impulsos
irresistibles te piden que actúes."
"¿Cómo puede saber
uno el momento de actuar, y cuándo estar quieto?"
"Aquellos que
tienden a la inercia y el miedo necesitan enfocar más en el deseo de
actuar con bravura y decisión. Aquellos dados al discurso o a la
acción impulsiva serían sabios parando, respirando profundamente, y
observando sus impulsos sin sentirse obligados a actuar sobre ellos.
En cualquier caso, escucha a la sabiduría de tu corazón; entonces
sabrás cuando has de estar tranquilo y cuando has de actuar."
Después de eso, nos
sentamos conjuntamente en la tranquilidad de la tarde, mirando a las
llamas mientras el calor del fuego nos apaciguaba el dolor de nuestra
reciente aventura. Mientras oscurecía, el cansancio me hizo dormir.
Me estiré de lado, mirando las llamas, escuchando su voz: "El
fuego transforma la materia en energía, recordándonos que todas las
cosas pasan y cambian. Al final, todos somos consumidos por los
fuegos sin llama de la vida. Actúa con bravura, viajero, mientras
todavía tengas el tiempo, mientras todavía tengas un cuerpo."
Tras sus palabras vino el silencio.
LA
LEY DE LOS CICLOS
LA
DANZA A LA CANCIÓN DE LA NATURALEZA
El mundo Natural se
mueve en ritmos, secuencias, y ciclos – el paso de las estaciones,
el movimiento de las Estrellas, la subida y el flujo de las mareas.
Las estaciones no se empujan las unas a las otras; ni las nubes avanzan al viento a través de los cielos.
Todas las cosas suceden en su momento adecuado – subiendo, cayendo, subiendo, como las olas de los mares, en la rueda del tiempo.
En cada corazón del invierno yace una primavera templada, y detrás del velo de cada noche espera una puesta sonriente.
Las estaciones no se empujan las unas a las otras; ni las nubes avanzan al viento a través de los cielos.
Todas las cosas suceden en su momento adecuado – subiendo, cayendo, subiendo, como las olas de los mares, en la rueda del tiempo.
En cada corazón del invierno yace una primavera templada, y detrás del velo de cada noche espera una puesta sonriente.
Kahlil Gibran
Aquella noche en la
cabaña, tuve un sueño vívido; al menos pienso que fue un sueño:
la voz de la santa me despertaba. Ya había luz fuera, a pesar de que
parecía que me acababa de dormir. No sentía ningún dolor de mi
caída anterior; de hecho, casi no sentía mi cuerpo. La santa dijo,
"Ven." No recuerdo sus labios moverse. Después yo estaba
de pie al lado de la puerta de la cabaña, mirando fijamente un
brillante día de verano. La hierba de California se había puesto
marrón, y el aire era seco y polvoriento.
"Cierra los ojos,"
dijo ella. Recuerdo unos pocos momentos de total oscuridad y
silencio. Entonces mis ojos se abrieron a un día nuboso de Otoño.
Debía haber llovido, ya que el polvo se había asentado y la seca
hierba mostraba tonos verdosos. Un viento frío me golpeó la cara,
así que cerré mis ojos.
Cuando los abrí sentí
un frío invernal; los árboles que nunca habían sido verdes estaban
desnudos. Restos de hielo se difuminaban sobre las dispersas hojas.
Salí afuera, sentí la dura, fría tierra, y oí unos truenos en la
distancia.
Con un relámpago, el
aire se volvió primaveral de nuevo, y oí la voz de la santa. "El
mundo natural baila a la música del cambio – el paso de las
estaciones, las revoluciones de los cielos, y el día convirtiéndose
en noche. Todas las cosas ocurren en su propio momento adecuado,
cambiando y creciendo, apareciendo y desapareciendo, creciendo y
decreciendo, el flujo y el reflujo. Cualquier cosa que sube baja, y
cualquier cosa que baja puede subir otra vez. Esta es la Ley de los
Ciclos."
Después ya era la
mañana. Me levanté fresco pero decididamente dolorido. Después de
darme unas bofetadas de agua fría en la cara y de comer unas cuantas
fresas, la santa me invitó a andar con ella hacia un lugar especial
más arriba en las montañas. Mientras subíamos por un camino
rocoso, le dije lo del sueño.
"Las estaciones
tienen muchas cosas que enseñarte, y tu sueño es un signo de que
estás preparado para entender."
"¿Entender el qué?"
"Que los vientos de
cambio pueden venir como un fiero huracán, destrozando tu vida, o
como una suave brisa que cuida tu cara – que ese cambio es la única
constante, y que ocurre a su propia manera, en su propio tiempo
adecuado."
"Siempre he tenido
diferentes sentimientos sobre el cambio. Algunas veces cuando la vida
parece apagada, lo deseo, pero cuando las cosas van bien, un cambio
puede ser – bueno, difícil."
"El cambio por sí
mismo no es difícil," replicó la santa. "Pasa con tanta
naturalidad como una puesta de sol. Pero la mayoría de nosotros
buscamos rutinas familiares para crear una sensación de control y
orden, por tanto, el cambio puede parecer una bendición o una
maldición, dependiendo de nuestros deseos; la misma lluvia
bienvenida por las flores es maldecida por los excursionistas que
desean un día soleado.
"La Ley de los
Ciclos nos recuerda que al mismo tiempo que las estaciones cambian,
también debemos hacerlo nosotros, que nuestros viejos hábitos no
han de controlar nuestra vida, que nuestro pasado no tiene porqué
convertirse en nuestro futuro, y que la inercia del cambio nos lleva
a una mayor consciencia, sabiduría, y paz."
Mirando hacia su
exuberante jardín, la santa añadió,
"hacer de jardinera
a través de las cuatro estaciones revela otras lecciones del mundo
natural: que las semillas sólo se reproducen de su mismo tipo, que
sólo recoges lo que siembras, que cuando recoges la cosecha has de
guardar algunas semillas para la siguiente plantación, que tienes
que acabar un ciclo para poder comenzar otro, que hay un momento para
todas las semillas para crecer, cambiar, y eventualmente morir, para
ser enterradas y plantar una nueva cosecha. Tal y como las semillas y
los ciclos, nuestras vidas van de la misma manera.
"Disfruta cada
estación de tu vida, viajero. Prepara el terreno pacientemente,
planta las semillas, haz el trabajo, y recogerás abundantes frutos.
Acepta la buena fortuna y la adversidad como aceptas el cambio de
estaciones. Disfruta la helada belleza de un día de invierno y los
calurosos días de verano, ya que con suficiente rapidez, cada
estación, cada día, cada momento, pasa a la historia, y su parecido
exacto puede no ser visto nunca más. En vez de desear el verano en
medio del frío invierno o pedir vientos frescos en los bochornosos
días de verano, abraza a cada estación por sus propios regalos.
Alinéate con los ciclos del tiempo y transformación, navegando
sobre el cambio como los barcos sobre las olas."
"Me estás diciendo
que los ciclos de cambio van a suceder me guste o no, y que por tanto
debería aceptarlos."
"Eso, y más,"
contestó ella. "La Ley de los Ciclos también revela cómo
cooperar completamente en tu propia evolución, ser un experto en
dominar el tiempo, y encontrar grandes fortunas."
"¿Cómo?"
"Todas las cosas tienen un momento más favorable y uno menos favorable," contestó ella. "Las puertas se abren y se cierran; las energías suben y bajan. Un pensamiento o una acción iniciados cuando la energía está subiendo o ganando momentum viaja fácilmente hacia la finalización, pero un pensamiento o acción iniciado en un ciclo de descenso tiene un impacto reducido. Es entonces cuando la Ley de los Ciclos se combina con la Ley de la Acción para revelar que la paciencia es la mejor parte de la sabiduría – la sabiduría de saber cuándo hay que actuar y cuándo hay que estar tranquilo, cuándo hablar y cuando callar, cuando trabajar y cuando descansar, cuándo subirte a la energía de un ciclo en construcción y cuándo esperar a la siguiente ola."
"Todas las cosas tienen un momento más favorable y uno menos favorable," contestó ella. "Las puertas se abren y se cierran; las energías suben y bajan. Un pensamiento o una acción iniciados cuando la energía está subiendo o ganando momentum viaja fácilmente hacia la finalización, pero un pensamiento o acción iniciado en un ciclo de descenso tiene un impacto reducido. Es entonces cuando la Ley de los Ciclos se combina con la Ley de la Acción para revelar que la paciencia es la mejor parte de la sabiduría – la sabiduría de saber cuándo hay que actuar y cuándo hay que estar tranquilo, cuándo hablar y cuando callar, cuando trabajar y cuando descansar, cuándo subirte a la energía de un ciclo en construcción y cuándo esperar a la siguiente ola."
Mientras salíamos del
camino y nos dirigíamos directamente hacia un espeso bosque de
árboles y arbustos la santa pausó por un momento y me explicó una
historia. "En los tiempos antiguos, el rey Salomón sentía una
gran agitación interior e imploraba por la vuelta de tiempos simples
y más tranquilos, por tanto decretó que un maestro en joyería le
hiciera un anillo mágico que fuera inscrito con unas palabras
siempre ciertas y apropiadas, en todos los momentos y en todas las
condiciones – palabras que ayudasen a aliviar el sufrimiento y
aportasen gran sabiduría y perspectiva. Este maestro joyero
construyó un anillo especial, pero sólo después de muchos días de
contemplación consiguió las palabras de poder divino. Finalmente,
el joyero presentó el anillo a Salomón. En él estaban inscritas
las palabras ´Y esto también va a pasar.´"
El terreno cambió
bruscamente cuando salimos del bosque y llegamos a una llanura
soleada. Vi un naranjo repleto de grandes naranjas que podía oler
desde donde estaba, y diversos manzanos, brotando, pero todavía sin
fruta, y dos árboles más que no reconocí.
"Son nogales,"
dijo la santa, respondiendo a mi pregunta interior, en el momento
exacto, como de costumbre. Entonces, inclinándose respetuosamente
hacia uno de los nogales, cogió una pequeña fruta verde de una de
las ramas y me la dio.
"Ábrelo," dijo
ella.
"No creo que esté a
punto para comer todavía," dije.
"Ábrelo,"
repitió. Primero lo intenté con mis dedos, después golpeando el
verde caparazón entre dos piedras. Finalmente, encontré una piedra
afilada e intenté abrirla, pero no tuve éxito. Cuando la santa me
tocó el hombro, me giré para ver que la santa tenía un puñado de
nueces maduras. "De la cosecha del año pasado. Las tenía
almacenadas por aquí cerca."
Cogió una pequeña
piedra y le dio un golpe seco a la cáscara, y se abrió por la
mitad. Hizo lo mismo con más nueces, y disfrutamos de un buen
aperitivo. Mientras mordíamos, ella me explicó, "Estoy aquí
para compartir contigo verdades simples que hacen que la vida
funcione mejor. Pero no te puedo prometer iluminación; eso tiene su
propio momento. Nosotros los humanos somos como la cáscara de la
nuez: si tratas de forzarla en el momento equivocado, es casi
imposible, pero una vez que está madura, le das un golpe en el lugar
adecuado, y se abre con facilidad. La vida diaria es tu proceso de
maduración. Y un día, alguien o algo aparecerá y te dará el
golpe."
Nos sentamos bajo la
sombra de los manzanos, comiendo nueces y naranjas mientras el sol
subía hacia las copas de los árboles. Me apoyé contra el manzano y
escuché los sonidos de un riachuelo cercano, sintiendo una gran
familiaridad con el mundo natural. El sol calentó mis huesos,
transportándome a un estado de calma profunda. Me estiré, miré a
través de las hojas resplandecientes y vi como las nubes circulaban
por encima de nosotros. Como si estuviera previsto, la santa dijo,
"¿Ves cómo las nubes se mueven con facilidad con el viento,
sin prisa o resistencia?" Esta era una idea que ya había
considerado anteriormente, pero su gentil voz, articulando mis
pensamientos más interiores, tocó algo profundo dentro de mí de
manera que las nubes y el viento penetraron hasta el centro de mi
consciencia. En aquel momento la naturaleza se había convertido en
mi profesora.
La santa finalizó su
instrucción sobre la Ley de los Ciclos con una historia: "Hace
muchos años, mientras viajaba por Polonia, visité el humilde
santuario de un rabí conocido por su gran sabiduría. Su sencilla
habitación donde estaba llena de libros. A parte de eso, no tenía
nada más excepto una mesa y un banco.
"Rabí, pregunté,
¿dónde están los muebles?"
"¿Dónde están los
tuyos?" me preguntó él a mí.
"¿Los míos?
Respondí sorprendida. Pero si sólo estoy de paso."
"Yo también, dijo
el rabí. Yo también."
LA
LEY DE LA RENDICIÓN
EL
ABRAZO A UNA VOLUNTAD SUPERIOR
Rendirse significa
aceptar por completo este momento, este cuerpo, y esta vida.
Rendirse implica apartarse a uno mismo de su propio camino y vivir de acuerdo con una voluntad Superior,
expresada como la sabiduría del corazón.
Mucho más allá que una aceptación pasiva, la rendición utiliza cada reto como un escalón hacia el crecimiento Espiritual y la expansión de la conciencia.
Algunos creen que aguantar es lo que hace a uno fuerte; algunas veces es dejar ir.
Rendirse implica apartarse a uno mismo de su propio camino y vivir de acuerdo con una voluntad Superior,
expresada como la sabiduría del corazón.
Mucho más allá que una aceptación pasiva, la rendición utiliza cada reto como un escalón hacia el crecimiento Espiritual y la expansión de la conciencia.
Algunos creen que aguantar es lo que hace a uno fuerte; algunas veces es dejar ir.
Silvia Robinson
La mañana se convirtió
en la tarde. Un golpe de viento agitó las ramas por encima de
nuestras cabezas, cayendo una única hoja que fue al suelo cerca de
un riachuelo. Gesticulando hacia el agua que corría, la santa
preguntó, "¿Te has dado cuenta, viajero, que el agua fluye, es
suave pero poderosa? Cede, con fuerza, flexibilidad, se rinde a la
gravedad sin oponer resistencia, adaptándose a la forma de cualquier
contenedor. El agua manifiesta la respuesta más inteligente y
poderosa que uno pueda hacer ante cualquier circunstancia."
"¿Y qué respuesta
es esa?"
"La rendición,"
dijo ella.
"No lo entiendo,"
dije. "Fui enseñado a luchar por mis creencias – a nunca
abandonar."
"A pesar de que la
Ley de la Rendición significa aceptar cualquier cosa que ocurra en
tu vida, no significa una tolerancia pasiva por lo que no te gusta, o
ignorar la injusticia, o permitir ser una víctima o ser controlado.
La verdadera rendición es activa, positiva, asertiva – un empeño
creativo para aprovechar tu situación, con una apreciación
espiritual."
"No puedo pretender
que aprecio la gripe, o un pinchazo en las ruedas del coche, u otros
problemas," respondí.
"La Ley no consiste
en pretender nada, o en rechazar tus sentimientos verdaderos;
consiste en transformarlos. Aprendes a rendirte cambiando tu
perspectiva." La santa pausó unos instantes, como si buscara
las palabras adecuadas. "Míralo de esta forma. Si hicieras
atletismo, tu entrenador podría darte un premio un día y después
ordenarte un entrenamiento durísimo. Tú podrías aceptar –
incluso apreciar – todo esto como parte de tu entrenamiento. Bueno,
lo mismo se cumple en la vida diaria. El Espíritu Santo es tu
entrenador, viajero, y la vida es tu entrenamiento. Entonces, yo te
pregunto, ¿qué pasaría si pudieras ver una rueda pinchada o la
gripe como parte de tu aprendizaje y crecimiento?"
"Bueno, sería mejor
que lo mirara de esa manera. Pero nunca me he imaginado rindiéndome
ante una rueda pinchada," bromeé.
Sonriendo, la santa
explicó, "En su sentido más puro, esta Ley te guía a rendirte
al momento – a aceptar cualquier cosa que surja. No sólo implica
aceptar las subidas y bajadas de la vida, si no también a aceptarte
a ti mismo – tu cuerpo, tus pensamientos, y tus sentimientos."
"¿Estás diciéndome
que una vez aprenda a aceptarme a mí mismo y rendirme a cualquier
acontecimiento que suceda, la vida se hará más fácil?"
"La vida continuará
ofreciéndote retos y tests," dijo ella. "Pero cuando te
tomes la vida relajadamente, incluso tus dificultades tendrán un
aspecto placentero, como jugar a un juego lleno de retos o resolver
un puzzle."
"No puedo cambiar el
sentimiento de que todo esto es mucho más fácil dicho que hecho."
"¡Todo es más
fácil dicho que hecho!" replicó ella. "Comienza por las
cosas pequeñas. Cuando tengas un mínimo desacuerdo, acepta el punto
de vista de la otra persona y mira qué pasa. Despréndete de los
pequeños disgustos. Sigue las enseñanzas de Epitectus, una santa
griega que aconsejó a sus alumnos, ´Aprended a desear que todo debe
de ocurrir de la manera que ocurre.´
"De todas las Leyes
que he aprendido esta parece la más difícil," dije. "Es
como si tuviese que dejar una parte de mí – mis deseos, valores, y
preferencias."
La cara de la santa
brilló con luz propia mientras contestaba. "La Ley de la
Rendición honora la santidad en cada alma con su propia chispa
Divina. No tienes que dejar eso, viajero; sólo tienes que apartarte
de tu propio camino. Rendir tu pequeña voluntad a una voluntad
Superior no es una práctica común," continuó ella, "porque
puede parecer mejor que hagas lo que prefieras. Esto es entendible.
Pero la vida no siempre nos da lo que preferimos, por tanto nuestros
deseos nos llevan a ataduras, ansiedad, y frustración. Seguir tu
pequeña voluntad te llevará a una satisfacción temporal, pero no a
una felicidad duradera. Cuando ves claramente que la vida no sólo
consiste en obtener lo que quieres, sino también en aprender a
querer lo que obtienes, alinearás tu vida con la Ley de la
Rendición."
"De hecho, ¿cómo
se practica esta Ley?" pregunté.
"Comienza por
preguntar en cualquier situación, ´¿qué es lo mejor aquí para
todos los implicados?´ Esto puede significar orar por lluvia en una
zona de mucha sequía, aunque tu propio techo tenga goteras. La
verdadera rendición puede ser expresada en el sentimiento del
corazón ´que no se haga mi voluntad si no La Tuya.´"
"Esto va a ser un
gran esfuerzo para mí."
"¡Un gran esfuerzo
para cualquiera!" dijo ella, sonriendo. "Pero el esfuerzo
es una parte de la vida. Comienza cambiando tu energía y atención a
los deseos de esta voluntad más pequeña por la sabiduría de una
voluntad Superior."
"¿Estás hablando
del deseo de Dios?"
"Ofrecer una oración
´Se haga Tu voluntad´ no requiere que creas en un Dios externo,
sólo que tu hables desde tu corazón y te preguntes, ´Si un Dios
sabio, adorable, compasivo me estuviera guiando ahora, ¿qué haría
en esta situación?´ Después siente tu corazón, y escucha a tu
Alma; sabrás qué hacer, y encontrarás el coraje y el corazón para
hacerlo – porque el Espíritu de hecho realiza Su trabajo a través
de ti, seas o no consciente de ello."
"No estoy muy seguro
de como comenzar," confesé.
"Simplemente ábrete
a la vida al nivel que puedas. Con el tiempo acabarás practicando la
rendición más y más profundamente hasta el punto que podrás
abrazar las nubes de lluvia de la misma manera que harías con los
placeres de un día soleado. ¡Y no olvides relajarte! La relajación
es la manera que tiene el cuerpo de rendirse al momento, dejando ir
ideas fijas de lo que debería pasar, para que puedas responder con
frescura e inocencia a cada momento, sin juicio o expectativa."
Justo entonces vimos al
gato que me había enseñado la Presencia, sentado en una roca
cercana. "Su majestad ha vuelto al trono" dije.
La santa, por supuesto,
vio esto como otro objeto de la lección. "¿Te has dado cuenta,
viajero, de que los gatos persisten en ir a donde quieren?"
"Sí, me he dado
cuenta," dije mirando hacia el gato.
"Pero si alguien
está bloqueando su camino," añadió, "se sientan, se
relajan, se olvidan y aprovechan la oportunidad para limpiarse las
patitas. Poca gente ha aprendido el arte de rendirse tan bien como
los gatos y los maestros de artes marciales."
"¿Qué tiene que
ver la rendición con las artes marciales?"
"Las artes marciales
supremas, tal y como el agua, fluyen y son flexibles, sensibles en
vez de rígidas o reactivas. Tales artes nos enseñan a estirar
cuando nos empujan y a empujar cuando somos estirados, a mezclarse
con las fuerzas de la vida en vez de gastar energía pasándolo mal
contra ellas."
Paró de hablar y miró
hacia las montañas por unos momentos, entonces se giró hacia mí.
"Hace tiempo en el Japón feudal, yo era una joven samurai,
buscando el dominio de la espada. Entrenaba muchas horas al día,
practicando cortes, defensa, y movimientos evasivos. Encontré un
maestro que aceptó adiestrarme, pero no diría nada sobre mi
técnica, insistiendo que era secundario. En cambio, él ponía
énfasis en la importancia de renunciar a todo tipo ataduras, a la
victoria, a la seguridad, o a los resultados deseados. Sólo el
guerrero que podía dejar ir su yo inferior con sus deseos, miedos, y
ataduras permanecería relajado y concentrado. En un duelo, rendirse
a la muerte significaba sobrevivir; estar agarrado a la vida
significaba perderla. ¿Lo entiendes? Esta Ley se puede aplicar a la
vida y a la muerte. Cuanto más dejas ir las ataduras, más te
expandes hacia una mayor libertad."
Anticipando mi siguiente
pregunta, la santa añadió, "Tener ataduras de rendición no
necesariamente significa dar la casa propia o los bienes de la
tierra; es un acto interno, un deseo de abrazar cualquier cosa que
ocurra."
"¿Cuándo,
exactamente, esta Ley es aplicable en el día a día?"
La santa rió. "¿Cuándo
no es aplicable? Escoge cualquier circunstancia que tú normalmente
rechazarías, evitarías, o resistirías; después ríndete a ella
completamente, ponla en tu camino, y haz lo mejor de ella. Ríndete a
tus impulsos más grandes mientras trabajas por un cambio positivo en
tu mundo. Pero, como el gato, no gastes energías resistiendo
circunstancias que no puedes controlar."
Nos paramos para observar
las montañas de debajo. La santa se sentó en la ladera sobre el
césped, y yo le imité. Después, tranquilamente, casi con
reverencia, continuó. "Admito lo difícil que es rendirse a la
vida tal como aparece – a la avaricia, al dolor, a la injusticia en
el mundo. Con el tiempo, de todas formas, verás a todo el mundo y
todas las cosas como un aspecto del Espíritu Santo – aceptando con
fe que a pesar de nuestras dificultades, todo en el Universo se está
desarrollando como debe. La rendición es un acto de humildad, una
aceptación de que la vida es un misterio cuya profundidad la mente
no puede desentrañar. Como escribió Isaac Bashevis, ´la vida es la
novela de Dios; deja que Dios la escriba.´
"Yo te puedo
prometer esto, viajero," ella concluyó. "La Ley de la
Rendición te enseñará el camino a un estado natural de gracia,
abriendo las puertas a una Fe floreciente, llevándote a la
comprensión de la unidad esencial entre tú y todos los seres –
una conciencia tan profunda que acelera tu evolución y te catapulta
al camino del verdadero potencial humano, hacia una realidad
Espiritual mucho más auténtica y profunda que el mundo material."
LA
LEY DE LA UNIDAD
RECORDANDO
NUESTRA CONEXIÓN
Aparentamos vivir en
la Tierra como seres diferentes con diversos destinos; pero tal y
como cada gota de la lluvia es parte del océano, todos y cada uno de
nosotros somos parte del Océano de la Conciencia, del Cuerpo de
Dios.
Encontramos Amor y paz interior en las profundidades de la más alta Verdad que todos somos Uno, una Familia.
Deja atrás el equipaje del miedo, la envidia, y el resentimiento; vuela, vuela con las alas de la comprensión,
para entrar en el Territorio sin fronteras de la Compasión.
Ah, no ser aislado, no a través de la insignificante partición fuera de la Ley de las Estrellas.
El interior – ¿qué es? si no un cielo encendido, repleto de pájaros y profundidad con los vientos del retorno a casa.
Encontramos Amor y paz interior en las profundidades de la más alta Verdad que todos somos Uno, una Familia.
Deja atrás el equipaje del miedo, la envidia, y el resentimiento; vuela, vuela con las alas de la comprensión,
para entrar en el Territorio sin fronteras de la Compasión.
Ah, no ser aislado, no a través de la insignificante partición fuera de la Ley de las Estrellas.
El interior – ¿qué es? si no un cielo encendido, repleto de pájaros y profundidad con los vientos del retorno a casa.
Rainer Maria Rilke
Venían nubes de la
costa, trayendo una rápida lluvia y un arco iris al noreste.
Mientras hacíamos una pausa para ver la panorámica, la santa habló
de la última Ley que iba a compartir conmigo antes de nuestra
partida.
"La Ley de la
Unidad," comenzó ella, "presenta un reto especial para los
dos, porque su naturaleza trascendente sólo la hace entendible desde
un estado de conciencia más elevado. Por tanto, al principio, quizás
sólo toque tu mente. Pero mis palabras son semillas; cuando broten y
toquen tu corazón, esta Ley, puede transformar tu vida para siempre.
La Ley de la Unidad llama a voces el gran entendimiento que no
estamos tan separados como aparentamos – que en realidad todos
somos Un Único ser, Una conciencia."
"No pretendo
faltarte al respeto," dije, " Pero ¿y qué? Quiero decir,
¿qué tiene esta Ley que ver con la vida diaria?"
"Esto quedará claro
pronto," replicó ella. "La Ley de la Unidad no es fácil
de entender para el pequeño yo porque no coincide con la percepción
diaria. Por tanto, primero asumamos que al nivel de realidad diaria,
tenemos de hecho cuerpos, mentes, y emociones separadas. Si yo tengo
un pensamiento, no necesariamente surge al mismo tiempo en tu mente;
si yo experimento una emoción, tú quizás no te sientas de la misma
manera; si yo me golpeo la tibia, tú no sientes el dolor.
"La Ley de la Unidad
es una paradoja, ves – falsa y verdadera, dependiendo de nuestro
estado de conciencia. Que seamos Uno o muchos depende más de nuestra
perspectiva que de ninguna realidad objetiva. El conocimiento
convencional nos dice que estamos separados; la sabiduría Superior
nos informa de que Todos somos Uno. Un cambio de percepción revela
que todos somos la misma Conciencia, manifestándose en cuerpos
diferentes, de la misma manera que las hojas forman parte del mismo
árbol. La humanidad se olvida de esta verdad superior, y por el
contrario, se centra sólo en nuestras diferencias aparentes, en
nuestra separación aparente. Pero tú no lo olvidarás, ¿verdad,
Viajero?"
"No lo olvidaré,"
dije. "Pero no estoy seguro de entenderlo completamente."
"Al menos hemos dado
un primer paso; a ver donde nos lleva el siguiente," dijo ella,
cogiendo un alcornoque del suelo del bosque. "Si examinamos este
alcornoque, lo llamamos ´un´; de hecho está formado por millones
de células, moléculas, y átomos distintos. Llamamos a un pequeño
átomo ´un´, pero también está compuesto por muchas partículas y
fuerzas. Si examinamos la tierra, la llamamos ´una´; de hecho está
hecha de tierra, aire, fuego, y agua – incluyendo miles de
especies, billones de seres vivientes, e incontables trillones de
átomos. Por tanto, ¿es un alcornoque, un átomo, o la tierra uno o
muchos? ¿Y qué hay de la humanidad?"
No tenía ninguna
respuesta; sólo podía meditar la pregunta. "Supongo que es una
paradoja," finalmente dije.
"Sí," asintió
la santa. "Y ya que es así, puedes escoger como ver la realidad
– desde un diminuto o un expandido estado de percepción."
"Mirémoslo de otra
manera," continuó la santa. "¿Estás de acuerdo, viajero,
que el lenguaje refleja nuestras percepciones más fundamentales –
que de la manera que hablamos y las palabras que usamos tienen algo
que ver con cómo visualizamos nuestra realidad?"
"Sí, esto tiene
sentido."
"Por tanto cuando tú
dices las palabras ´Me voy a casa,´ estas palabras tienen un
significado, ¿no?"
"Claro."
"Y aquel que te refieres que va a casa está naturalmente separado de la casa. ¿Correcto?"
"Y aquel que te refieres que va a casa está naturalmente separado de la casa. ¿Correcto?"
"Por ahora te sigo."
"Bien, entonces ¿qué
quieres decir con, ´Mi cuerpo se siente bien hoy´? El tú que se
refiere a ello como mi cuerpo – ¿está ese tú también separado
del cuerpo?"
"Bueno, nunca lo
había pensado antes. Supongo que es simplemente una convención de
lenguaje," contesté.
"Sí lo es,"
continuó ella. "Pero estás de acuerdo que el lenguaje refleja
nuestra visión fundamental de la realidad. Y esta frase claramente
implica que tú no eres tu cuerpo, si no algo que tiene un cuerpo."
"Sí, supongo que lo
hace."
"¿Es posible que
nuestro lenguaje refleje una verdad más profunda? Vamos a llevarlo
un paso adelante. Si no eres tu cuerpo, ¿quién eres tú?"
"Bueno, supongo que
podrías decir que soy un Alma, o un yo Superior, que tiene un cuerpo
o vive en un cuerpo – algo así."
"De acuerdo
entonces. Pero ¿qué quieres decir cuando te refieres a ´ mi Alma ´
o a ´mi yo Superior´? ¿Quién es este yo?"
"No – no lo sé."
"¿Podría ser que
el yo que habla a través del cuerpo, que se refiere a mi casa, mi
cuerpo, mi Alma, mi yo superior, sea, en realidad la pura Consciencia
misma?"
"No – no lo sé.
Es una paradoja – una . . ."
"Sí, de hecho lo
es. ¡Considéralo, viajero! La conciencia que vigila a través de
billones de ojos es la Única Conciencia de Amor y sabiduría
infinita que llamamos Dios, que mira como se une la vida con la
piedad y la compasión, y que es la vida misma. ¿Podría ser que
hasta cuando diariamente vas a tu negocio, con tus deseos personales
y preocupaciones, y tus sueños, que tú seas esa Conciencia que
también se manifiesta como todos esos cuerpos y mentes y árboles y
pájaros y alcornoques?"
"¿Me perdonas un
momento?" dije. "Mi cerebro está a tope."
Ella rió. "¡Este
es el problema! Tu cerebro no puede descifrarlo; sólo puedes
sentirlo o no. Cuando lo hagas, en momentos excepcionales de
expansión, tu mente finalmente descansará; serás inmerso en la
felicidad más absoluta y experimentarás pura paz y gozo. Hasta
entonces, esto sólo son palabras."
Miré, sintiendo como si
me estuviera perdiendo algo importante. Quería experimentar lo que
ella estaba diciendo.
De nuevo respondiendo a
mis pensamientos más profundos, la santa levantó mi barbilla y me
miró a los ojos. Le devolví la mirada, y me encontré a mí mismo
en un cansancio más y más profundo, hasta que su cara comenzó a
cambiar: primero vi luz alrededor de ella; después ella era una
mujer muy mayor, y después una fiera guerrera, y después otra
gente, también, hasta que finalmente, vi a . . . mí mismo. No
quiero decir mi reflejo; quiero decir que nuestra conexión era tan
profunda que allí sólo había un ser, no dos.
Después volví a la
conciencia del día a día. Estábamos sentados con las piernas
cruzadas en el césped. Estaba estupefacto y sin palabras. "Esto
sólo era un avance, viajero," dijo la santa. "No te estoy
pidiendo, en tu conciencia del día a día, que experimentes o creas
o comprendas completamente tu Unidad con toda la Creación. Esa
experiencia sólo es concedida por la gracia. Pero cuando has sentido
esa Unidad hasta con un ser humano, puedes concebirlo con el mundo.
Una parte de ti, en un lugar en las profundidades de tu corazón,
reside esta verdad superior; esta es la razón por la que puedes, en
cualquier momento, alinearte con la Ley de la Unidad escogiendo
percibir a otra gente – queridos, amigos, y adversarios – como
partes de tu yo expandido.
"Por tanto la
próxima vez que discutas con alguien," continuó ella, "o
hagas el amor, o juegues a algún deporte, pregúntate, ´¿qué
ocurre si escojo ver a los demás como un aspecto de mí – escojo
percibirlos como Uno? ¿Cómo actuaría? ¿Cómo influenciaría mis
relaciones? ¿Qué pasaría entonces con los sentimientos de envidia
o celos? ¿Qué pasaría si mi pequeño auto-interés se convirtiera
en un auto-interés Mayor? ¿No se convertiría la competición en
cooperación cuando te dieras cuenta que incluso tus aparentes
adversarios son tus alumnos y profesores – una parte de ti?"
"Parece como si lo
pudiera cambiar casi todo."
"Este entendimiento,
de hecho, puede y va a cambiar el mundo, un humano a la vez,"
dijo la santa.
"Algunos profesores
y libros se refieren a esta idea de la Unidad."
"Pocos lo han oído,"
respondió ella. "El mundo ahora está madurando, casi listo
para entender – no sólo unos pocos idealistas, sino ya hay una
multitud de realistas creciendo en progresión exponencial que
reconocen que la evolución humana – que la existencia humana –
depende de esta visión expandida de la humanidad como Una. Así como
nuestros órganos colaboran por el bien de todo el cuerpo, el Planeta
se encuentra en la cúspide, a las puertas de un cambio desde el
competitivo interés personal a una cooperación con el corazón
abierto para el interés de Todo el Cuerpo de la Humanidad."
En ese momento entendí
porque me había dado la bienvenida como a un antiguo hermano
perdido. La santa, de hecho, me veía a mí y al resto de personas
como una parte de ella. "Ahora puedes entender," dijo ella
hablando en mis pensamientos, "porqué la vida es tan divertida
para mí. Hablar contigo, mirar a un árbol, mirar a los ciervos,
sólo veo otro aspecto de mí misma. Recojo frambuesas y es como Como aquella
historia de J.D.Salinger," interrumpí. "Un niño bebe un
poco de leche y se siente como si estuviera virtiendo a Dios dentro
de Dios."
"Sí, viajero, es
así. Y cuando comienzas a ver a amigos y adversarios, queridos y
extraños, a través de los ojos del Único Ser, entonces todos los
dilemas y los conflictos se disuelven, todas las heridas se curan, y
toda paradoja es resuelta a la Luz de esta Verdad existencial. Este
es el final de toda búsqueda, porque tú eres todo el mundo y todos
los lugares. Es el fin de cualquier miedo, porque te aferras a esa
Verdad viviente que eres – esa Conciencia pura que nunca muere. En
la Unidad están todas las Leyes Espirituales: un estado de
equilibrio y ecuanimidad, una fe perfecta en las elecciones que haces
y en el proceso de tu vida, la paciencia necesaria mientras andas
paso a paso en el presente eterno, la compasión por todos los otros,
partes de ti - aspectos de tu Ser. Aquí las dudas son superadas, y
todas las acciones brillan con integridad. Después de muchas vidas
buscando, eres Uno con el Universo."
La voz de la santa se
volvió más suave, como si estuviera en una ilusión: "¿Puedes
aferrarte a ello, viajero? ¿Puedes sentir la verdad de mis palabras?
¿Entiendes que tú eres el chico que se está quemando en un pueblo
en guerra, y que eres el piloto que está bombardeando? ¿Que tú
eres la madre y el recién nacido, la víctima de un brutal asalto y
el violador que comete el crimen? Has cometido todas las cosas en
nombre de Dios o de la maldad. El más elevado y el más humilde eres
tú, llevando trapos y oro. Tú estás en cada acto de amabilidad y
crueldad, de cobardía y coraje. Donde va el tonto o la santa, y las
criaturas que andan o nadan o vuelan, allá vas tu. Uno y muchos,
altos y bajos, desagradables y dulces, tú eres la Tierra, y todo el
espacio por encima y por debajo.
"Tú eres la luz que
brilla a través de los ojos de todos los seres, verdaderamente Uno.
Así es como conozco tus pensamientos y puedo hablar de mis vidas
pasadas: Como somos Uno, compartimos todas las vidas pasadas, las
cuales están ocurriendo ahora, desde el pasado, el presente, y el
futuro todo es Uno."
"¿Quieres decir,
que cuando sea capaz de entender esta Unidad con tanta profundidad
como tú, también seré capaz de sintonizar con los pensamientos de
otra gente y conocer vidas pasadas?"
"¡Por supuesto!"
dijo ella, riendo. "Sabrás todo lo que hay que saber para poder
servir a los demás. Pero tales poderes no te preocuparán, porque tú
serás todo el mundo. Alinear tu vida con la Ley de la Unidad cambia
todo incluso cuando parece lo mismo. Vives una vida ordinaria, como
lo hago yo; pareces una persona normal, pero el mundo se vuelve
infinitamente más dulce, más intenso, bonito, divertido, y
placentero."
Salimos de un anillo de
árboles y comenzamos a bajar la montaña, de vuelta hacia donde
encontraría el camino familiar de mi casa, puesto que estábamos
llegando al final de nuestro tiempo juntos. Mientras caminábamos, la
santa anunció una nueva visión de nuestro futuro: "A la vez
que una conciencia Global se despierta, viajero, nos encontramos a
nosotros mismos en medio de una transición fundamental.
"Esta transición no
será sin dificultades, pero el Gran Despertar es tan inevitable como
el último respiro de los que dejan el cuerpo físico o el primer
sollozo de un bebé. Mientras hablamos, la ilusión de la separación
está dando paso a una Verdad superior de nuestra Unidad. Ahora es el
momento de abrazar la Tierra, puesto que muy pronto, abrazaremos el
Universo."
EPÍLOGO:
LA DESPEDIDA DE LA SANTA
De vez en cuando,
fíjate bien en algo que no esté hecho con las manos: Una montaña,
una Estrella, la curva de un río.
De allí vendrá hacia ti la sabiduría y la paciencia, y por encima de todo, la seguridad de que no estás solo en el mundo.
De allí vendrá hacia ti la sabiduría y la paciencia, y por encima de todo, la seguridad de que no estás solo en el mundo.
Sidney Lovett
Mientras la santa acababa
de hablar, llegamos a un sendero familiar, y tuve un sentimiento de
haber completado una tarea. "¿Significa esto que el
entrenamiento ha acabado?"
"Has completado los
primeros pasos importantes, pero el viaje nunca acaba," contestó
ella.
"¿Qué hay sobre la
ayuda que dijiste que necesitabas - la importante misión?"
"Aquello, viajero,
tú y muchas otras Almas lo entenderéis en el debido momento. La
misión está ocurriendo incluso en estos momentos en que hablamos –
todo es parte del Gran Despertar. Y ahora, me debo ir; hay una joven
chica en Inglaterra que debo conocer pronto, y después un abuelo en
España. Un niño en Alemania me espera, aunque no lo sabe, y hay un
soldado Iraní que ahora está de guardia y me llama silenciosamente.
Siento sus deseos pues no tienen palabras. Y hay otros también,
viajero, esperando como tú has esperado."
"¿Cómo podré
agradecértelo?" pregunté.
"Vive las Leyes,"
dijo ella. "Eso es suficiente."
"Nunca te olvidaré."
"Cuando recuerdes
las Leyes, me recordarás a mí." Puso sus manos sobre mis
hombros. Sus ojos, llenos con la luz de la compasión, miraban
profundamente en los míos.
"Viajero, nuestro
tiempo juntos ha iniciado un proceso de aprendizaje maravilloso e
irreversible. No te he dado estas Leyes para ligarte sino para
liberarte. Ellas provienen de tu interior; son las llaves de los
alquimistas para el Amor, para la libertad, para el gozo, y para la
realización. Ellas son el camino de piedras hacia tu destino humano
y lo que yace más allá.
"No tienes que
recordar estas Leyes; sólo tienes que vivirlas, y ellas
transformarán tu vida. Son semillas, han estado bien plantadas y
estarán dentro de ti para siempre, esperando el momento oportuno
para brotar y crecer, y lo harán – con la máxima seguridad –
pues el Jardinero siempre está contigo, proveyéndote de cualquier
cosa que necesites. Estos brotes florecerán en su debido momento,
dando frutos de coraje, amor, y comprensión.
"Nada iguala su
poder. Y todavía, todas ellas son secundarias a la Ley del Amor,
pues si pierdes contacto con la sabiduría de tu Corazón, nada más
es útil; si Amas nada más es necesario. Estas leyes liberarán el
amor atrapado dentro de ti para expandirlo al mundo como un servicio
para el bien común.
"Estos son mis
deseos y oraciones por ti, todos los días de tu vida: Que encuentres
gracia Divina cuando te rindas a la vida. Que encuentres felicidad,
cuando dejes de buscarla. Que llegues a confiar en tus Leyes y
heredes la sabiduría de la Tierra. Que vuelvas a conectar con el
Corazón de la naturaleza y sientas las bendiciones del Espíritu
Santo.
"Los retos de la
vida diaria continuarán, y tenderás a olvidar lo que te he
enseñado. Pero una parte más profunda de ti recordará, y cuando lo
haga, los problemas de la vida no parecerán más substanciales que
las burbujas del jabón. El camino se abrirá ante ti donde antes
sólo crecían malas hierbas de confusiones. Tu futuro, y el futuro
de toda la Humanidad, es un camino hacia la Luz, hacia un
entendimiento creciente de la Unidad con el Creador y toda la
creación. Y lo que yace a partir de ahí está más allá de la
descripción.
"Incluso cuando el
cielo aparezca en su máxima oscuridad, debes saber que el sol
siempre brilla hacia ti, que el Amor te rodea, y que la Luz pura
dentro de ti te guiará a casa. Por tanto confía el proceso que
sigue tu vida, y conoce con seguridad, a través de los picos y
valles de tu viaje, que tu Alma descansa segura y a salvo en los
brazos del Espíritu Santo. Por tanto, sé guiado, como yo he sido
guiada, conoce la paz de Dios."
Habiendo hablado, la
santa se giró hacia el camino y desapareció rápidamente. El sol
estaba comenzando a romper a través de la niebla cuando encontré mi
camino. Miré hacia atrás una vez, quizás esperando ver la figura
de una mujer en algún lugar por encima, en los límites del bosque.
Pero sólo viendo mi propia sombra, dibujada por el sol poniente, me
giré otra vez de camino a casa.
FIN
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